Comentario al Evangelio del

M.E.

En la Palabra de hoy el profeta Jeremías nos ofrece un motivo para la esperanza. El Señor pide volver la vista a Él y nos promete pastores a mi gusto que os apacienten con saber y acierto.

Seguro que más de una vez hemos pedido al dueño de la mies que nos envíe buenos pastores, personas con carisma que tiren del carro y que nos orienten en nuestra labor misionera.

En estos tiempos en los que los “frutos pastorales” son cada vez más escasos (menos jóvenes en los grupos, disminución de vocaciones religiosas y sacerdotales,...), tenemos la sensación de estar perdidos, de no saber muy bien qué hacer o por dónde ir. Todos andamos buscando nuevos caminos y personas que aporten luces sobre esta realidad. Asistimos a charlas, hacemos cursillos, ensayamos nuevas experiencias pastorales,... pero no acabamos de dar con la respuesta acertada. Quizá nos toque vivir confiando en la promesa del Señor, vivir sabiendo que Él no nos abandona, que sigue velando por su viña y sigue enviando pastores, aunque nosotros no los percibamos.

En el Evangelio Jesús nos explica la parábola del sembrador. Nos habla de la diferencia que hay entre los que escuchan la Palabra y la comprenden, y los que la escuchan pero no la comprenden. Muchos pensarán que en este mundo, con tantas “interferencias”, es difícil no sólo comprender, sino el mismo hecho de escuchar. Y es cierto, pero los mayores “ruidos” quizá no vengan del exterior, sino que los tengamos en nuestro interior. Nuestras raíces son débiles, somos inconstantes; el orgullo, el afán de tener, el egoísmo... son zarzas difíciles de arrancar de nuestro corazón. A lo largo de la vida vamos ganando distintas batallas (terminamos una carrera, vamos sacando adelante una familia, vemos los frutos de nuestro trabajo,...), pero se nos resiste la batalla que mantenemos en nuestro interior por desterrar esas zarzas que a veces nos ahogan y no dejan salir lo mejor de nosotros mismos.

Gracias a Dios, en nuestro corazón también hay lugar (y mucho, por cierto) para la tierra buena. Todos tenemos la experiencia de sentir que la Palabra resuena con fuerza en nuestro corazón y de entregarnos de verdad. El haber degustado esta experiencia, el ver que es en esos momentos cuando nos sentimos más plenos, es lo que nos anima a reforzar nuestras raíces y a querer desterrar del corazón las piedras y las zarzas que no nos dejan ser nosotros mismos.

Ojalá que la semilla sembrada en nuestros corazones dé mucho fruto.

Comentarios

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marlene
marlene

el 27/7/12
gracias por el comentario ,me ayuda a entender la lectura diaria. a veces somos débiles ante las tentaciones pero estamos constantemente lidiando ,el señor nos sostiene y tenemos libertad de escoger lo que es correcto y lo que no lo es.
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carme s
carme s

el 27/7/12
SEÑOR ilumina mi entendimiento para entender tu palabra y acogerla en mi corazon que los afanes dsene la vida y las devilidades no ahogen lo sembrado por ti con la gracia de tu espiritu dar frutos en mi caminar .
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HERMANO THEO
HERMANO THEO

el 27/7/12
MUCHAS GRACIAS POR EL COMENTARIO. DIOS LE BENDIGA
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Gustavo
Gustavo

el 27/7/12
La distracción
Las raices
La riqueza material
La meditación y la producción

Estos son los temas a tratar hoy.
Para no distraerse hay que ir desprendiéndose de a poco de las cosas, y comprometernos en no comprar aquello que no necesitamos para vivir, conformarnos con lo que tenemos e investigar hasta que punto, no estamos detrás de cosas que no necesitamos realmente y que nos distraen diariamente de lo importante.

Las raices, estas se obtienen objetivamente, no son subjetivas, no es lo que siento hoy, según lo que me pasó.
Las raíces son fruto de un largo trabajo de meditar diariamente la palabra de Jesús,pero si me ocurre algo nuevo hoy, no puedo cambiar mi modo de interpretarlas según mi conveniencia.
Debo asumir mis compromisos, con los que jugué mi libertad.

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