Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suárez, claretiano

Queridos amigos y amigas:

¿Nunca habéis tenido un deseo, que ha tenido que pasar bastante tiempo para que se cumpliera?

Algo así es la historia de Israel. Desde los acontecimientos vividos, descubren al Dios que les libera de la esclavitud en Egipto. Ese Dios es el mismo que ha engendrado la vida. Y, como contrapartida, establece una Alianza con su pueblo, para hacer de ellos una semilla de su salvación en medio del mundo.

Pero la historia no fue tan sencilla: así como Dios siempre permaneció fiel a su Alianza, el pueblo se alejó muchas veces por otros caminos. Y sin embargo, no por ello Dios retiró su Palabra. El profeta Isaías intuye que esa Alianza se va a cumplir a través de “un siervo”, elegido y amado de Dios, que de manera misteriosa, en su debilidad, cumplirá las promesas.

Y he aquí que llegó Jesús. Muchos no fueron capaces de descubrir en Él nada distinto de otros tantos profetas que había habido. Sin embargo, algunos descubrieron en Él aquél que cumplía las palabras del profeta: “Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones”.

Ese es Jesús: la belleza de una figura que se da, en debilidad, renovando la Alianza de Dios con su pueblo y poniendo la semilla definitiva del mundo nuevo que el Padre tiene preparado para todos los pueblos.

Ese Jesús cuenta contigo para continuar esa historia. Por Él, con Él y en Él… en Iglesia, para el mundo. ¿Qué le responderás?

Espíritu de Dios,
cuenta conmigo
para seguir a Jesús
en el camino hacia el Reino del Padre.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, claretiano (luismanuel@claretianos.es)

Comentarios
Elvia Rosa B Elvia Rosa B
el 21/7/12
El señor es lento para la cólera y no guarda el enojo para siempre porque es rico en clemencia pero no perdona las injusticias porque el es justo y porque nada hay que sea independiente de el. Sobre todo el hombre. Todos estamos llamados a vivir las experiencias del amor que Dios a cada uno da para que nos amenos como hermanos y no como si fuéramos enemigos Dios quiere vivamos felices llenos de amor fraterno que seamos victoriosos a través de las experiencias que Jesús por medio de su cruz venció así pues hermanos que aunque pesada sea nuestra cruz acojámoslas con el mismo amor que la acogió Jesús

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