Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

¿Es posible ser profeta en la propia tierra?

 

La vocación profética es una forma peculiar de vocación religiosa. En el antiguo Israel existían tres formas principales de “unción” (el ungido es, precisamente, el “Cristo”, el que representa a Dios): el sacerdote, el rey y el profeta. Pero el profeta, a diferencia del sacerdote y el rey, ejerce un ministerio no institucional, es decir, carente del soporte de una institución (el templo, el poder político) que confiere a ese ministerio autoridad, poder y protección. Y, aunque existieron también profetas de corte, profetas “áulicos”, los verdaderos profetas de Israel fueron, por lo general, gentes desligadas de esas instituciones sagradas.
El profeta es, pues, uno que, suscitado por Dios, carece, sin embargo, de signos externos de la elección. El signo de la misma es sólo la fuerza de la Palabra que transmite. Es, por tanto, una Palabra desnuda, directa, libre, pero también sometida a riesgo, precisamente por la falta de apoyo institucional. El profeta es “uno cualquiera”, uno del pueblo, por medio del cual Dios habla con entera libertad. Se expresa así, al mismo tiempo, la cercanía de Dios y su independencia de las posibles domesticaciones intentadas por el poder político o religioso. Es decir, Dios puede hablar por medio de uno cualquiera, y cualquiera puede hacerse disponible para hacerse portavoz de lo que Dios nos quiere decir. No hace falta, necesariamente, que ese “cualquiera” sea depositario de revelaciones o visiones extraordinarias. Basta que esté a la escucha y transmita con sus obras y sus palabras lo que en esa escucha ha descubierto.
La cercanía tiene la ventaja de la inmediatez. En cierto sentido, la autoridad del sacerdocio institucional y, con mayor motivo, del poder político, están muy mediatizados, y el mismo carácter institucional, que protege y da autoridad, encorseta y pone sordina a la palabra así transmitida. Los que ocupan esos puestos dicen “lo que tienen que decir”, lo que se espera de ellos. E, incluso si transmiten la Palabra auténtica de Dios (la verdad, la justicia, etc.), siempre es posible reaccionar a esa palabra protegiéndonos de ella, con un deje de escepticismo: “¡Claro! ¿Qué vas a decir tú, si eres cura?”

En el caso del profeta se dan una libertad e inmediatez que comportan, sin embargo, otros riesgos. ¿Cómo aceptar como palabra “de Dios” lo que nos dice uno “cualquiera”, uno “como nosotros”? Esto es, ¿cómo aceptar una autoridad divina de parte de alguien carente de la autoridad del poder? A este siempre podremos decirle, “pero, ¿quién te has creído que eres?” A éste lo conocemos, sabemos quién es, quiénes son sus padres, sus hermanos, conocemos también sus defectos y debilidades, sus “aguijones”, como en el caso de Pablo. Es otra forma de protegerse de la peligrosa Palabra de Dios que con su luz pone al descubierto nuestras sombras, aunque lo que pretenda esa misma Palabra no sea “pillarnos”, sino iluminarnos y sanarnos, darnos la posibilidad de vivir de otra manera, mejor, con una plenitud que el pecado nos arrebata.
Jesús ha elegido una forma de presencia que cuadra sobre todo con la existencia profética. Decimos de Él que es Sacerdote según el rito de Melquisedec y que es Rey del Universo. Pero su existencia terrena se pareció muy poco al sacerdocio ministerial (en realidad, ejerció su sacerdocio en la Cruz, en la que fue al tiempo sacerdote, víctima y altar); y menos aún a la realeza según los parámetros de nuestro mundo: no en vano le dijo a Pilato que su reino no era de este mundo.

Jesús, más bien, eligió hacerse como “uno cualquiera” (cf. Flp 2, 8), sin ningún tipo de protección institucional, sin poder externo alguno, más que el que brotaba de su propia autoridad personal y de la fuerza de su Palabra. Por eso, no fueron pocos los que lo reconocieron como Profeta (Mc 1, 27; Jn 4, 9; 9, 17). Pero también, por eso mismo, fueron también no pocos los que lo rechazaron, y, especialmente, como vemos hoy, los suyos, los de su pueblo, que no lo reconocieron como Mesías, precisamente porque creían conocerlo demasiado bien, hasta el punto de que, si nos atenemos a las palabras del mismo Jesús, respondieron a su predicación y sus milagros, no sólo con incredulidad, sino también con desprecio.

Jesús, hecho por su encarnación “uno cualquiera”, pero también, por eso, alguien cercano, “uno de los nuestros”, sigue hablando y actuando por medio de gentes normales. Pueden ser esas madres creyentes que les recuerdan a sus hijos los principios elementales del bien y sus deberes para con Dios; puede ser un amigo que con sus actitudes nos recuerda que no todo está en venta, que no es obligatorio adaptarse a lo que “todo el mundo hace”; puede ser un hermano o hermana de comunidad que de palabra o de obra nos avisa de que nuestro comportamiento se aleja del ideal que nosotros mismos afirmamos profesar… Todos aquellos que se toman en serio la Palabra de Dios, la escuchan y tratan de ponerla en práctica se hacen profetas de Jesucristo. Al hacerlo, claro, asumen el riesgo del rechazo, del desprecio, de la exclusión. Porque esta Palabra es una Palabra salvadora, pero también incómoda. Y podemos tratar de protegernos de ella rechazando a esos profetas, “gentes cualquiera” a los que creemos conocer muy bien (quienes son, de dónde vienen, cuáles son sus defectos, sus aguijones), y a los que no les consentimos que nos “sermoneen”, ni traten de enseñarnos nada. El problema es que, al hacer esto, podemos estar rechazando a Cristo, que profetiza por ellos, impidiendo que esa Palabra vivida y operante nos ilumine, nos toque e, imponiéndonos las manos, nos cure y haga entre nosotros milagros. Es importante estar abierto al bien, sin etiquetas, incluso si viene del más cercano; este es un elemento esencial de la verdadera fe. Y, si nos abrimos de esta manera, nos iremos convirtiendo nosotros mismos en profetas, gentes libres, tocadas por la Palabra de Dios, que la transmiten, pese a las debilidades y defectos, con su forma de vida y también con sus palabras. Pero tenemos que tener claro el precio que podemos tener que pagar por esa profecía de la vida cotidiana. Podemos atraernos el rechazo o el desprecio de los demás, a veces de los más cercanos. No por ello hemos de desalentarnos. Aunque esta Palabra (que no es nuestra, sino que nos la ha dirigido Dios) parezca no ser acogida ni escuchada, es importante que suene. Siendo una Palabra viva y eficaz, más aguda que espada de doble filo (cf. Hb 4, 12), es una palabra “que sale de mi boca y no vuelve a mí vacía, sin haber hecho lo que yo quería y haber llevado a cabo su misión” (Is 55, 11). Como nos recuerda hoy Ezequiel, la palabra profética puede ser eficaz o no, pero lo más importante es que esté siempre presente. Y es que esta Palabra de la que nos hacemos profetas es la Palabra encarnada, Cristo, que rechazado y despreciado, muerto y sepultado, ha resucitado a un vida nueva, y opera (quiere operar) en y por nosotros, los creyentes.

Comentarios

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victoria
victoria

el 5/7/12
Jesús,acompañado por sus díscipulos,fue a su propia
tierra.Pero;no le hicieron caso.El,les dijo:"En todas
partes,se honra a un profeta,menos en su propia
tierra,entre sus parientes y en su propia casa."
El oficio de profeta,no es nada fácil.El mundo tiene
miedo a la verdad.Por ello,estar a su servicio cuesta
mucho.Puesto,que exige coherencia,honestidad,y
transparencia de vida.
Nuestra vocación de cristianos,nos tiene que llevar a
ser profetas de la verdad,y de lo cotidiano.Aceptando
la cruz de cada día;intentando identificarnos con la
causa de Jesús.Poniendo las cosas en su sitio; y sin
temor"al que dirán."
Si nuestra conducta,es coherente,con la verdad que
profesamos;no debemos tener miedo al rechazo.
Porque más tarde,o más temprano seremos aceptados.
Si;Jesús » ver comentario
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Fer Aguirre
Fer Aguirre

el 6/7/12
La pregunta es: ¿por qué nos cuesta tanto trabajo reconocer la radicalidad de la Encarnación y de que Jesús era laico?
Además, con su vida coherente en lo ordinario de la existencia, nos indica el camino a seguir.
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wilmer
wilmer

el 7/7/12
Por a los seres humanos nos cuesta ser verdaderamente profetas
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eduardo
eduardo

el 7/7/12
este evangelio aparentemente tiene una contradiccion,ya que dice que la multitud quedaba asombrada y luego dice que Jesus era para ellos motivo de escandalo. El que nadie sea profeta en su tierra, es algo normal. Esto no nos debe preocupar, mas bien nos debe insentivar a difundir el evangelio en otros ambientes distintos a los de nuestro origen. En nuestros lugares de origen, lo único que nos debe preocupar es mantener la coherencia. Y con eso será suficiente.
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Pbro. Geovanny
Pbro. Geovanny

el 7/7/12
Reflexión muy profunda...gracias hermano...Dios te bendiga. yo resumiría -para mí en primer lugar este comentario con la siguiente frase- "el que tenga oídos, que oiga".
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BENJAMIN
BENJAMIN

el 8/7/12
JESUS, en primer lugar es el MEJOR AMIGO DEL HOMBRE y, Divino y humano, vive una vida normal como cualquier ser humano intentando cumplir los mandamientos de la LEY de Dios. Encarna a Dios en la LEy. Como Sacerdote, enseña, como P>rofeta, profetiza y enseña a todos como lograr la felicdad eterna, como Rey, finalmente dará su vida por salvarnos y preservarnos el Reino de Dios a todos.
Como hombre podemos decir que fue un laico como cualquiera otro de nuestro tiempo, con la diferencia de que no ha pecado por gracia de Dios. El amor de Dios lo hizo viviente para demostrarnos que es ele AMOR, el fundanento de vida que debemos proponer para lograr lafelicdad, en la familia, en la sociedad, en el mundo, la caridad mueve montañaas y da vida en abundancia, todo fundamenteado en el PERDON, ej » ver comentario
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Gustavo
Gustavo

el 8/7/12
Gracias Victoria.
José, sería ideal si resumieras tu comentario, ya que no tenemos tanto tiempo de leer el tuyo y el de los otros participantes.


Acá en Argentina pasa que a un científico lo reconocen cuando es reconocido en el extranjero.
Un músico extranjero llena una cancha de fútbol, en cambio un músico local no.
En general es así.
La gente tiene admiración también por otra pareja que es más linda o tiene otras habilidades que la propia y no se dan cuenta que la propia tiene las herramientas precisas para hacerte feliz.
Todo lo que brilla no es oro, tenemos que aprender de este dicho.
Y así anda el mundo, si pudiéramos reconocer la tendencia a la estupidez que tenemos, a la pereza mental, a la desviación que nos hace equivocarnos constantemente, podríamos empe » ver comentario
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mikel haz
mikel haz

el 8/7/12
como siempre nada de rodeos, cuan cierto es lo que nos dice nuestro querido comentarista, siin embargo, la tristeza ronda mi alma, La Iglesia ha perdido su poder profético hoy, razón, se cuida de no ser abajada aún más en su poder terrenal, negandose a ser la heredera de su Maestro y ser inconsecuente entre su predicación y su acción.
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Elvia Rosa B
Elvia Rosa B

el 9/7/12

El señor que quiere la salvación para todos no se cansa de esperar nuestra conversión es por eso que envía a sus elegido con palabras y obras sin límites de tiempo. Para que cuando se llegue el dia de nuestro encuentro con él. No digamos señor yo no sabía nada de ti; ya que desde el comienzo de nuestra historia si hemos tenido personajes que con sus ejemplos podemos descubrir cuáles y paraqué son sus ideologías. así pues hermanos seamos ágil para escuchar y lentos para hablar y aprendamos a discernir el mensaje del señor ante de juzgar;
Dios los bendiga hoy y siempre
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alejandra
alejandra

el 8/7/12
tienen razon es algo canfusa esta lectura que dios nos a traido y a la vez nos trae una gran enseñansa
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alejandra
alejandra

el 8/7/12
en esta lectura nos quiere dar la enseñansa de que cuando jesus fue se dio con la gran sorpresa de que no habia mucha fe y ellos no creian en dios ni en jesus
ellos tenian muchas incognitas para con jesus
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ISSAbELA
ISSAbELA

el 8/7/12
la verdad q no entiendo en resumen el comentario¿?
si se puede decir el comentario en 5 palabras xfa diganmelo
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katiuska
katiuska

el 8/7/12
EN la 1a,lectura el profeta ezequiel,no puede elegir su publico ni su mensaje . ha de decir lo que DIOS quiere , a quien DIOS quiere y cuando DIOS quiere .y este es el momento. sabe que no le haran caso pero les dice que que por lo menos sepan que por aqui ha pasdo un prrfeta.EN la segunda lectura PABLO es consciente de las dificultades que tiene para anunciar el evangelio,pero confia en DIOSen la graciay la fuerza del ESPIRITU para vencer la debilidad que como hombre tiene que superar porque se conoce asi mismo y sabe que solo no puede, EN el evangelio JESUS desperto admiracion , de los que viron su obra y escuchaon su palabra. pero la mayoria no paso de ahi. algunos quedaron indiferentes. SEÑOR, DAME LA GRACIA DE QUE TUS PALABRAS ME INTERPELEN CADA DIA, Y NO ME SEAN INDIFERENTES .
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anonims
anonims

el 8/7/12
es tan dificil ser profeta?
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Luigui
Luigui

el 10/7/12
Dice que Jesús cuando va a su pueblo entra a la sinagoga y cuando empieza a profetizar la gente dice: ¿de donde salio este hombre? ¿ quien le dio a este hombre tanta sabiduría?¿el no es el artesano?.Y la gente comenzó a hacer un escándalo y Jesús dijo:"Un profeta no puede ser bienvenido en su pueblo".Y atreves de esto Jesús se sorprendido de su falta de fe y se dedico a enseñar a la gente a tener fe sobre todas las cosas.
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estrella
estrella

el 12/7/12
jesús es bueno
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carolina
carolina

el 15/8/12
dios nos ayuda a ser cada dia mejores personas
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