Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Otra vez vemos a Jesús en diálogo con el pueblo que lo escucha atento. Como siempre, Jesús intenta sacar a la gente de su posición cómoda, de sus prejuicios, de sus ideas preconcebidas. En el tiempo de Jesús toda la esperanza se centraba, parece ser en la venida esperada del Mesías. Pero al mismo tiempo esa esperanza se centraba también en la figura del rey David. El Mesías esperado iba a ser hijo de David.
      Al decir eso no sólo se referían los maestros de la ley a una descendencia biológica. Querían señalar una manera de ser, un modelo. Mirando al rey David y las cosas que había hecho se podía entender lo que iba a ser el Mesías para el pueblo de Israel.
      David era el que había dado estabilidad al pueblo por primera vez. Después de los tiempos de Egipto, el pueblo se había instalado en las llanuras de Palestina. Era la tierra prometida. Pero aquellas tierras no se consiguieron sin lucha. Los jueces fueron los líderes que ayudaron al pueblo a unirse en los momentos de dificultad. El primer rey salió un poco loco y no dio al pueblo la estabilidad que necesitaba. Fue David el que se encargo de hacer de aquel grupo de tribus una nación poderosa. Les dio una capital y un templo –aunque el definitivo lo construiría su hijo Salomón– en el que adorar a Dios.
      Los judíos del tiempo de Jesús miraban a ese pasado glorioso –más glorioso y más idealizado cuantos más años pasaban– y añoraban la vuelta a aquellos tiempos. El Mesías esperado debería ser hijo de David. Les devolvería la independencia frente a los odiados invasores romanos. Les haría otra vez un pueblo grande y poderoso, temido por sus vecinos. Eso era lo que esperaban.
      Jesús cambia esas perspectivas. Si David le llama Señor al Mesías esperado, ¿cómo puede ser hijo suyo? ¿Cómo se puede pensar que lo único que va a hacer el Mesías va a ser restaurar aquel pasado supuestamente glorioso? No puede ser que el Mesías se redujese sólo a reproducir el pasado imaginado. Y no ha sido así. Jesús es el Mesías, el hijo de Dios, y su presencia nos ha traído no el triunfo del reino de Israel sino el Reino de Dios. Algo muy diferente, totalmente nuevo, que todavía, y quién sabe por cuanto tiempo, estamos tratando de entender lo que supone de verdad para nuestra vida. Jesús nos dice que no hay que mirar al pasado sino que Dios está en el futuro, es nuestro futuro. Lo que esperamos no tiene parangón con nada de nuestro pasado. Es la vida de Dios, es su reino. Es su regalo, Su don. Su gracia.

Comentarios
Gustavo Gustavo
el 8/6/12
Muchas gracias por tus palabras Fernando, me aclararon la lectura.
La docencia, es uno de nuestros deberes.
Jesús nos lo pide y El mismo se la pasa haciendo docencia, como en esta lectura.
"Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies" ésto lo dice, porque Jesús ama a sus enemigos y El es el ejemplo para lograr que éstos salgan de su egoísmo. Por eso dice que los pone debajo de sus pies, porque al transformarlos al bien, logra su humildad.
Gustavo
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carlos alfonso carlos alfonso
el 8/6/12
Jesús es el verdadero Maestro para explicar las cosas no debemos quedar con lo efimero si no con lo que perdura para siempre con el amor conoceremos tambien al padre, nuestro Dios
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Amanda Fion Amanda Fion
el 8/6/12
Gracias Gustavo con tu comentario a la reflexion de Fernando, entendi aun mejor la lectura. Feliz Dia, desde Atlanta, Ga. : )
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