Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      La primera lectura de la carta de Pedro conecta con los deseos más profundos de toda persona: “esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.” Ese anhelo late en lo más profundo de nuestro corazón. No hace falta estudiar derecho ni ser un gran estadista ni siquiera ser muy inteligente para darse cuenta de que hay muchas situaciones que no deberían ser. El “No hay derecho” nos sale como una queja ante las injusticias que vemos a nuestro alrededor, ante la impunidad en que se mueven los grandes, ante la dureza con que se aplican sanciones a pequeños rateruelos mientras que los que se quedan con la parte del león de los recursos y de las riquezas de este mundo salen libres e inmaculados de toda mancha. “No hay derecho” grita nuestra alma ante los millones de desempleados y de nuevos pobres que han sido causados sólo por la avaricia de unos pocos que solamente pensaron en ganar más y más. Queremos justicia. Queremos esa tierra nueva de que nos habla Pedro.
      Por eso la discusión que quieren entablar los fariseos con Jesús nos parece entre ridícula y patética. ¿Es lícito pagar impuestos al César o no? Ridículo porque tratan de fijarse en cuestiones jurídicas nimias. Patético porque miran a otro lado cuando a su lado abunda el hambre y la miseria, cuando hombres y mujeres mueren injustamente.
      Jesús les deja plantados con una respuesta todavía más enigmática. Pero, si miramos el conjunto del Evangelio, entendemos perfectamente que a Jesús le preocupan muy poco ese tipo de cuestiones. Lo que a Jesús le preocupa de verdad, y así nos manifiesta el corazón de Dios, es el bien de la persona, de todas las personas, su salud, su bienestar, su felicidad. Por eso, dedicó muy poco tiempo a estos fariseos preguntones y pasó mucho más tiempo cerca de los pobres, atendiendo a los enfermos, dando de comer a los hambrientos y predicando el reino de Dios que se hace presente en su misma forma de comportarse.
      Ser cristiano nos lleva directamente a preocuparnos por los demás, a hacer justicia, a construir un mundo nuevo donde reine Dios, el Padre de todos, donde la fraternidad sea real. Donde seamos todos una familia. Pero una familia bien avenida y no desestructurada, desequilibrada y desigual como la que tenemos ahora. Ser cristiano es sentir en nuestros corazones y en nuestros brazos el impulso del amor de Dios que nos lleva a luchar por la justicia.

Comentarios
gustavo gustavo
el 5/6/12
Gracias Fernando
Jesús demuestra no ser comunista en esta actitud .No quiere quitarle al que tiene para dárselo a los pobres .Establece la diferencia entre el que posee y el que está libre de posesiones ( Dios).
No cumplir con lo exterior es un trampa.
No se resiste al mal, admite la verdad del cumplimiento independientemente de que se aplique justicia en ello y tiene siempre claridad en sus pensamientos.
Un saludo
Gustavo
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felias felias
el 5/6/12
Definitivamente tener a Cristo en nuestro corazon , es tener la vida misma de él, con sufrimiento y con ganas de hacer cosas para el resto, para glorificar a él en lo más alto de nuestro ser, y en lo más humilde de nuestro que hacer.
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conchy conchy
el 5/6/12
si efectivamente cristo en nuestras vidas hace maravillas, de esa forma nos da testmonio, de que existe, y por lo tanto debemos llevar su mensaje a todos nuestros hermanos. que DIOS los bendiga
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