Comentario al Evangelio del

Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Hola, amigos y amigas:

Recuerdo el fuerte impacto que produjo en mí, apenas ordenado presbítero, la lectura del libro “El sanador herido” de Henry Nouwen. Comprendí que toda persona que asume un servicio o una misión en medio del pueblo cristiano no lo podrá hacer con autenticidad y total generosidad sino o hace a partir del sincero reconocimiento de sus propios límites y pecados, que lo coloca en comunión con sus hermanos y lo abre a la experiencia sanadora del amor de Dios. Esta experiencia es una nueva llamada vocacional que capacita para la misión de transmitir ese mismo amor a los hermanos.

En el evangelio de hoy vemos a Jesús resucitado que se acerca a Pedro, a quien ya había encargado la misión de confirmar a sus hermanos en la fe, pero, esta vez, le hace una nueva llamada. Parecería que no era necesario que Jesús encargue nuevamente la misión a Pedro, pero Jesús sí lo ve conveniente. Jesús sabe que la dura y amarga experiencia de la negación ha herido el corazón de Pedro y que quizá la culpabilidad, el sentimiento de indignidad o el temor a no ser capaz de superar esta fragilidad, pueden dejar alicaído a su apóstol sin permitirle vivir la misión con la alegría y la generosidad propias del testigo. Por eso, le pregunta tres veces sobre su amor, es decir, le recuerda, terapéuticamente, que el amor es lo único que puede curar la infidelidad de las negaciones y que el amor es lo único que capacita para asumir una misión en su nombre.

Lo mismo nos puede pasar a cada uno de nosotros. Cuántas veces realizamos la misión encomendada con el lastre de la culpabilidad por nuestros errores, del escepticismo de nuestras capacidades y del temor de no poder superar nuestras fragilidades. Esta fuerza negativa nos puede hundir en el cumplimiento rutinario del funcionario, en la amargura del frustrado o en la superficialidad del insensato. Jesús no quiere que nos pase esto, por eso, nos busca, como a Pedro, y nos vuelve a llamar, nos pregunta las veces que sean necesarias sobre nuestro amor porque sabe que sólo cuando contactamos de verdad con esa fuerza misteriosa que nos habita podemos ser completamente sinceros para reconocer nuestros errores y para acoger su amor que nos convierte y nos lanza renovados a la misión.

El texto de hoy termina con un “Sígueme” nuevo y firme, se trata de una nueva llamada, a la que Pedro responde desde la sencillez de quien se sabe débil, pero desde la seguridad del amor de su Señor, por eso, Pedro fue un buen pastor que también dio la vida en cruz por las ovejas de su Señor.

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Comentarios

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Rebeca
Rebeca

el 26/5/12
Carlos. Me gustó mucho el comentario al evangelio. Ojalá pueda conectar con esa corriente de amor que nos habita. Gracias.
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ALEJANDRO
ALEJANDRO

el 26/5/12
QUE PADRE REFLEXIÓN, CUANDO NOS RECONOCEMOS DÉBILES Y FRÁGILES, VALORAMOS MÁS A PROFUNDIDAD EL AMOR DE JESÚS.
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