Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Has recibido una carta

En la fiesta de la Ascensión todos hemos recibido una carta. Es la carta de Lucas, un testigo de primera hora, dirigida a Teófilo. Es curioso que este misterioso Teófilo no haya pasado a la devoción popular: no se celebra su fiesta, ni se le dedican parroquias, tampoco, al parecer, se conservan reliquias suyas. Sólo hemos conservado de él esta carta que le escribió Lucas: una carta larga, en dos partes. La primera, todo un Evangelio (el tercero, tal como se suele presentar en las Biblias), la segunda es algo así como el quinto evangelio, el evangelio de la misión, de la transmisión de la Buena Noticia a todo el mundo entonces conocido. Se ve que desde los primeros tiempos los cristianos comprendieron que Teófilo (el amigo de Dios) somos cada uno de nosotros (por tanto, también se llama Teófila) y que para cada uno de los que se interesan por Jesús, por el Evangelio, se ha escrito y enviado esta carta. Así que, sintiéndonos personalmente concernidos por lo que Lucas nos envía, nos aprestamos a leer con atención lo que nos quiere decir. Y nos encontramos, en primer lugar, con la Ascensión de Jesús a los cielos. Lucas lo presenta como una cierta culminación del camino terrestre de Jesús y como el comienzo de una nueva etapa, precisamente la de la misión universal de la Iglesia: desde Jerusalén, por Judea y Samaria y hasta los confines del mundo, que para Lucas significan Roma, la ciudad en la que termina la narración, pero no la historia, pues la de Lucas es una narración abierta.

La Ascensión de Jesús a los cielos, esto es, a su Padre, es el movimiento correlativo y complementario al de su Encarnación. En esta última el Logos, la Palabra, el Hijo de Dios se abaja y se inclina para hacerse encontradizo con el hombre. Pablo lo expresa con extraordinaria fuerza en su carta a los Filipenses: “se despojó”, “se humilló”, “tomó la condición de siervo” (cf. Flp 2, 7-8). Ese abajamiento realizado para compartir en todo la condición humana, llegó al extremo cuando asumió la muerte humana: “hasta la muerte y muerte de cruz”. Pero “por eso Dios lo levantó sobre todo” (Flp 2, 9). En la Ascensión, que debemos entender como una manifestación más de la Resurrección, Jesús eleva nuestra condición humana hasta la altura del mismo Dios. Así pues, Dios se abaja en Cristo para elevar al hombre: para restaurar la imagen de Dios que él lleva en sí, y que ha quedado desfigurada por el pecado, y, todavía más, para hacerle partícipe de la condición de hijo de Dios.

Es claro que no debemos entender este “ascenso”, este “subir” en sentido meramente físico, aunque Lucas lo describa de ese modo. A veces se tiene la sensación de que ciertas expresiones antirreligiosas (que hoy en día se están extendiendo con bastante virulencia) son tan ingenuas, si no más, que ciertas formas de creencia religiosa. Recuerdo las clases de filosofía de un viejo profesor soviético en Krasnoyarsk, que hacía frecuentes citas bíblicas, leyendo los textos con la misma literalidad que el más simplón de los fundamentalistas (sólo que a la contra, claro). En ese sentido cabe entender la famosa frase de Yuri Gagarin, el primer astronauta, tras su viaje espacial: “no he visto a Dios”. Es evidente que la Ascensión de Jesús no fue un viaje al “arriba” cósmico.

Existen dimensiones “superiores” que sólo se ven si se tiene abierto algo más que los ojos, como le decía el zorro al Principito: “sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Es de esa altura de la que nos habla hoy la Ascensión: el “altum” que significa al mismo tiempo “profundo”, como le dice Jesús a Pedro: “duc in altum” (Lc 5,4), ve a alta mar, allí donde las aguas son profundas. Hace una semana comprendíamos que el compendio de la resurrección de Jesús y de nuestra vida en él consiste en el amor, ese “carisma superior”, esa “vía mejor” de la que habla también Pablo en su extraordinario himno a la caridad. No es posible “ver” a Dios elevándose sólo físicamente, incluso aunque uno se eleve hasta el Cosmos. Pero quien se eleva por encima de la superficialidad cotidiana, del egoísmo, de la atención exclusiva a sus intereses más inmediatos y pedestres, puede llegar a “ver” a Dios incluso en las situaciones más difíciles y dramáticas: como los tres jóvenes del libro del Profeta Daniel, que, condenados al tormento, entonan el canto de alabanza a Dios que se puede percibir en toda la creación: “Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, Aguas, Sol y luna, lluvia y rocío…, bendecid al Señor” (Dn 3, 57-88). Y lo mismo le sucede al pobrecillo de Asís, que compuso su cántico de las criaturas en medio de la enfermedad y el sufrimiento: “Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor… Loado seas por toda criatura, mi Señor…”.

La Resurrección de Jesús, por la que ha ascendido al Padre y elevado a la humanidad a esa misma altura, significa el rescate de esas dimensiones superiores y profundas, las más nobles, las que ennoblecen y salvan así nuestra vida, y es la invitación a participar de ellas, a vivir en y de ellas. Es de esta posibilidad abierta para nosotros por Jesucristo de lo que nos habla hoy Pablo en esa otra carta que hemos recibido de él: el espíritu de sabiduría, la iluminación de los ojos del corazón, la compresión de los tesoros que nos ha donado, la posibilidad de una vida superior que nos libera de las ataduras que frecuentemente nos esclavizan, que empieza ya ahora (por el misterio de la cruz y el mandamiento del amor) y que, al ser más fuerte que la muerte, vale para vivir en este mundo y en el mundo futuro.

Todo esto se ha hecho presente en la historia gracias a la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, y ahora se tiene que comunicar a toda criatura por medio del testimonio de los discípulos. Porque esta altura de la que hablamos no es tampoco algo que está “arriba” sólo para que lo contemplemos. Es preciso caer en la cuenta de algunos peligros encerrados en una mala comprensión de los tesoros que Jesús ha abierto para nosotros. Uno es, precisamente, el del misticismo. De ahí la advertencia de los misteriosos varones vestidos de blanco (que inevitablemente recuerdan las primeras experiencias de la Resurrección): “¿qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo?” Hay un aire de reproche o, al menos, de ironía en ese “ahí, plantados”. Efectivamente la altura de que se trata aquí está entre nosotros (es Jesús en medio nuestro), delante de nosotros: es la misión que él nos confía; en el futuro (“volverá”). Los otros peligros de que debemos hablar hoy se refieren precisamente a la misión y su forma de realización. Esta se puede entender como una campaña de conquista, de imposición de ciertos esquemas culturales. Los “galileos” que se quedaron mirando al cielo le habían preguntado al Señor, justo antes de su Ascensión “¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”. Seguían apegados, al parecer, a viejos esquemas que asociaban el Reino de Dios a una cierta supremacía social y política. Se percibe incluso cierta impaciencia en la pregunta: “¿es ahora cuando por fin, de una vez, vas a restaurar?” Jesús les quita una vez más esa idea de la cabeza: el Reino de Dios no es de este mundo (cf. Jn 18, 30), porque “no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo” (Rm 14, 17). Es verdad que hoy en día estamos relativamente curados de la tentación de la conquista cultural. Es uno de los aspectos positivos de la secularización. Pero ha habido otra tentación que, tras el Vaticano II vino a suceder a aquel esquema y que sigue en parte vigente. Es la idea de que Jesús vino a “transformar este mundo” en sus estructuras políticas, económicas, sociales, a introducir una especie de revolución, al estilo de las revoluciones sociales y políticas del mundo moderno. Esta forma de entender la fe cristiana tuvo mucha fuerza en la segunda mitad del siglo pasado, como una forma de reivindicar al cristianismo frente a los humanismos revolucionarios de diverso tipo que criticaban a la fe por ineficaz y por avalar ideológicamente un orden social injusto (ya se sabe, lo del “opio del pueblo”). Hoy día sigue presente en una forma de entender “el Reino” de Dios, como una suerte de humanismo horizontal, ecológico, pacifista y abierto a todos pero sin confesión expresa, que lima todo contenido de fe determinado para favorecer ese ecumenismo ético universalista e, inevitablemente, de mínimos.

En realidad, tampoco por ahí van los tiros, al menos si se toma esta tensión transformista del mundo de modo unilateral. El Reino no se impone ni se expande ni por vía de conquista, ni por la de la revolución social. La transformación a que llama empieza por el propio creyente: creer y bautizarse. Y la misión que éste recibe es la de “testimoniar”: “seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.” En medio de este mundo viejo se ha hecho presente el Reino que es la presencia misma de Jesús, su modo de vida, su nueva forma de relación con Dios (Padre) y con los otros seres humanos (hermanos). Esta presencia es real, sus valores son posibles, el hombre aceptando en fe a Jesucristo, sin dejar de ser “galileo” (lo que es), se convierte en ciudadano de este Reino, lo que, lejos de encerrarle en nuevas fronteras, le abre al mundo entero (“hasta los confines del mundo”), le hace miembro de Cristo, testigo de su vida, muerte y resurrección. Así que no se trata de conquistar o de “transformar con tensión revolucionaria”, sino de proponer desde la propia libertad y respetando la libertad de los demás, el testimonio de estas posibilidades superiores que en Cristo se han hecho presentes. En medio de la historia y el mundo viejo hemos descubierto que en Cristo podemos vencer al mal en nosotros (expulsar demonios), abrirnos a dimensiones nuevas (hablar lenguas nuevas, ante todo, el lenguaje del amor), perder todo temor (a serpientes y venenos), hacer el bien sin condiciones (curar enfermedades).  

Se podrá decir que los peligros de que hablábamos antes han sido pecados históricos reales de la Iglesia. Es que los discípulos de Jesús somos Galileos, gentes de carne y hueso, iguales que los demás, sometidos a todo tipo de condicionamientos y, por tanto, también a esas tentaciones y expuestos a caer en ellas. Pero esto, con tener sus riesgos, tiene la ventaja de evitar creernos mejores y superiores a nadie. Si nosotros, que somos como todo el mundo, hemos creído y hemos encontrado en esta fe esas posibilidades superiores, más altas y profundas de que nos habla hoy la Ascensión, es que también los demás pueden creer. Además de galileos somos Teófilos, amigos y buscadores de Dios. Y si podemos salir de nuestra aldea galilea y llegar hasta los confines del mundo (que para cada uno es allí donde se encuentra pues ser cristiano es vivir en la frontera) para dar testimonio de la propia fe, es porque confiamos que en cada ser humano, a veces muy en lo profundo, se encierra un Teófilo, deseoso de conocer a Jesús y de “todo lo que fue haciendo y enseñando hasta el día en que, movido por el Espíritu Santo, ascendió al cielo".

Comentarios

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joseencarnacion

joseencarnacion


el 18/5/12
gracias por compartirnos tanta sabiduría "casi me siento teofilo"
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blanca

blanca


el 18/5/12
Pues no me queda nada más que comentar. Es para sentarse y disfrutar con el entendimiento y ponerlo en práctica con el corazón. ¡¡¡Olé!!!
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victoria

victoria


el 18/5/12
Y Jesús les dijo:"Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia." Este día de la Ascensión,nos invita a mirar hacia arriba; pero desde el evangelio.Con la fe y la esperanza de que Dios nos ayuda en cada momento de nuestra vida. Sin olvidar el mandato de Jesús de ir a proclamar el evangelio a todo a todo el mundo. Mandato que nos exige salir de nosotros mismos para dejar la indiferencia,el bienestar y la falta de energia en la que, en muchas ocasiones estamos inmersos. Pensemos que la misión es de todos. Pues todos hemos sido llamados por Jesús. Señor: Que no me quede mirando solamente al cielo. He de pisar el suelo;y anunciar que te has ido a prepararnos un lugar junto a Tí.
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Guillermo

Guillermo


el 19/5/12
Gracias por la serena profundidad de tu reflexión, buen amigo de Dios.
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Luis Enrique.

Luis Enrique.


el 19/5/12
Desde nuestro Bautizo, hemos sido incorporados a fomentar la Palabra de Dios a todos auellos que aún no lo conocen y también a los que los conocen y se han apartado de ÉL, comenzando desde nuestros hogares y luego a nuestra Comunidad, Estamos comprometidos una participación activa y difusoria.
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Héctor

Héctor


el 19/5/12
Excelente reflexión...
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Araceli

Araceli


el 20/5/12
Gracias siempre me hace bien el comentario de las lecturas y hoy en especial. Amo a JESUS y espero su compañia y presencia en lña hora de mi muerte.
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Augusto

Augusto


el 20/5/12
Lo que diré, es solo una opinión personal. Teófilo para mi es el primer nombre de los bautisados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque todavía en ese tiempo no heramos nombrados "cristianos"
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Mikel Haz

Mikel Haz


el 20/5/12
Excelente comentario, me hace asociar y perdón si no es correcto en ascender y descender, sólo se puede llegar a entender a Dios desde nuestra mísera condición humana, en la medida que nuestra naturaleza se purifica mirando y buscando al Ser en la perfección y que es hacia lo alto y El responde amando y para ayudarnos salir de toda condición que no nos hace dignos de nuestro ser.
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Mari Luz

Mari Luz


el 20/5/12
Gracias por hacernos felices con la verdad de Jesús.
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Marina

Marina


el 20/5/12
En cada corazón del ser humano hay un sentimiento de amor hacia Jesús.Su presencia nos honra.En honor a su
Santo Nombre.Jesús es Camino,Verdad y vida.
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Alida Elena

Alida Elena


el 20/5/12
Hermosa lectura para reflexionar, yo me siento como Teofilo, excelente invitación.
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Lissette

Lissette


el 20/5/12
Gracias por la reflexiond de la letura hoy preparandome para realizar la celebracion en una de las comuniddes de mi Parroquia, me ha llenado de mucho gozo, y tambien el leer de los comentrios de losdemas gracias a todos,desde la tierras Catrachas.
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Darío

Darío


el 20/5/12
Es maravilloso todo lo que se puede aprender desde la Palabra de Dios que inmensa riqueza la que tenemos los católicos. Gracias por sus enseñanzas
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chica m

chica m


el 20/5/12
gracias por copiar el evangelio me gusta mucho leerlo
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lucero

lucero


el 20/5/12
que dios es el padre mas comprensivo de todo el mundo
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katiuska

katiuska


el 20/5/12
hoy hemos celebrao la gloriosa ascension de jesus a los cielos subio junto al padre y ahora esta junto a el hata su benida al final de los tiempos .pero no nos deja solos ,dos deja su espiritu que dentro de poco recibiremos en pentecostes . JESUS ascendio al cielo ,porque antes habia descendido se habia bajado hasta hacerse hombre como nosotros y a hora despues de todo lo pasado le taca subir y asi lo ha hecho .PERO NOS DEJO UN MENSAJE :NO OS QUEDEIS HAY MIRANDO AL CIELO , PONEROS ATRABAJAR , ID POR ELMUNDO A NUNCIAR EL EVANGELIO NO NOS QUEDEMOS PARADOS ANUNCIEMOLO EN LA MEDIDA QUE PODAMOS.
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mariadelsocorro

mariadelsocorro


el 21/5/12
gracias por esa lectura me ha hecho reflexionar mucho
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mjct gjrpa

mjct gjrpa


el 21/5/12
Que Dios bendiga a cada hermano que acoje con tanta humildad la fe cristiana y que cumpliendo el mandato de Nuestro Señor JESUCRISTO, puede a la luz de su palabra enseñarnos donde y como buscar a JESUS, desde su altura profunda que no es otra que ver la grandeza de Dios con los ojos del corazón para morir del pecado y resucitar con CRISTO, en el Amor mas grande que solo Él puede darnos. Gracias por ser instrumento de DIOS para fortalecer nuestra fe,
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mafer ecca

mafer ecca


el 22/5/12
dios tu eres unico
gracias por salvarnos del pecado que nuestros padres cometieron
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Eduardo

Eduardo


el 22/5/12
Gracias por esta reflexión tan profunda y tan bien hecha que me ha ayudado mucho a comprender mejor la ascensión de nuestro Señor Jesucristo.
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50012236

50012236


el 22/5/12
me encantooooo bueno tb era mucho para leer
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jesus hq

jesus hq


el 22/5/12
bonito
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tatiana

tatiana


el 24/5/12
no menos mal el señor nos a dado la vida gracias señor por darnos la vida
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BeLeNcHiSs

BeLeNcHiSs


el 31/5/12
Bueno muchas gracias x los komentarios ahora puedo hacer mi tarea de Formacion Religiosa , GRACIAS :D
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