Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

¿Se puede mandar el amor?

Vivir en el “primer día de la semana”, en el día de la nueva creación, significa ser capaz de ver al Señor resucitado con los ojos de la fe e insertarse en Él como los sarmientos en la vid, que con la savia de la vida nueva nos renueva por dentro. Sólo así podemos dar fruto, hacer fecunda nuestra vida. Al escuchar hoy la Palabra entendemos que ese fruto es el amor. Quien vive en Cristo no puede permanecer en el odio, en el rencor o la desconfianza, en la indiferencia hacia los demás o encerrado en sus prejuicios culturales, nacionales, ni siquiera en los religiosos.

Ahora bien, aquí surge fácilmente una objeción. ¿Es que se puede mandar el amor? ¿Puede el amor ser un “mandamiento”? Si entendemos el “mandamiento” como una ley moral y el amor como un peculiar modo de sentir, la objeción tiene sentido. No pocos la han alzado, por ejemplo, el filósofo Kant.

En realidad, el mandamiento del amor es mucho más que una “norma” moral, incluso si se la considera la más importante; lo mismo que el amor mismo es mucho más que un peculiar modo de sentir, parecido, por ejemplo, al sentimiento de simpatía.

San Juan nos dice hoy en su primera carta que “el amor es de Dios” y que “Dios es amor”. Jesús, por su parte, en el evangelio, nos revela que si hemos de amarnos unos a otros (“éste es mi mandamiento”) es precisamente porque el Padre le ha amado y Él nos ha trasmitido ese mismo amor y, por eso, así como Él permanece en el Padre, nosotros hemos de permanecer en Él. Es decir, el amor no es una simple exigencia moral, aunque más elevada, sino que es la misma vida de Dios, la vida interna de la Trinidad que relaciona al Padre con el Hijo y que es el mismo Espíritu Santo. Así pues, siendo la vida de Dios, no puede ser una “obligación” que pesa sobre nuestros débiles hombros: ¿quién puede estar obligado a elevarse por sus propias fuerzas hasta la vida de Dios? El amor sólo puede ser un don. Si se habla aquí de “mandamiento” hemos de entenderlo en el sentido de aquello que Dios nos ha mandado, es decir, de Aquél que nos ha enviado: el amor consiste, no en que nosotros hayamos amado, sino en que Dios nos ha amado y nos ha enviado a su Hijo.

Es Él quien nos ha dado a conocer al Padre y su voluntad salvífica, quien nos ha mostrado el amor “más grande”, que consiste en dar la vida por sus amigos. Para hacernos partícipes de la vida misma de Dios, Cristo ha pagado el alto precio de la muerte en la cruz, como víctima de propiciación por nuestros pecados, es decir, por nuestra incapacidad de amar, de incluir, de romper fronteras y establecer vínculos… La cruz es la llave de entrada en esa vida de Dios que se ha hecho presente y accesible, y en la que podemos insertarnos al ver al Resucitado, al encontrarnos con Él allí donde se lo puede ver, al permanecer en Él como los sarmientos en la vid.

Todo el misterio de la salvación, de la encarnación, la muerte y la resurrección de Cristo se resume así en una propuesta de amistad y en una invitación a la alegría. Somos los amigos de Jesús, si aceptamos la amistad que Él nos brinda; he aquí una alegría que trasciende las pequeñas alegrías de la vida, tantas veces empañadas por tristezas de todo tipo, porque en la amistad que Jesús nos ofrece tocamos la fuente de la vida y del amor que es el mismo Dios.

Alegría y amistad son, por fin, la fuente de la verdadera libertad. No somos siervos de leyes abstractas que pesan sobre nosotros, por muy libres que nos queramos sentir haciendo lo que “nos da la gana”, pues, seamos sinceros, las “ganas” también tienen sus leyes que nos atan y nos esclavizan. Pero nosotros no somos esclavos de un destino ciego o de la ironía de la historia: somos amigos del Hijo de Dios e hijos en el Hijo. Esto potencia y multiplica, en medio de nuestras muchas limitaciones, nuestras posibilidades de acción. Gracias a la libertad del amor podemos no someternos a los prejuicios ambientales, alzar la voz arriesgando en favor de la verdad y la justicia, perdonar a los que nos ofenden, y también tener la humildad de reconocer los propios pecados y pedir perdón por ellos; podemos, en definitiva, usar nuestra vida y lo que la conforma para dar y no para quitar. El amor es, más que un sentimiento, un modo de vida, fruto del don que hemos recibido de Cristo, y que se traduce en obras: guardar los mandamientos (como el mismo Cristo ha guardado los mandamientos de su Padre) es aceptar al que Dios nos ha enviado, permanecer en Él, tratar de vivir como Él vivió: ofreciendo amistad y dando la vida.

Un modo de vida así es una aventura abierta, que depara sorpresas y abre horizontes inesperados. Los circuncisos que estaban con Pedro en casa del pagano Cornelio se extrañaron de que el don del Espíritu Santo se derramara sobre los gentiles. Ese es el género de sorpresas que depara el verdadero amor: apertura de fronteras, ampliación de horizontes, superación de barreras, la instauración de nuevos lazos de fraternidad entre aquellos que por razones nacionales, culturales o religiosas estaban separados o enemistados.

La Palabra de Dios nos invita hoy a examinarnos sobre los frutos del amor en nuestra vida. ¿A quién podríamos brindar nuestra amistad? ¿Qué “paganos” –según nuestros propios parámetros– pueden sorprendernos hablando en lenguas que nos descubren la novedad de Dios? ¿Qué porciones de mi vida –tiempo, conocimientos, comprensión, paciencia, capacidad de perdón, tal vez dinero– puedo dar todavía, aunque eso me implique alguna renuncia, una pequeña cruz?

La alegría colmada que nos promete Jesús no es la de una vida saciada por acumulación de bienes o de sensaciones (eso que se llama “vivir a tope”, y que nos acaba dejando vacíos). Ese género de felicidad es inestable y problemático, y en una gran parte no depende de nosotros: ahí no somos realmente libres. Jesús habla en cambio de esa plenitud de alegría que crece a medida que damos y que nos damos. Y eso sí que está en nuestras manos, independientemente de que tengamos mucho o poco. Porque de nosotros depende vivir con generosidad. Y la dignidad y la libertad que Jesús nos ha regalado al hacernos partícipes de la vida de Dios, que es el amor, constituyen la posibilidad más alta a la que el ser humano puede aspirar: ser amigos de Cristo, y llegar a ser en Él hijos de Dios.

Comentarios
victoria victoria
el 11/5/12
Jesús,dice a sus amigos:"Sois mis amigos si haceis lo
que os mando."Y .."Que os améis unos a otros."
Pero,el problema, y el conflicto surgen cuando ese amor,debemos transmitirlo al hermano.
Porque;Amar,es:Respetarse,perdonar,comunicarse,
aceptarse,acoger al otro;y dialogar.
El díálogo,antes que hablar debe ser un encuentro
entre personas,que tratan de buscar la verdad.
Debemos crear y amar el diálogo,porque aclara las
dudas,disipa las suspicacias,descarga los nervios y
soluciona los conflictos.
No hay normas,para elllo,pero si gestos,que son portadores de cariño.
Recorramos,el largo camino,para hacer realidad el
Mandamiento del AMOR al hermano.
Señor:Ayúdame a ser un instrumento de tu AMOR.
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ana  swam ana swam
el 12/5/12
hay quer amrnos y respetarnos porque dios nos ama, cuida y protegerme
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Americaelena Americaelena
el 12/5/12
Gracias Señor porque me has amado. Gracias porque mandastes a Jesus quien dio su vida por mí.
Gracias porque mirando al crucificado mi amor por mis herman@s se purifica e incrementa.
Gracias Jesus porque al mirarte a tí se incrementa en mí el deseo de ser como TU. Amén
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katiuska katiuska
el 12/5/12
EL que acepta mis mandatos y los guarda ,ese me ama ,y el que me ama ,lo amara mi PADRE y yo me revelare a el. EL QUE ME AMA, guarda mis palabras. las palabras ,no son mias,sino del PADRE que me envio.OS DOY un mandato nuevo que os ameis los unos a los otros como YO os he amado, PORQUE,vosotros sois mis amigos, y YO Y MI PADRE ,OS HEMOS ELEGIDO hos hemos elegido asi como sois .ESTA frase ,no me elegisteis vosotros ami ,fui YO quien os ha elegido a vosotros siempre me ha llamado mucho la atencion , pienso ¿ QUE HAS PODIDO VER SEÑOR EN MI POBRE PERNONA PARA FIJARTE EN MI ? para darme tantos dones sin merecerlos pero te digo GRACIAS SEÑOR POR ELEGIRME , con tu amor y conla fueza de TU ESPIRITU ESPERO NO DEFRAUDARTE.
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Gustavo Gustavo
el 13/5/12
Victoria que lindo lo que decís del diálogo !
Cuánto me ayudás , gracias !
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luzmar luzmar
el 13/5/12
Pedro no le permite a Cornelio que le rinda ningún homenaje y le recalca que él es un hombre, como él mismo Cornelio. Nuestro Padre celestial no hace acepción de personas, el amor no tiene fronteras, concede su gracia a quien él quiera. "Solo tu gracia me basta". Concédenos guardar y practicar tus mandamientos. ¡Bendito Rey! Feliz día del Señor, el abrazo y beso de la paz en Cristo Jesús.
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abril agustina abril agustina
el 17/5/12
lo que dice es que hay que amar a todos sin importar las diferencias
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violeta violeta
el 20/5/12
gracias por amar a todos
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camila camila
el 13/6/12
hay que seguir el ejemplo de Jesús, hay que amarlo como el nos amó
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Nachi julia Nachi julia
el 11/8/12
Gracias señor por cada día de mi vida que siempre estas presente y porque has puesto en mi camino personas buenas que me han enseñado a conocerte y amarte
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