Comentario al Evangelio del

Mª José Inúñez, hcsa.

Queridos amigos y amigas:

¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso?

A propósito de la pregunta que recoge el evangelio me viene a la memoria del corazón una tarjeta que recibí hace poco de una Hermana de mi Congregación. “Estamos en tiempos de fuertes interrogantes. La historia dice que a unos tiempos así les suceden otros de respuestas plenas”.

Comparto la idea. En una mirada global, vivimos tiempos de preguntas. No todo funciona como quisiéramos. Las grandes cuestiones siguen sin resolverse; para los grandes desafíos no hay soluciones acertadas. Pero para poder llegar a disfrutar de tiempos de respuestas plenas es necesario que aprendamos a sostener las preguntas, que ejercitemos la capacidad de resistir interrogantes. Y no porque queramos mantenernos permanentemente en la indecisión o vivir en la duda, en la incertidumbre, sino porque corremos el riesgo de dar respuestas apresuradas, de cansarnos de buscar y exigir que otros respondan. ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? dínoslo francamente. La tentación es anular. Y si dejamos de hacer preguntas nuevas perdemos el nomadismo profético que nos hace encontrar respuestas nuevas, sendas nuevas.

La presencia del Resucitado es respuesta plena: yo les doy la vida eterna. Es la eternidad, la fidelidad, la permanencia. ¿Nos atrevemos a vivir en la confianza de esta respuesta? Parece que nos cuesta.

Nos resistimos a escuchar y a creer. Os lo he dicho y no creéis. No escuchamos la Palabra, no nos confrontamos con sus propuestas concretas; no descubrimos la presencia de Dios en lo cotidiano dando sentido a cada acontecimiento; no creemos en los brotes y signos de vida - las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí- que despuntan a nuestro alrededor.

Nos olvidamos de caminar en la presencia de Dios, que cuida la vida de cada ser humano, creyendo que todo está en nuestras manos, olvidando que Dios supera a todos y que nadie puede arrebatarlos de su mano.

Nos conformamos en caminar en la dispersión –los que se habían dispersado llegaron sin predicar la palabra más que a los judíos- pensando que las respuestas parciales –algunos se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles al Señor Jesús- no nos permiten sostener afirmaciones globales: yo y el Padre somos uno.

La invitación de la Palabra nos lleva a hacer de nuestras resistencias capacidades: escuchar y creer, vivir la vida en Dios, en el hermano, en cada situación; de nuestros olvidos, certezas: Dios es Dios, nos amó primero, nos ama con infinita ternura y misericordia, nos cuida y nos sostiene siempre; de nuestro conformismo, empeño: desde la comunión y la fraternidad hacer posible el proyecto del evangelio. Y como Bernabé seremos hombres y mujeres de bien, llenos de Espíritu Santo y de fe y muchos, por nosotros, creerán en Él.

Hoy es la Fiesta del trabajo. Antes de celebrarse como fiesta fue una jornada de reivindicaciones, sobre todo a favor de la promoción obrera. La Iglesia no era insensible, se esforzaba en aquel momento en abrirse a los problemas del mundo del trabajo. Pío XII quiso dar una dimensión cristiana a este día  y lo puso bajo la protección de San José Obrero (1955). El carpintero de Nazaret es el modelo del trabajador cristiano. El taller de José ofrece una nueva luz a la dignidad del trabajo: el trabajo es un medio con el que embellecer la creación y servir a la comunidad humana. En palabras de K.Gibran: "Trabajar con amor es tejer la tela con hilos de vuestro corazón, como si el ser amado fuera a usar esa prenda de vestir. Es arrojar semillas de ternura, y cosechar con alegría, como si el ser amado fuera a comer ese fruto. Es impregnarlo todo de amor".

Que como San José colaboremos con nuestro trabajo en la re-creación del mundo, que nos comprometamos en las acciones solidarias que dignifiquen el trabajo de otros, que todos puedan tener un puesto de trabajo digno, que hagamos de nuestro trabajo lugar teológico, espacio en el que dar razón de nuestra fe.

A tiempos de fuertes interrogantes les sucederán los de respuestas plenas. ¿No es el hijo del carpintero?... Sólo en su tierra y en su casa un profeta carece de prestigio (Mt 13, 55.57) ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso?... El Señor  escribirá en el registro de los pueblos: “éste ha nacido allí”. Y cantaremos mientras danzamos: “Todas mis fuentes están en ti” (cfr. Sal 86 6-7).

Vuestra hermana en la fe,
Mª José Inúñez, hcsa

Comentarios
Ignacio Ignacio
el 1/5/12
Y por tanto, cuando te propongas esta tarea de con -
templacion, y sientas por la gracia de Dios que eres
llamado por Dios, eleva tu corazón hacia Dios con una
humilde vivencia de amor. Y piensa en el Dios que te
hizo y te redimió, y no recibas ningún otro pensamien-
to de Dios. Y, en verdad, estas tres cosas no son nece
sarias a no ser lo que quieras, ya que un intento des -
nudo y directo, sin otra causa que Él, es del todo insu
ficiente. ¿ has entendido ? Así he entendido yo el co -
mentario que nos ha hecho la hermana.
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gustavo gustavo
el 1/5/12
Escucho la voz de Dios ( la voz de mi conciencia ) y lo sigo.
Maternalmente Dios me cuida en todo lo que hago.
Tengo responsabilidad sobre los que aún no lo escuchan, debo explicarles con mis actos y mis reflexiones cuál es el camino.
Que responsabilidad !!!
Desde Argentina
Gustavo
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Agustín Agustín
el 1/5/12
Felicito a la hermana Mª José Inúñez por estas reflexiones. Ya el comentario a las lecturas de ayer, lunes, ha tocado mi fibra sensible. ¡Cómo se puede profundizar en la Palabra de Dios, cuando se lee y se escucha con fe adulta! Estamos tan habituados a escuchar siempre las mismas palabras que ya no nos dicen nada. Necesitamos la inspiración del Espíritu Santo para que la Palabra sea siempre nueva y se pueda encontrar su verdadero sentido.
La Palabra de Dios está cargada de imágenes y metáforas preciosas con esa capacidad de multiplicar de forma ilimitada su significado. Lo hemos visto en la explicación que nos ha dado la hermana Mª José de la metáfora “Yo soy La Puerta”, con una riqueza de detalles, que mueve a conversión. Para poder entender todo esto como el » ver comentario
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Ángel Ángel
el 1/5/12
El nombre de Cristiano, como el que da la esencia misma del discípulo de Jesús, hoy en día cuando tan dados somos a poner nombre a todo, a todas las circunstancias y hechos, redescubramos en nuestra meditación diaria la profundidad, de lo que nos hace ser lo que somos a nivel espiritual, ser seguidor de Jesús-el Cristo, que nuestra oración sepa descubrir el agradecimiento a la vida por habernos dado la alegría de poder identificarnos como Cristianos hoy en día.
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