Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Un solo rebaño, un solo Pastor

La comunidad eucarística que, como veíamos la semana pasada (y la anterior), es el lugar de la aparición del Resucitado y del encuentro con él, es además una comunidad estructurada: en ella hay distintos servicios, distintas vocaciones que cooperan al bien del cuerpo común y de su misión en el mundo (el testimonio). Por eso, si la misma comunidad es “lugar teológico”, ámbito de la experiencia del Resucitado, también los servicios y ministerios que surgen en ella deben ser entendidos en este sentido sacramental, esto es, como una expresión y reflejo de la presencia de Cristo. De entre estos diversos ministerios hay uno que tiene un carácter axial, en torno al cual se disciernen y estructuran los demás, de manera que la pluriformidad de vocaciones y carismas no lesione la comunión: es el ministerio de los pastores, los Apóstoles, que prolongan su acción por medio del ministerio sacerdotal (obispos, presbíteros y diáconos), que deben cuidar del bien del rebaño de Cristo, guiar y enseñar al nuevo pueblo de Dios y presidir sus asambleas litúrgicas.

Ese es un punto que suscita especial dificultad en nuestros días. Existe una fuerte tendencia a desconfiar de toda autoridad, a ver en ella sólo una pura estructura de poder, que hay que tolerar de algún modo, pero que se mira con recelo, como una especie de mal necesario. Y esto se proyecta también sobre la Iglesia, estableciendo distinciones como la que habla de “iglesia institucional” e “iglesia de base”; distinciones, hay que decir enseguida, que carecen de todo apoyo en la Revelación, tanto en la Biblia como en la tradición de la Iglesia. Se aplican aquí a la comunidad cristiana esquemas propios de la sociedad civil y política, pretendiendo que, como en éstas lo legal y lo socialmente conveniente, la verdad o el bien pueden aceptarse sólo si gozan del consenso de la mayoría (que suele ser, en el caso de la sociedad civil, un estado de opinión inducido por medio de técnicas sutiles de comunicación y, con frecuencia, de propaganda y manipulación), olvidando que la verdad de la fe y de sus consecuencias prácticas son ante todo el resultado de una revelación de Dios, es decir, de un don que Dios nos ha hecho en Jesucristo y que nosotros no podemos modificar a nuestro antojo o al son de las opiniones dominantes del momento.

Jesucristo ha elegido pastores, los Apóstoles y sus sucesores y les ha dado una autoridad especial dentro de la comunidad (cf. Lc 10, 16), para garantizar la fidelidad a ese depósito de la fe que nos pone en contacto vivo con Él mismo, con el Jesús histórico, con la comunidad que le acompañó por los caminos de Galilea y dio el primer testimonio de la resurrección.

La catequesis mistagógica, que nos va enseñando los lugares de presencia del Señor resucitado, nos dice hoy que también en los Pastores y en su ministerio se hace presente el único Pastor. Las dificultades que esta forma de presencia suscita en numerosos creyentes (incluso en no pocos que participan de ese mismo ministerio, o de creyentes cultivados teológicamente y activos en la Iglesia) se pueden resolver sólo si tratamos de mirar a los Pastores no desde determinado prisma ideológico, que ve ahí sólo estructuras de poder, sino desde la fe. Es la misma fe que se exigía para creer en la resurrección al ver el sepulcro vacío, o la que se suscitaba al tocar las heridas del Resucitado. Los posibles defectos y pecados de los Pastores, hombres entre los hombres, también vulnerables y, por tanto, heridos, no deben ser una excusa para no aceptar en fe esta forma de, digamos, aparición del Resucitado (íntimamente vinculada y dependiente de la comunidad de creyentes, y de la comunidad eucarística); o, como hacemos a veces, para “seleccionar” entre ellos y aceptar sólo a los que son, por ejemplo, “de mi línea”. Estos criterios de selección son la mejor manera de convertir a la Iglesia en un partido o en una secta y no, como debe ser, en una comunidad pluriforme de discípulos reunida por iniciativa del Maestro y en torno a Él.

Es esta fe la que nos ayuda a entender que, así como lo que da valor a la comunidad de discípulos es la presencia de Jesús en medio de ellos, y esa misma presencia es la que confiere al pan y al vino que comparten su calidad de cuerpo y sangre de Cristo, así lo que nos mueve a aceptar el ministerio de los pastores es el único Pastor, Jesucristo, que pastorea a su pueblo por medio de ellos. No es una cuestión de poder, sino de servicio. Aquí no podemos no recordar las palabras del mismo Jesús, advirtiendo contra las tentaciones del poder y del “querer ser más que los otros”: “el que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos” (Mt 20,26). Mirando así las cosas, entendemos que ser Pastor (Apóstol, obispo) es ante todo una carga y una responsabilidad por la que los que han recibido este ministerio deberán dar cuenta a Dios. Con razón decía san Agustín en su discurso sobre los pastores: “somos cristianos y somos obispos. Lo de ser cristianos es por nuestro propio bien; lo de ser obispos, por el vuestro. En el hecho de ser cristianos, se ha de mirar a nuestra utilidad; en el hecho de ser obispos, la vuestra únicamente. Además de ser cristianos, por lo que habremos de rendir a Dios cuentas de nuestra vida, somos también obispos, por lo que habremos de dar cuenta del cumplimiento de nuestro ministerio.”

Que hay un solo Pastor significa, al fin y al cabo, que sometiéndonos a los Pastores nos sometemos a Cristo, y esa es nuestra libertad: libertad para aceptarlos en fe, sin caer en actitudes serviles hacia ellos, libertad también para expresar con valor las propias opiniones, incluso críticas, pero en actitud de obediencia. Para madurar en la fe es importante superar esa desconfianza crónica hacia la Iglesia en sus Pastores (eso que se llama con tan poca fortuna y menos caridad “Iglesia institucional”) y adoptar una actitud de fe y de aceptación. Y significa, para los mismos Pastores, que si ellos pueden exigir obediencia es, no en virtud de su propio poder o autoridad, sino sólo en el nombre de Cristo, como hoy dice Pedro en la primera lectura: lo que hacen o dicen ha de ser sólo y siempre en el nombre de Jesucristo Nazareno, el que fue crucificado, y el único nombre que se nos ha dado que puede salvarnos. Y la salvación no es otra cosa que el ser hijos de Dios en el Hijo. Cristo fue crucificado precisamente para esto: para rescatarnos del pecado y de la muerte y hacernos partícipes en su propia filiación. Y si esto es así, y si los Pastores han de reproducir en sí mismos el ministerio de Cristo Pastor, significa que lo que ellos tienen que hacer es, como el buen Pastor, dar la vida por sus ovejas. Dar la vida es hablar, trabajar, exhortar, amonestar, escuchar, corregir, y estar dispuestos al testimonio supremo si las circunstancias lo exigen.

Si vemos así, con fe, esta forma de presencia del Resucitado, entendemos que se trata de un servicio en el que todos podemos participar de un modo u otro. En primer lugar, porque todos tenemos nuestro propio nivel de responsabilidad en la iglesia: como padres o madres, en los otros múltiples ministerios y vocaciones de la Iglesia, dando ejemplo, transmitiendo la fe, de muy diversas formas también cada uno de nosotros tiene su pequeño rebaño, que se nos ha confiado y del que respondemos. Y, en segundo lugar, porque todos nosotros podemos, si queremos, servir a los demás con la disposición de dar la vida por ellos.

Comentarios
benjmo benjmo
el 28/4/12
José María. Estoy de acuerdo en que no es bueno fomentar la desconfianza hacia los pastores de la Iglesia. Pero en mi opinión faltó comentar la crítica bíblica a los malos pastores. Cierto que hablas de cómo los pastores deben ser al estilo de Cristo e incluso de hacerles críticas. Pero el relato de Juan contiene una carga bastante crítica contra los malos pastores, los asalariados, y está verdad también debe ser comentado, sin desechar la otra parte que tu explicas tan bien.
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victoria victoria
el 28/4/12
El evangelista,S.Juán,nos presenta hoy a Jesús, en la
figura del "BUEN PASTOR." El se definió,como el Buen
Pastor.Conozco a mis ovejas,y ellas me conocen a mí.
La preocupación de Jesús,por ser Buen Pastor,no se
limitó a Israel:Su pueblo,elegido.
El vino,a ser pastor universal. Son muchas,las ovejas
necesitadas:Entre ellas,se encuentran: Los más
pobres,los más débiles:Los niños ; sin familia y sin
protección,los ancianos,hambrientos de pan y cariño;
los menos valorados,los que se encuentran solos y
entristecidos; considerados como una carga;los enfermos,con males,en el cuerpo y en el alma.
A nosotros,nos toca la tarea,de comprometernos en
la búsqueda de estas ovejas; de los más necesitados.
No tengamos miedo,porque Jesús nos ha dicho:"Yo
estoy aquí para p » ver comentario
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Edelmanhr Edelmanhr
el 28/4/12
La imagen del Buen Pastor que nos presenta el Evangelio de San Juan, es la que Jesus quiere que vivamos todos los que tratamos de conocerlo cada vez que interiorizamos su Palabra. La estar pendiente del rebaño que él nos ha confiado en los diferentes estados de nuestra vida,ya sea como casada,maestra,administradora, miembro de una familia llamada iglesia universal donde todos nos preocupemos por los que carecen de todo. Por esta razón todos los que por el bautizmo segimos a Cristo, tenemos la mision de ser BUEN PASTOR y cuida con amor nuestros rebaños cualquiera que el sea.
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katyuska katyuska
el 29/4/12
¡UN SOLO REBAÑO , BAJO LA MIRADA ATENTA DEL UNICO ,PASTOR JESUCRISTO¡ HOYdomingo del buen pastor la 1ª lectura es la fuerza de JESUS resucitado la que hace alos apostoles capaces desalvar a otros.SOLO EL NOMBREDE JESUS NOS PUEDE SALVAR.EL salmo es el SEÑOR ES MI PASTOR, el salmista nos dice que EL nos llevara apastear en verdes praderas y que cuidara de nosotros porque siempre estara atento a nuestras necesidades y nos protejera de los enemigos que nos acechan.EL evangelio: el buen pastor da la vida por las ovejas. ESTA es la señal de autenticidad de los pastores:dispuestos adar la vida. ASI, las ovejas escucharan mi voz. ASI, solo unidos el mundo se soatrendra,con los que vienen de lejos, y con que vais a ayudar,debeis ser un solo rebaño.EL PADRE Y YO COMO LAS MADRES DOMOS LA VIDA » ver comentario
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Josele Josele
el 29/4/12
La Iglesia es una realidad dinámica, la fidelidad a Jesús, no consiste en hacer al pie de la letra lo que Ël hizo. Igual que entonces el Espíritu está actuando en la Iglesia, por eso, hoy debemos elegir y tener los pastores desde un paradigma diferente, que exprese mejor la cercanía y el sentido del servicio.
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gustavo gustavo
el 29/4/12
Que lindos comentarios !
El buen pastor, nos trae la parte femenina de Dios, Dios como madre que abraza a sus hijos maternalmente.
Jesús dice que da su vida por sus ovejas, pero
da su vida por los corruptos también, por los criminales , por los curas que lo crucifican.
Que lindo : Jesús no trabaja por plata !! Que enseñanza no? para este mundo tan materialista, que haya alguien que no trabaje por plata si no pensando siempre en el bien.

José No leo tus comentarios porque son muy largos.
Desde Argentina
Gustavo
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Ignacio Ignacio
el 29/4/12
¿ Qué quiere decir la palabra " mistagógica", empleada
hoy en el comentario del sacerdote de turno ?
No me extráña que, a veces, la catequésis de algunos
sacerdotes, sea un auténtico misterio.
Me quedo con la sencillez y mensaje del salmo 22.
" El Señor es mi partor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar,
me conduce junto a aguas tranquilas, y repone mis
fuerzas...
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MARTHA C. MARTHA C.
el 29/4/12

Jesús nuestro buen pastor, nos ama y nos conoce, El va en busca de la oveja perdida la perdona y no la condena. Que siempre veamos en nuestros sacerdotes la presencia de JESÚS, y pido al Señor por ellos para que les de la fortaleza de cumplir la misión a la que fueron llamados.
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José-Antonio José-Antonio
el 29/4/12
Esto es para Ignacio que no sabe lo que quiere decir "MISTAGOGICA"

LA EUCARISTÍA
Una Catequesis mistagógica sobre la Misa
P. Raniero Cantalamessa, OFMCap
Barcelona, 4 de marzo, 2007

El modo más simple y directo para ilustrar el misterio eucarístico es comprender la Misa en la que es celebrado y vivido. Por tanto, seguiremos este camino. En la antigüedad cristiana existía un tipo de catequesis especial llamada catequesis mistagógica. A diferencia de la catequesis ordinaria, era impartida después, no antes del bautismo, por el obispo mismo y no por subalternos. Su objetivo, como dice el nombre, era "introducir a los fieles en las profundidades del misterio".

Era el momento en que se revelaban a los neófitos los misterios más sagrados, que se hab » ver comentario
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Ignacio Ignacio
el 29/4/12
Jose Antonio: De todas formas, gracias por tratar de sacarme de mis dudas. Sin embargo, daría algo grandioso por escuchar de labios de Jesucristo la opinión que le merece el " inefable " discurso del P. Raniero Cantalamessa. ¿Quién le nombró pastor de la Iglesia a este buen señor? Cada vez me aferro más en la idea de que hace falta, urgentemente, un giro de ciento ochenta grados en la predicación de la Palabra.
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Gustavo Gustavo
el 29/4/12
Hermano Ignacio, el que tu seas un ignorante considero que es responsabilidad tuya y no del sacerdote en turno. Estudia, hermano, que te falta mucho que aprender. Dios te bendiga.
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Gustavo Gustavo
el 29/4/12
Buena aclaracion, hermano Jose Antonio. Gracias por ilustrar a los que no saben. Es una buena obra de misericordia tuya. Dios te bendiga.
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santiago santiago
el 4/5/12
que bien
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