Comentario al Evangelio del domingo, 1 de abril de 2012

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José María Vegas, cmf

Realmente este hombre era Hijo de Dios

El domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa, nos presenta un cuadro unitario de lo que vamos a contemplar, meditar y actualizar en estos días. En una misma celebración asistimos a la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y a su prendimiento, proceso y muerte en Cruz. ¿A qué se debe que la lectura de la Pasión del Señor se duplique durante la Semana Santa, y se lea el Domingo (en versión de uno de los sinópticos, este año B, Marcos), si se va a leer de nuevo (en la versión de Juan) el día propiamente de Pasión, el Viernes Santo? Litúrgicamente tiene pleno sentido que la Pasión del Señor se lea en Domingo, el día en que los cristianos se reúnen a orar juntos. De otro modo, la Pasión no sería proclamada nunca en Domingo y en el contexto de la celebración eucarística, que es, precisamente, la memoria de esa Pasión (pues el Viernes no se celebra la eucaristía). Pero, además, de este modo nos preparamos a entrar en profundidad en los misterios que, paso a paso, vamos a celebrar en los días siguientes.

La Palabra de Dios la podemos leer hoy desde dos prismas distintos y contrapuestos, cada uno de los cuales tiene su verdad, pero que conviene situar en la justa perspectiva.

Un prisma, el que primero salta a la vista, pone de relieve el drama que se desarrolla ante nosotros (y que la liturgia trata de subrayar mediante la lectura inicial de la entrada en Jerusalén, la procesión que la representa, la lectura dramatizada de la Pasión, etc.). Ante nuestros ojos se despliega el cuadro paradójico de un pueblo que acoge a Jesús con entusiasmo como el enviado de Dios, y en pocos días cambia de parecer y pide a gritos su muerte. Aunque no está dicho que fueran los mismos los que gritaran una cosa y la otra: posiblemente, en la entrada triunfal fueran los discípulos que lo acompañaban desde Galilea, mientras que los que pidieron su muerte eran gentes de Jerusalén o venidas a la fiesta, manipuladas por las autoridades del pueblo. El mal presenta con frecuencia este rostro estúpido de la masa que se mueve por inercia, semiinconsciente de la manipulación que la dirige. Pero tras el rumor y el estruendo de los gritos, percibimos otras manifestaciones del mal, todo un muestrario del mismo: la debilidad y cobardía de los discípulos, que alcanza su cénit en la traición de Judas, acompañada del detalle del beso, gesto de gran familiaridad que, en el contexto de la traición, resulta de un cinismo repugnante; las negaciones de Pedro; el acoso plagado de mentiras e hipocresía en el proceso del Sanedrín, en el que es claro que poco importa la verdad y la justicia, y de lo que se trata es de condenar a cualquier precio al que resulta a todas luces inocente; esa hipocresía se revela en toda su crudeza cuando ante Pilatos se cambia la acusación, de religiosa (blasfemia), en política (sedición), ya que las cuitas teológicas poco podían interesarle al procurador romano; el cual, convencido de la ausencia de culpabilidad del reo, incluso en las materias que a él podían interesarle (sedición, alteración del orden público, amenaza para la pax romana), cede a la injusticia (agravada por la liberación de un reo confeso de asesinato) por cálculo político o por miedo a altercados que, quien sabe, podían dar al traste con su carrera política. En definitiva, podemos contemplar toda la escena con el estupor y la impotencia de ver al inocente ultrajado, humillado, torturado y entregado a la muerte.

Esa lectura podemos trasladarla a nuestro mundo con extrema facilidad. En ocasiones nos embarga la sensación de que este mundo está definitivamente perdido, de que el mal que reina en él es más fuerte que cualquier retoño de bien y de justicia y de que los malvados se salen con la suya, por lo que sentimos la tentación de pensar que, al final, el mal compensa. Esta sensación desalentadora cada cual puede experimentarla desde el peculiar prisma que compone su escala prioritaria de valores. Habrá quien subraye sobre todo las dimensiones relativas a la ética personal, familiar, sexual, etc., y considere que asistimos a una progresiva degradación de las costumbres y a la disolución de valores básicos como el respeto a la vida, la familia, la responsabilidad, el respeto, etc. Otros, en cambio, subrayarán más las dimensiones sociales, políticas, ecológicas del mal: las relaciones injustas y desequilibradas entre ricos y pobres, poderosos y débiles… Todas esas perspectivas son, por lo demás, conciliables, porque el mal, desgraciadamente, tiene muchos rostros, además de mucho poder. Estupidez, debilidad y temor, manipulación, traición, hipocresía, mentira, cinismo, violencia gratuita, humillación del débil, crueldad, injusticia… son todas realidades que componen una red que abarca al mundo entero y que se concentran dramáticamente en la Pasión de Cristo.

Y, sin embargo, el realismo de esta perspectiva es aparente si nos quedamos sólo en ella. Lo mismo que si realizamos una lectura puramente negativa del mundo en el que vivimos. Porque, volviendo de nuevo al relato de la Pasión, si miramos con más detalle, yendo a lo profundo de esa trama de acontecimientos marcados por el sello del mal, no podremos dejar de percibir la luz que emana de todos ellos. Ya la entrada de Jesús en Jerusalén, acogido como el que “viene en nombre del Señor” es la expresión de una fe y de una esperanza que no se han de ver defraudadas, a pesar de todas las apariencias contrarias. Es posible que algunos de los que acogieron a Jesús con entusiasmo cayeran días después presas de la manipulación y pidieran a gritos su crucifixión. Pero no está dicho que todos los que le acogieron cambiaron de bando; muchos sentirían la derrota de Jesús como su propia derrota, la de sus esperanzas. En el prendimiento, el proceso ante el Sanedrín y Pilato, en medio de los ultrajes y las humillaciones, en la misma Cruz, resalta la dignidad de Cristo y su confianza en su Padre hasta el final. Es decir, Jesús, Él mismo, es la luz que ilumina la oscuridad del momento, la bondad insobornable ante los embates del mal, la libertad soberana para, a pesar de las adversidades sin límite y en ellas mismas, elegir el bando de la víctima inocente en vez del de los verdugos. En ello mismo está diciendo Jesús al abatido una palabra de aliento: nos está diciendo de parte de quién está Dios y qué es lo que salva al hombre al final y a la postre. Esa misma luz que emana de Cristo nos permite ver el amor arrojado que, pese a todo, mueve al débil Pedro a asumir riesgos y, literalmente, meterse en la boca del lobo en su desesperado intento por seguir cerca del maestro; las negaciones de Pedro son producto del temor, pero no de la indiferencia, como lo muestran sus lágrimas. Vemos también a esa misma luz la compasión de un hombre anónimo “que pasaba por allí”, Simón de Cirene y la de las santas mujeres que miran desde lejos y siguen esperando contra toda esperanza cuando José de Arimatea (otro destello de luz, proveniente esta vez del Sanedrín que condenó a Jesús) hace rodar la piedra del sepulcro. Y es también esa luz la que ilumina la conciencia del centurión en una confesión, “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”, que es la revelación final a la que tiende todo el evangelio de Marcos desde su primera línea (“Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”), y que significativamente se pone en boca de un pagano, capaz de reconocer lo que los “propios” han sido incapaces de ver: al morir Cristo el velo del templo se rasga, queda atrás la antigua alianza, y se establece una nueva, sellada con la Sangre del Cordero inmaculado, abierta a todas las gentes sin distinción. Es esa luz de Cristo, que alcanza a iluminar en torno a sí a muchos de los protagonistas de esta historia, la que da el verdadero sentido de los acontecimientos y la que alimenta nuestra esperanza: Jesucristo se ha entregado libremente y por amor hasta la muerte y una muerte de Cruz.

Es decir, vemos también en este relato la luz y los destellos de un bien que sigue en pie, con dignidad, sin ceder a las acometidas del mal ni sucumbir a sus seducciones, a pesar de su aparente derrota. Y lo que vemos en este relato podemos y debemos verlo también cuando hacemos la lectura de nuestro mundo. No podemos dejar que la evidencia del mal nos ciegue para esa otra evidencia, a veces casi imperceptible pero perseverante, tenaz, insobornable del bien y de la luz. Nuestra historia (la historia del mundo, las historias más locales que la componen, nuestra situación contemporánea, nuestras personales biografías) encierran en sí, al mismo tiempo, la realidad del pecado y de la gracia: son la historia del mal (la violencia, la injusticia, la traición, el sufrimiento…), pero también son historia de salvación: de entrega generosa, de fidelidad, de honestidad... No podemos cerrar los ojos ante la realidad del mal; pero no debemos sucumbir al pesimismo de pensar que ese mal es la perspectiva única y además la victoriosa (sintiendo así, de paso, la tentación de entregarnos a sus seducciones). En esta misma historia, en sus múltiples niveles, existe la otra posibilidad, la que procede de la luz de Cristo, de su entrega por amor, de su fidelidad insobornable. En nuestras manos está decidir de qué parte queremos estar, a cuál de estas historias queremos pertenecer. Porque, aunque las dos se entrecruzan en nosotros inevitablemente (también nosotros colaboramos con el mal de un modo u otro), podemos tomar la decisión de ponernos del lado de Cristo, reconociendo el mal que hay en nosotros y aceptando la luz que nos purifica y nos va haciendo miembros activos de esa otra historia de salvación.

Hoy, junto con el centurión (que apalabra y representa a todos los “iluminados” de esta historia), al contemplar la Pasión de Cristo y esa otra pasión que se desarrolla a diario en nuestra atormentada historia, somos invitados a confesar con esperanza: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Y, por eso, Dios lo levantó y lo seguirá levantando “sobre todo”, también sobre toda forma de mal. La derrota a la que asistimos hoy es el germen de una victoria definitiva, la de Cristo, y, en Él, la de todos nosotros. 

icono comentarios 19 comentarios

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Comentarios
MUY BUENA REFLEXION.
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JORGE cesar JORGE cesar
el 30/3/12
despues de hacer la entrada triunfal en jeruselen donde todos lo aclaman como rey , grandes y pequeños le gritaban ¡ hosanna ¡ JESUS ve mas cerca su destino ,sabe que su hora se acerca , sabe que lo van abandonar ,sabe lo que le espera y se retira a orar a pedir al PADRE que le ayude pero que si tiene que hacerlo , pues lo va hacer ,poeque esa es la volutad DIOS, y lo hace .JESUS muere abandonado por todos ,incluso por sus amigos ,el pueblo pide su muerte, porque no entienden que EL es la vida ,JESUS empieza una nueva alianza,quiere la union de todos de todas las religiones ,judios, ateos musulmanes...quiere que seamos hermanos tudos ,cuando estemos tristes y abatidos,el silencio intimo con DIOS sea nuestra oracion,porque somsdebiles y la crne nos pesa .DIOS ha sido abandonado...n » ver comentario
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katyuska katyuska
el 30/3/12
El domingo de Ramos,nos introduce en la Semana Santa, recordando y actualizando los misterios de nuestra salvación. Meditando los misterios de Cristo y viviendo con intensidad su Pasión. La devoción a la Pasión de Cristo ha sido siempre en mayor o menor intensidad una constante en los creyentes. Cristo, el Hijo de Dios, el que siempre ha hecho el bien a todos, padece por todos. Por tu pecado, y por el mío. Jesús sufre todavía en los enfermos, en los moribundos, en los que llevan una cruz más pesada. En los que no tienen trabajo, pan ni hogar. En los separados de sus seres queridos y en muchos más. Señor: Que por tu Cruz y Pasión lleguemos un día a la gloria de tu Resurrección.
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victoria victoria
el 30/3/12
Gracias por la reflexión. Está muy actualizada.
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benjmo benjmo
el 31/3/12
Soy asiduo lector de la obra de Enrique M. Lozano porque me parece que hace planteamientos serios que invitan a la reflexión y conducen al enriquecimiento espiritual.
Hoy encuentro una colaboración suya en el portal FE ADULTA de internet que me parece especialmente interesante y en la línea que le caracteriza.
Os doy el link por si os interesa leerlo: http://www.feadulta.com/Ev-EML_158_B_20_ramos.htm
En otro orden de cosas, Marcos no incluye en su narración la pregunta de Pilato: ¿Qué es la verdad? Una pegunta que Juan si incluye en el 18,38 de su evangelio menos concreto y creo que de mucho mas calado teológico que el de Marcos. Pregunta inteligente y nada banal de la que Jesús le podría haber ay » ver comentario
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Jacky Former Jacky Former
el 31/3/12
José, es muy largo tu comentario, y a veces no tenés tiempo para leerlo.
Jacky, Por supuesto que Dios eligió el camino de Jesús y como es Dios sabía que su hijo iba a ser destrozado en la cruz, porque es el padre más exigente que existe, no seamos inocentes en este mundo sin sacrificio no logramos nada, nada es fácil
Nadie quiere sufir, y evitamos el sufrimiento.
Jesús no actúa violentamente, al contrario permite que actúen violentamente contra su persona. Este es el verdadero camino el que hace cambiar al endurecido de corazón, porque ese es el amor más grande: dar la vida por el que te odia, considerándolo un amigo.
En este evangelio se nota que las mujeres están siempre atentas al que sufre.

En la práctica, si un ladrón me roba,o si alguien me ofende, siento que d » ver comentario
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gustavo gustavo
el 1/4/12
es una maravilla conocer a dios porque es lo mejor que puede tener esta tierra a l dios tan poderoso
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alberto alberto
el 1/4/12
Cuando lo fácil, razonable, en apariencia necesario, ser proclamado como Rey de Israel, que acabase con la dinastía idumea Él elige morir en la cruz. En nuestras vidas es una constante llamada de atención a asumir con dignidad nuestro ser de cristiano en positivo y en un tono vivificante.
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Ángel Ángel
el 1/4/12

Amado Señor, danos la mentalidad y la actitud de tu hijo Jesús, para que aprendamos a servir como El y como El, amar a los demàs.
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MARTHA C. MARTHA C.
el 1/4/12
que ha este JESUS que hoy es plroclamado REY por el puebloy nosotras tambien lo hemos aclamado y acompañado con nuestros ramos, lo sigamos alli don de Estemos y le acompañemos hasta el final hasta llegar ala pascua de resurrecon .QUE PASEMOS TODOS UNOS SANTOS DIAS PIDIENDO LOS UNOS POR LOS OTROS PARA QUE TRIUNFE LA VIDA ,SOBRE LA MUERTE.
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katyuska katyuska
el 1/4/12
No me mueve mi Dios para quererte, el Cielo que me tienes prometido. Ni me mueve el infierno, tan temido, para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves Señor, muéveme el verte, clavado en una cruz y escarnecido. Muéveme el ver Tu pecho tan herido, muévenme Tus afrentas y Tu muerte. Muéveme, en fin. Tu amor de tal manera... Qué aunque no hubiera Cielo yo te amara y aunque no hubiera Infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.
¿Puede haber una muestra de amor incondicional más hermosa?.
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Blanca Blanca
el 1/4/12
estuvo bueno me gusto mucho me hizo raflexianar bastante
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nanyeli nanyeli
el 2/4/12
geniales algunos comentarios
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catias catias
el 4/4/12
gracias , estos comentarios nos ayudan a reflexionar
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norbil norbil
el 4/4/12
se los agradesco ok sigan asi con las reflexiones
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norbil norbil
el 4/4/12
muy buena esta reflexion acerca de jesus y toda la historia de como dio su vida por nosotros!!!!!!!!!!!!!

;)
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adriana adriana
el 9/4/12
esta reflexion esta buena gracias :)
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valery valery
el 10/4/12
Gracias a todos , necesitaba esta informacion para mi clase de religion gracias!! :D
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Johana Johana
el 12/4/12
la palabra del señor es fruto de nuestra vida (gracias con esta reflexión) te quiero mi dios eres el único y poderoso...
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tatiana tatiana
el 10/6/12
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Sábado, 19 de abril de 2014

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