Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

A la luz por la cruz


La primera lectura que abre el mensaje de la Palabra no parece tener una relación clara con el evangelio. Podría entenderse en el sentido del refrán: “después de la tempestad, viene la calma”; es decir, tras el castigo del exilio, viene la reconciliación y la vuelta a casa; o, mirando ya directamente al Evangelio, después de la noche llega la luz: a través de la Cruz (a la que el Hijo del hombre tiene que ser elevado, como la serpiente en el desierto), se vislumbra ya la luz de la resurrección.

La luz es, de hecho, el tema central del cuarto domingo de Cuaresma (en el ciclo A, que es el que marca la pauta, se lee el texto del Ciego de Nacimiento). Y de la luz habla Jesús en su conversación con Nicodemo.

Nicodemo, es bueno recordarlo, fue a ver a Jesús “de noche” (v. 2). Nicodemo es un discípulo “nocturno”, que rehúye la luz. Es un discípulo “en secreto, por miedo a los judíos” (Jn 19, 38-39), de esos que “no lo confesaban, para no ser excluidos de la Sinagoga” (Jn 12, 42).

La noche es aquí una situación vital, no un tiempo del día. La noche sirve para esconderse, como sucede con los que obran perversamente, que detestan la luz, porque los denuncia y pone al descubierto sus malas obras. Pero también puede servir sencillamente para no arriesgar, para vivir una vida tranquila, para sí, sin complicaciones. En la noche de la que se habla aquí viven también buenas personas, como Nicodemo, que mira a Jesús con simpatía, como alguien que viene de Dios, que se acerca a Él (aunque de noche), lo reconoce como maestro y admira sus obras extraordinarias. Sin embargo, no da el paso de la fe, de la confesión, del seguimiento. Eso exige salir a luz, arriesgar, adoptar un modo de vida que te la complica, te pide arriesgar tu estatus social (que, en este caso, es religioso, en el nuestro puede ser otro, social, político, laboral…), tu prestigio, el buen nombre que te has labrado; o, quien sabe, tal vez romper con algún otro aspecto inconfesable de la propia vida. 

De hecho, la obra buena de la que Jesús habla y que nos acerca a la luz es, ante todo, la confesión de Jesús como Mesías, y, en consecuencia, la adopción de su modo de vida. Y entonces, inevitablemente, aparece en el horizonte la cruz. La cruz, tal como se plantea en el evangelio de hoy, en relación con el creyente temeroso  y apocado, nocturno, con Nicodemo, es, efectivamente, la capacidad de arriesgar las seguridades (sociales, convencionales, incluso religiosas) que son propias de las “buenas personas”, pero que prefieren creer para sí, de noche, sin confesar públicamente, sin molestar al entorno hostil, en una palabra, sin aceptar la cruz de Jesús.

El evangelio de hoy, en que encaminamos la recta final de la Cuaresma, nos interroga por la calidad de nuestra confesión de fe. Puede ser que seamos, también nosotros, creyentes nocturnos, que prefieren la oscuridad a la luz, aunque nuestras obras no sean perversas. La perversidad de que habla Jesús, recordémoslo una vez más, es ante todo la ausencia de confesión y testimonio, la falta de valor para salir a la luz.

La tentación de la noche es permanente, propia de todo tiempo. También en épocas muy cristianas era difícil dar la cara y confesar hasta la aceptación de la cruz. La época de Jesús era hiperreligiosa. También lo era, y en sentido cristiano, la de Francisco de Asís o la de Teresa de Jesús. Para ellos, salir a la luz supuso riesgos, renuncias e incomprensiones. Hoy en día, en nuestro entorno, también hay dificultades específicas. No vivimos tiempos de persecución violenta (aunque no debemos olvidar, que hay quienes sí que la padecen, en India o Nigeria, por ejemplo, por el mero hecho de ser cristianos, en otros lugares, más o menos oficialmente cristianos, por defender causas justas). Pero hoy en el mundo occidental, cada vez con más claridad, ser cristiano se está convirtiendo en una postura políticamente incorrecta, mal vista, objeto de una tolerancia desganada y desdeñosa, ya que choca con muchos de los estándares dominantes en múltiples campos (desde luego en materia sexual, matrimonial, bioética, pero también en otros). Por eso, también nosotros sentimos la tentación de vivir una fe “a lo Nicodemo”, en la noche, sin luz ni taquígrafos, en nuestro fuero interno (con la idea esa tan peregrina de que la fe es “una opción personal”, como si lo personal no tuviera relevancia pública), sin tocar temas problemáticos (y sacando pecho en los que se atraen el aplauso de lo políticamente correcto), sin molestar mucho al entorno, en el fondo sin dar testimonio explícito a la luz del día, en una palabra, sin Cruz.
Pero en la Cruz está Cristo. De eso nos habla hoy la Palabra: un cristianismo sin confesión, sin luz y sin cruz es, al final, un cristianismo sin Cristo, moralina para espíritus delicados.

Se nos llama hoy, pues, a salir a la luz confesando. No es una luz que Dios nos envíe para condenarnos, juzgarnos o ponernos en evidencia: “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo”; estamos hechos para la luz; y esa luz (de la fe confesada) nos da vida, nos regenera, nos da fuerzas para realizar “obras según Dios”.

¿Qué obras son esas?

La Cruz de la que nos habla Jesús y que nos hace ya vislumbrar la luz es la manifestación de un amor inmenso del Padre (“tanto amó Dios al mundo…”), que nos entrega a su Hijo para que nadie perezca, para que tengamos vida en abundancia, una vida plena, que eso significa vida eterna y que, como con tanta fuerza dice hoy san Pablo, está ya operando entre nosotros (fijémonos en que usa tiempos en presente y en pretérito perfecto)

Volvamos brevemente a la primera lectura. Si esa relación entre la situación de penuria (tempestad, exilio, etc.) con el “happy end” resulta problemática en relación con la compresión del Evangelio, es porque no se trata de algo automático, como el refrán citado puede dar a entender. No se trata de una “nueva era” que adviene por combinaciones de estrellas. El Dios que “tanto amó al mundo hasta entregar a su Hijo” es un Dios dialogal, que no fuerza nuestra libertad. Nos llama a tomar postura, a ir a verle a plena luz, a hacer la buena obra de confesar a Jesús: “la obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado” (Jn 6, 29). Eso puede llamarse, por ejemplo, participar en la Eucaristía los domingos, defender sin vergüenza valores cristianos, no tener miedo de confesar que lo somos. Si no lo hacemos así, estaremos, no sólo permaneciendo en la oscuridad, sino también ocultándoles la luz a otros: podemos plantearnos el testimonio que estamos dando a los propios hijos: nuestra fe escondida en el fuero interno puede convertirse en ellos en total ausencia de fe, de luz y de esperanza; podemos estar ocultando a “las edades (generaciones) futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”, de la que Pablo nos habla hoy con vehemencia.

Es evidente que la fe debe llevar a las buenas obras de ayuda y solidaridad. Eso es una constante de la verdadera fe. Pero, puesto que esas obras gozan de buena prensa en nuestros días (es uno de los rasgos positivos del tiempo en que vivimos), y puesto que lo que está en crisis es la raíz explícitamente religiosa que hace posible esas obras, tal vez Dios nos esté llamando, en estos tiempos aciagos para la fe, a la buena obra de una confesión explícita, que, sin miedo a las consecuencias, abandone la noche y salga a la luz.
 

Comentarios
victoria victoria
el 16/3/12
Hoy,se nos pide,que miremos a la Cruz de Jesucristo.
Con una mirada intensa y amorosa.Ella,será el punto
de referencia para todos los que quieran salvarse.
Atraerá a todos:Sean de cualquier país,raza y clase
social.
Jesús,nos interpela y nos dice:"MIRAR." Y "MIRAR"es
algo más que ver.Es,meditar,es comprender,es compartir."MIREMOS" con fe y con amor.
Cristo crucificado,se prolonga indefinidamente en los
crucificados de hoy.Porque,sigue crucifiado en todo
aquel que sufre la injusticia,y el desamor.Y en todo
aquel,que sufre por el pecado propio o por el ajeno.
Ayúdame,Señor,a poner cercanía en todas las cruces,
compasión,comprensión y ayuda.Tratando a todos,
como Tú quieres.
Ayúdame,a vivir en la "LUZ"


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Jacky Former Jacky Former
el 17/3/12
No puedo mirar la cruz de Jesús con una mirada intensa y amorosa resbalando sobre aquella realidad, porque la cruz me duele y me resulta horrible el espectáculo del colgado desangrándose.
No puedo creer en un dios que entregue a su hijo a la muerte y presencie su crucifixión sin desgarro porque entonces ese dios no es Padre.
No puedo mirar a la cruz como si fuera mi referencia de vida porque creo que Jesús me trae la salvación por medio de su mensaje y su ejemplo de vida, y NO gracias a su asesinato.
No puedo aceptar que la cruz me libere de mi cautividad porque entonces tendré que agradecer a quienes llevaron a Jesús a la cruz que gracias a su maldad yo esté liberado.
No creo que se trate de mirar tanto, corriendo el riesgo de mitificar la cruz, creo mas bien que se trata de » ver comentario
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Donatello Donatello
el 17/3/12
hay quienes Les parece que están inventando la historia y produciendo novedades cuando sólo están renovando viejísimos errores en nombre de la nueva cultura. Y junto a la consecuencia directa de la ignorancia, incoherencia y entronización de la carencia de rigor, llega al pensamiento débil y a las ideas heréticas. Salvarnos sin cruz, o con cruces deleitables, es un revivir el epicureismo y el hedonismo pagano.

nosotros predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos, en cambio para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Mesías que es portento de Dios y sabiduría de Dios: porque la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más potente que los hombres” (1 Cor 22).

Pablo se sabe «crucificado con Cristo » ver comentario
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Jacky Former Jacky Former
el 18/3/12
Hermano Donatello, ¡qué admirable! También me parecen admirables las obras de Francisco Javier y de la Madre Teresa de Calcuta y del abbé Pierre y de Vicente Ferrer, en cualquier caso sin atisbo alguno de cruz deleitable ni hedonismo gratificante. También admiro a San Pablo y me recreo en ocasiones leyendo el capítulo 13 de su carta primera a los corintios, de la que sus versículos 1 a 8 me parecen especialmente hermosos.
“Por eso tu, quien quiera que seas, no tienes excusa cuando te eriges en juez de los demás. Al condenar a otro, tu mismo te condenas, por cuanto tu, que te eriges en juez, no eres mejor que los demás”. Verás que para mi consuelo me permito parafrasear aquí a Pablo en Romanos 2, 1
Creo que Dios, el Dios en quien me invita a confiar Jesús, si llega a juzga » ver comentario
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Ignacio Ignacio
el 18/3/12
¿Por qué poner como modelo de tortura infamante la ejecución de Jesús en una cruz? Era una forma de aplicación de la pena de muerte. Otros muchos murieron en la hoguera, decapitados, descuartizados por fieras, empalados, ahorcados, despellejados... ¡qué más da! Lo importante es que la consecuencia que llevó a Jesús y a otros a sufrir una muerte ignominiosa fue la de llevar una vida comprometida con la verdad y la ejemplaridad, denunciando toda clase de mentira, todo lo que iba contra la dignidad y los derechos humanos. La cruz y muerte fueron la consecuencia lógica de su mensaje. Hoy en día, como en todos lo tiempos, hay gente valiente que defiende la vida, y hay gente acomodaticia y cobarde que se inhibe ante la desgracia humana. Nada nuevo bajo el sol.
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gustavoeguez gustavoeguez
el 18/3/12
Pablo nos recuerda quienes somos, pero es necesario que nosotros mismos nos reconozcamos quienes somos en realidad. Somos hijos de la LUZ? O aún vivimos en tinieblas. Es muy difícil confesar nuestras culpas si no nos miramos dentro y peor aún, si al mirarnos nos vemos como el fariseo de la parábola y nos decimos: ”Dios mio … yo soy bueno… no como este pobre publicano (Lucas 18, 10-14)” Si al vernos dentro nos vemos muy buenos, debemos preocuparnos, porque ya nos estamos justificando nosotros mismos y no le damos a nuestro Salvador la oportunidad de hacerlo. Pero si al mirarnos dentro, nos reconocemos pecadores, dejamos la puerta abierta para que ingrese nuestro Salvador y derrame su gracia en nosotros. Míranos Señor, no somos dignos de tu mirada, pero tú nos llamas y aquí » ver comentario
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Javier, PICMA Javier, PICMA
el 18/3/12
Nosotros para el Señor no somos multitud. No somos rebaño. Él conoce a cada una de sus ovejas y las llama por su nombre. No somos un número de Documento Nacional de Identidad. Somos TÚ y YO. Nosotros nos enfrentamos con un Viernes Santo en que ese grito “murió por mí” lo llena todo. ¡Qué ese grito no nos suene a grito litúrgico! ¡Que no se escurra en nuestros oídos como un acorde resabido! Que nos traiga la enorme novedad de sabernos por primera vez queridos por Dios hasta dar su propia vida por mí, aunque seamos pecadores. El amor llama al amor y nos hace amar a los demás. Pero no pongamos este amor loco de Dios en plural. San pablo en su carta a los Efesios dice “nos amó y se entregó por nosotros. En Gálatas dice se corrige y dice “me amó y se entregó por mi” » ver comentario
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MARTHA C. MARTHA C.
el 18/3/12

Es a Cristo Jesùs a quien alzamos nuestra mirada, buscando fuerza para llevar las cruces que vienen a nosotros en las dificultades de la vida.
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katyuska katyuska
el 18/3/12
luz y tiniebla , vence la luz , muerte y vida, vence la vida , CRUZ en ella esta nuestra salvacion miremos al crucificado con ternura y encontraremos la respuesta en ella esta la VIDA la vida con mayusculas . SEÑOR JESUS, AYUDAME TE LO PIDO PARA QUE DESDE TU CRUZ TENGA TODA LA FUERZA PARA LLEVAR LAS CRUCUZES QUE ME DEPARE LA VIDA
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Gustavo Gustavo
el 18/3/12
Excelente comentario, hermano Donatello. Hermana jacky, te invito a que reflexiones y revises nuevamente tus convicciones religiosas. Orare por ti.
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isabel isabel
el 19/3/12
yo entendi que el que cree en dios, tiene vida eterna, porque el amo al muno de tal manera que entrego a su hijo, el que va a la luz es el que hacecosas buenas,como las que hace dios por nosotros.
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andy sinisterra andy sinisterra
el 19/3/12
Y QUIEN ORARA POR TI GUSTAVO, CREES QUE POR QUE VAS A LA IGLESIA, TE ARRODILLAS, TE CONFIESAS Y COMULGAS Y REZAS TODO EL DÍA ESO TE HACE SUPERIOR A LOS QUE NO VAMOS A MISA O PENSAMOS DE MANERA DIFERENTE, CREES ESTAR MAS CERCA DE DIOS PORQUE HACES TODO ESO, CONOZCO A SERES HUMANOS QUE ESTAN VERDADERAMENTE CON DIOS Y NO VISITAN NINGUNA IGLESIA CATOLICA, NI TEMPLO PROTESTANTE, MEZQUITA O SINAGOGA Y LLEVAN UNA VIDA MAS ESPIRITUAL, MAS DIGNA, CON UN GRAN TESTIMONIO DE VIDA. ESTOY DE ACUERDO CON JACKY PORQUE ENTONCES HABRÍA QUE ESTAR AGRADECIDO DE LAS PERSONAS QUE CRUCIFICARON A CRISTO.
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Gustavo Gustavo
el 20/3/12
No te preocupes, hermano Andy, que tambien orare por ti, para que un dia veas la luz. Dios te bendiga.
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elenita elenita
el 20/3/12
me gusto entendi que el que cree en dios tiene vida eterna
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blanca blanca
el 20/3/12
Me gustan todos los comentarios, cada uno con su punto de vista particular. Pensad en un momento que estamos en círculo, compartiendo ¡Hermoso! y en "donde más de dos se reúnen en mi Nombre, allí estoy Yo". Esta es la Iglesia plural en donde todos cabemos. ¿O no?
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paolitha cdlm paolitha cdlm
el 23/3/12
yo pienso q jesus es nuestra salvacion y q mas q nadie debemos cuidarla y potegerla....diositho es el uniko q nos esta viendo y nos dic q es lo q esta mal y q es lo q esta bn
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fernanda fernanda
el 23/3/12
muy bien
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estefania estefania
el 24/3/12
pienso q jesus es un hombre muy bueno q nos ayuda hacer mejor personasa cada dia
grasias mi dios bendito
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jose  andres jose andres
el 23/4/12
dios nos quiere a todos por igual
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