Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Defender a Dios para defender al hombre

El Evangelio de hoy comienza con un gesto sorprendente de Jesús. Algunos se pueden escandalizar de que el Mesías del amor y la mansedumbre se deje llevar de repente por un arrebato de ira y de violencia. Otros, en cambio, celebran el gesto y lo interpretan como un claro alegato a favor del uso legítimo de la violencia, incluso en defensa de valores religiosos. Sin embargo, ni el texto ni el contexto permiten interpretar este episodio en términos de ira, menos aún de violencia. No se trata de dirimir aquí el espinoso problema del uso legítimo de la violencia: la doctrina de la Iglesia al respecto, pese a todas las dificultades específicas que hoy entraña la cuestión, es clara y sigue siendo válida (cf Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2307-2317). Pero no parece admisible que aquí se trate de una explosión de cólera, en la que Jesús no pudo controlarse; ni tampoco puede hablarse de un acto de violencia en sentido estricto. Se trata más bien de un acto de purificación del templo, cargado de simbolismo y de connotaciones para el mismo Jesús y para sus seguidores.

El gesto de Jesús no es tampoco un alegato contra el comercio o las actividades financieras como tales. El que se vendieran animales para la celebración de la Pascua, y el que hubiera cambistas de moneda en un momento de gran afluencia de fieles de todas las partes del mundo no puede considerarse algo anómalo. El problema estaba en que vendedores y cambistas habían invadido poco a poco el espacio del Templo, es decir, habían ocupado el lugar reservado exclusivamente para Dios. Y al quitarle a Dios su lugar propio, hacían esas actividades no sólo estériles (al perder su sentido religioso), sino verdaderas profanaciones sacrílegas, que en eso consiste poner cualquier cosa, incluido a uno mismo, en el lugar de Dios.

Con su gesto purificador, Jesús restablece el sentido verdadero de lo religioso, el templo como lugar de encuentro con Dios, y la pureza de la Ley que ese templo y aquellos ritos, deformados por la idolatría del dinero, representaban. Al defender el lugar sagrado, la posibilidad de encontrarse con Dios en la casa de oración, al defender, en suma, la santidad de Dios, Jesús está purificando al mismo tiempo la causa del hombre, que es la imagen de Dios.

El texto del Éxodo, en que Dios da al pueblo las diez Palabras, que expresan su santidad y su voluntad de salvación para con el hombre, arrojan mucha luz sobre el pasaje evangélico. Dios se presenta como un salvador y liberador incondicional: transmite su ley al pueblo, no como condición de la liberación, sino después de haberlo liberado. Los primeros mandamientos proclaman la unicidad, santidad y celo de Dios. Nada ni nadie puede ponerse en el lugar de Dios, ni usar su nombre para fines cualesquiera, antes bien, el hombre debe reconocer e inclinarse ante este Dios que lo bendice y lo salva. Tras esos primeros tres mandamientos, expresados con detalle y solemnidad, se desgranan con rapidez lacónica las consecuencias de la fe y el verdadero culto: si el hombre reconoce a Dios, habrá de reconocer necesariamente al hombre y, en primer lugar, a los que mejor representan al Dios creador para él: sus propios padres. Después, como consecuencia necesaria de haber desterrado la idolatría (la divinización de lo mundano, la absolutización de lo relativo) y de haber reconocido al único Dios, quedan desterradas también la violencia homicida, la infidelidad, el robo, la mentira, la codicia y la envidia… En suma, todo lo que envilece al hombre y empaña la obra de Dios. Vemos que defender la causa de Dios es el mejor modo de defender la causa del hombre. Por el contrario, cuando cosas ajenas (el dinero o el poder, la libertad, el bienestar y el placer, el saber, cosas en principio buenas si están donde deben) ocupan el lugar de Dios, se desatan fuerzas diabólicas que desafían a Dios y producen aquello que la santidad de Dios había prohibido y exorcizado: la muerte, la falsedad, la codicia, la soberbia… Y el hombre, así encumbrado, acaba destruyéndose a sí mismo.

Es verdad que el hombre ha cometido y sigue cometiendo esas acciones abominables no sólo como expresión de su debilidad y su propia maldad, sino incluso, con demasiada frecuencia, en el nombre de Dios (o de otros valores que han querido ocupar su lugar). En todos estos casos, se tergiversa la imagen de Dios, se abusa de su santo nombre y, por mucho que se pretenda lo contrario, no se le tributa el culto debido. Pero es precisamente por esto por lo que el gesto de purificación de Jesús, incluso a riesgo de entenderse mal (como un arrebato de ira), es imprescindible. Es preciso rescatar el espacio propio de Dios, gracias al cual el hombre se descubre a sí mismo en su dignidad, descubre en los demás la imagen de Dios y la exigencia del respeto y la benevolencia.

Comprendemos, a la luz de los mandamientos, que hay una profunda lógica en ese acto de purificación que trasciende con mucho el episodio de los cambistas y los vendedores de palomas. La purificación siempre es un proceso doloroso, difícil. En primer lugar, porque parte de una situación de impureza que no siempre estamos dispuestos a reconocer, y exige renuncias para las que no siempre estamos preparados. La necesidad nos purifica del apego a lo superfluo (tal vez aquí podríamos ver una oportunidad positiva de la crisis que padecemos); la enfermedad nos purifica de la autosuficiencia, y así sucesivamente. En segundo lugar, porque los medios purificadores nunca son livianos. Basta pensar en la lejía o el fuego. La misma agua, que parece más inocente, cuando purifica de verdad no es tampoco inane. De hecho, el agua del Bautismo es una participación en la muerte de Cristo. Y es de esto mismo de lo que habla Jesús cuando, increpado por sus adversarios, justifica su acción: el verdadero templo (del que el de Jerusalén es sólo figura provisional), el lugar de la plena comunicación con Dios, en el que se puede orar en espíritu y verdad, es el mismo Cristo, su cuerpo. Y es ese templo-cuerpo el que ha de ser purificado con la purificación de la muerte.

El Cristo crucificado, escándalo para los espíritus delicados, necedad para los entregados a los ídolos de este mundo, es la fuente de una sabiduría que nos purifica definitivamente de todos los falsos dioses y restituye nuestra dignidad. Porque el templo que ha de ser purificado es también el templo que somos cada uno de nosotros y que, si lo miramos bien y sinceramente, también se ha ido llenando de animales y cambistas, que le roban el espacio a Dios. No seremos unos canallas, vale; incluso podemos decir que somos “buenas personas”. Pero, ¿estamos seguros de no haberle robado a Dios, poco o mucho, el espacio que le pertenece sólo a Él? Porque, repitámoslo, nosotros mismos somos templos de Dios, en los que habita, o quiere habitar el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús.

Si vivimos como olvidados de Dios, los cambistas de un género u otro irán invadiendo el terreno del lugar sagrado. Y al hacerlo, iremos perdiendo sensibilidad no sólo para Dios, sino también para el bien debido a los hombres, también templos e imágenes de Dios; abriremos espacios en los que intereses mezquinos, egoísmos pequeños o grandes, iras y fobias enquistadas, dosis más o menos grandes de odio, etc. (cada cuál que se examine) se irán adueñando de la escena.

Si todo esto es así, no sería malo que nos dejásemos sacudir por el látigo de Jesús, por el agua bautismal de la purificación, por el fuego del Espíritu, por el sacramento de la reconciliación. Puede ser que pasar por ese trago desbarate un poco nuestros enquistados esquemas, pero será un ejercicio saludable de renovación y de profundización que nos ayudará a entrar en la lógica de esa sabiduría de la cruz, de una muerte por amor que nos limpia de todos nuestros pecados, nos enseña que el sentido de la vida y el verdadero culto a Dios está en la entrega generosa de la propia vida, y nos va preparando a la plena participación (litúrgica dentro de unas semanas, existencial a lo largo de nuestra vida cristiana, definitiva tras la purificación de la muerte) en la vida de la Resurrección que Jesús nos ha prometido y ha conquistado ya para todos los que creen en Él y se dejan purificar por Él.

Comentarios
victoria victoria
el 10/3/12
En el evangelio de este tercer domingo de Cuaresma,el evangelista S.Juán,nos dice que Jesús se
enojó,al entrar en el templo y ver en él a los vendedores y cambistas,que compraban y vendían
sus mercancias.Y cogiendo,un látigo,los echó,a todos
fuera del templo.Y les dijo:"No convirtais en un mercado la casa de mi Padre."Este gesto de Jesús,
levantando su mano contra los vendedores y cambistas del templo,tal vez,nos haya impresionado.
Porque,no es la imagen,más frecuente del Señor,
modelo de mansedumbre y paciencia.Pero su gesto,
no es de ira,ni de venganza,sino de celo.No lo hace,
por defenderse así mismo,sino a su Padre.
Pidamos al Señor"Despertar."Porque,a veces,estamos
como dormidos,e insensibles a lo humano y a lo social.
Danos,Señor,tu "fuego" y tu "entusiasmo"a » ver comentario
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andrés andrés
el 10/3/12
Buen comentario amigo, así es, cada uno en su sitio. Dios nos quiere siempre y nos trata de ayudar aunque nos metamos en su sitio, pero la mayor parte de las veces , no estamos ni en nuestro sitio. Que esta cuaresma desde nuestro lugar de oración tratemos con Dios sobre la vida que el nos da y la vida que llevamos,sobre lo que busco y lo que encuentro, sobre lo que doy y lo que tengo y sobre lo que espero y lo que desespero. Dios hazme tuyo para poder seguirte. gracias un saludo.
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Ángel Ángel
el 11/3/12
El Maestro Jesús sabe lo que hay en nuestro corazón, conoce aquello que nos ata a lo superficial, conoce aquello que anteponemos al amor verdadero, conoce aquello que nos encierra en nosotros mismos, conoce aquello que nos aparta de la oración en tantas ocasiones, conoce aquello que no nos deja ver el verdadero rostro de Dios,... y es entonces cuando el celo por la purificación del templo interior de cada persona hace que coja el látigo y nos haga caer en la cuenta de todo ello.
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Enrique Enrique
el 11/3/12
Qué decir? Excelente el comentario. Dios le bendiga
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MAYELA. MAYELA.
el 11/3/12
No permitamos, que el trajín de cada día, nos robe espacio, donde ya Dios no cabe o su presencia se hace estrecha...que nuestros pensamientos e intereses no asfixien la fe; que encontremos siempre tiempo y momentos para la reflexión que no desdibujemos de nuestra existencia el rostro de Dios...Señor, hazme sentir con experiencias de vida, que debo volver a ti. Amén.


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katyuska katyuska
el 10/3/12
QUIERO SEÑOR.que mi corazon sea tu templo donde TU habites siempre. quiro que vuelques la mesa de mi orgullo para que sea docil al ESPIRITU.QUIERO señor que levates en mi laverdad, la justicia,la paz , el amor y la compasion, quiero ser un templo donde TU te sientas seguro, donde no exista suciedad, ni comercioquire ser TU templo edificado soble los 2 mandamientos :EL AMOR ATI SEÑOR Y AMIS HERMANOS . DERRIBA SEÑOR DE ESTE TEMPLO TODO LO QUE ME ALEJA DETI.
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padre Geovanny padre Geovanny
el 10/3/12
Me llena mucho leer comentarios de ustedes queridos hermanos, me ayudan no sólo para sentarme a preparar la Homilía dominical, sino y lo más importante porque al leer sus comentarios perimero me están predicando a mí para hacerlo yo con los demás en las celebraciones Eucarísticas. Mi bendición para todos...
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noelia noelia
el 10/3/12
dios no solo nos encomienda, nos guia y nos acomseja ademas de acompañarnos siempre.....
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maría maría
el 10/3/12
excelente comentario al evangelio de este domingo tercero de cuaresma,, nos hace tomar conciencia de nuestra pobre realidad frente a Dios y de la infinita bondad de Dios... aun usando un método que no estamos acostumbrados a ver en Jesús, él nos enseña cuanto grande debe ser nuestro respeto a los lugares sagrados, donde está realmente presente nuestro Señor.
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 P. leonardo P. leonardo
el 11/3/12
Que el espíritu de la Cuaresma les llene de pureza y simplicidad! Jesús nos quiere limpios, sin conveniencias, sin argumentos, sin rivalidades, sin rebeldias, sin conflictos,es decir una religiçon de la bondad, una religión del amor, pero parece que nuestros traumas, resentimientos, desilusuones son un obstáculo para vivr esta nueva doctrina o esta nueva ley, es por eso que "No hay conversión sin Confesión" en este tiempo la confesión es una necesidad de purificación y de amor porque el amor purufica. No dejemos que el pecado siga reinando dejemos que reine el amor. desatemos las ataduras que el pecado ha hecho en nuestra vida, Dios nos quiere libres y limpios. Paz y Bien! Saludos desde Cuautitlán la tierra del pequeño Juan Diego.
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Jacky Former Jacky Former
el 11/3/12
Que hondo y bello el mensaje de Jesús si no nos dejamos atrapar por la anécdota de los mercaderes del templo. Releo Juan 2,19 porque me parece el verdadero regalo de la Palabra en el evangelio e hoy.
Si como seguidores creemos en las palabras que nos dejó Jesús, si creemos que él es la Verdad, que gozo saber que el templo, el lugar de Dios, somos nosotros mismos, como lo es él. Es un error buscar a Dios fuera de nosotros porque está en nosotros. Y si esto es así ¡cuántas consecuencias para nuestra vida! Por ejemplo: ¿Tendremos quizás que plantearnos si tenemos derecho a -no amar- al otro, donde también se alberga Dios?
Pablo qué bien lo entendió y qué claro lo dijo a los corintios. “¿Acaso no sabeis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros? (1 » ver comentario
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MARTHA C. MARTHA C.
el 11/3/12
Dios conoce nuestros corazones, lo sabe todo de nosotros, a El no le podemos ocultar nada.
Somos templos Dios.
Dejémonos guiar por su Santo Espíritu para que nos transforme y ayude a reconocer nuestros errores y todo aquello que nos aleja de El.
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norma ferreira norma ferreira
el 11/3/12
Ayúdame señor a limpiar las asperezas de mi ser, yo soy tuya y a ti pienso volver, haz que sea digna de ti y te encuentre en mis hermanos, viviendo como tú lo quieres amando siempre, enseguida y con alegría.
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Celeste Celeste
el 11/3/12
No permitas que nada me aperte de Ti, cura mis heridas, dame fuerzas y renueva mi alma pues quiero estar limpia y completa para ti. Perdoname, ayudame a perdonarme y de esta forma pueda yo perdonar toda ofensa, pudiendo vivir en paz, alegria y amor.
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Celeste Celeste
el 11/3/12
No tengo nada mas que ofrecerte, si no es todo lo que soy, tu lo sabes y me conoces. Solo ayudame a seguir y hacer tu voluntad; ayudame y dame fuerzas para seguir porque sin ti nada soy y nada puedo hacer.
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luisalberto luisalberto
el 11/3/12
este tercer domingo, es justo lo que necesitamos a esta altura de la cuaresma, hoy es cuando tenemos que pensar, antes que Jesus lo haga, que hemos hecho para purificar nuestro templo, o acaso queremos que Jesus lo haga por nosotros, nos conocemos muy bien y sabemos que tanto hemos dejado entrar al templo, y lo peor es que Jesus lo sabe, cuanto más grandes sean los mercaderes que tengamos mas fuerte sera la voz de Nuestrso Señor Jesucristo, para la limpieza de este templecito, por favor pues hermanos y hermanas, procedamos nosotros mismos con lo nuestro, antes que el Señor proceda. y esto es un comentario unicamente digo yo pues, Que Dios les bendiga y esperemos nuestro cuarto domingo de Caresma, hasta pronto, mi bendición para ustedes.
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karina cruz karina cruz
el 11/3/12
señor te doy gracias x tdas las cosas k me das y x star siempre cnmixo TE AMO MI DIOS BENDITO!!!!! y x cuidar de tdos tus hijos?? perdome si en algun momento te ofendi y libranos de tdo mal ... no nos desampares nunka .. te suplico k cuides muxo de mi hija ARIANA NO PERMITAS K NADA NI NADIE LO INCULKE X EL MAL CAMINO TE LO RUEGO?? Mil gracias x escucharme tu bien sabes k cda vez k hablo cntigo me ace sentir bien ers mi confidente TE ADORO MI DIOS BENDITO!!!
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Blanca. Blanca.
el 12/3/12
Después de este pasaje, Cristo ya murió para salvar por amor a toda la Humanidad.
Yo, soy templo del Espíritu Santo. ¿Qué me hace pensar esto?
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karla prado karla prado
el 13/3/12
espero q este mensaje toq sus corazones y te doy gracias x estar commigo y perdoname si te ofendi te amo dios
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manuuu manuuu
el 13/3/12
yo por eso amoo a Dios ?? poer ke el dio lo ke nadie mas es capas de dar por nosotros
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