Comentario al Evangelio del

Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Hola, amigos y amigas:

Uno de los peligros de las personas religiosas es convertir las normas o costumbres en leyes absolutas e intangibles. Aquí va una historia: en un monasterio había un gato que, cada vez que los monjes hacían su meditación, entraba a la capilla, se paseaba entre ellos y los distraía; por lo cual, el maestro ordenó que, cada día, a la hora de la meditación atasen al gato a un árbol. Cuando murió el maestro, su sucesor continuó con esa costumbre; y cuando murió el gato, los siguientes monjes se vieron en la necesidad de conseguir un nuevo gato para continuar con la costumbre de atarlo al árbol.

Algo parecido les pasó a los discípulos de Juan Bautista y a los fariseos con la ley del ayuno, por eso les molestaba que los discípulos de Jesús no la cumpliesen tan escrupulosamente como ellos. Este reclamo le sirve a Jesús para remitirse al sentido profundo del ayuno. Jesús ubica esta práctica ascética en el conjunto de la novedad del Reino que él ha traído; Jesús es el novio que ha venido a celebrar el banquete nupcial esperado desde hace siglos, por eso, quien le reconoce como Señor y quiere seguirle, en primer lugar, no puede experimentar otra cosa que la alegría que sienten los amigos del novio en el día de su boda. La vida del discípulo está impregnada de aquella alegría que brota de escuchar la buena nueva del Reino y experimentar su acción transformadora.

Pero Jesús no descarta la práctica del ayuno, sabe que sus discípulos la necesitarán cuando les sea arrebatada la presencia del novio. Los discípulos seguimos a Jesús en medio de una sociedad consumista que fácilmente nos enreda en búsquedas de falsas alegrías y de satisfacciones egoístas y superficiales, que nos distraen del camino del Señor. En este sentido, el ayuno, que es la privación o la renuncia de algunas comidas o deleites, es un medio ascético que nos puede ayudar a ser más libres de las cosas y de aquellos impulsos que nos arrastran sin control. La renuncia y la disciplina que suponen el ayuno nos despiertan a los peligros del egoísmo, nos educan interiormente y nos fortalecen en la búsqueda de la voluntad del Señor, que es la fuente de la verdadera felicidad.

¿De qué necesitas ayunar en este tiempo de cuaresma? ¿De qué puedes privarte para redescubrir a Dios como tú único Señor? Algunos se han sumado a la moda de tomar el ayuno como un medio para adelgazar o ahorrar; no está mal, si la salud y el bolsillo lo requieren, pero el ayuno cristiano va más allá, es un medio para convertir el corazón. El profeta Isaías nos da una pista muy importante para no falsear el sentido del ayuno ni reducirlo al intimismo piadoso, el ayuno que agrada al Señor es el que nos lanza a compartir la vida y los bienes con las personas más necesitadas, a establecer relaciones más justas y fraternas con los demás. ¡Eso es cumplir la voluntad del Padre!

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Comentarios
santos c santos c
el 21/2/12
me en canta loque dise la lectura porque aser un ayuno es algo como para asercarse mas al padre y aserlo con amor a el y yo creo que tambien puedo aser un ayuno poniendo a aguien que esta enfermo pidiendo por esa persona misericordia porque el padre es tan justo y tiene misericordia de todos amen.
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gustavo gustavo
el 23/2/12
Cristo tiene bien presente que método empleará a lo largo de su misión para poder salir victorioso.
Este método es el de sufrir por el otro para conseguir el objetivo de ser feliz.
Lo expresa con claridad varias veces a lo largo de su misión.
Antes de empezar su misión, en el ayuno del desierto ya planea que sin la renuncia del cuerpo no podemos crecer como personas, prefiere morir prácticamente de hambre antes de ceder al demonio, prefiere al final de su vida sufrir como nadie puede sufrir para simplemente cumplir con su padre y con la verdad de la naturaleza humana.
Todo esto para un mundo ocupado con los adelantos tecnológicos, es ridículo, pero cuando descubrís en el ayuno la fuerza del espíritu, te vas dando cuenta que es un adelanto humano increible, cuando descubrí » ver comentario
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gustavo gustavo
el 24/2/12
Cuando uno tiene novia, disfruta al máximo su presencia, su belleza y ni por casualidad va a abstenerse de besarla y acariciarla y me parece bien que así sea, es un caramelito para el corazón, pero pasada esta etapa la cosa va cambiando y uno entiende mejor la relación ( así me paso a mi que me casé joven) Una relación madura supone exigencias distintas, y pasa que empiezan a tomar lugar en la relación los propósitos personales.Cada uno tiene su misión pastoral y entonces uno mira al otro de un modo distinto.
Un abrazo Gustavo.
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vicente condori vicente condori
el 24/2/12
Lo primero que debe ayunar es la injusticia. Antes que abstenerse de alimentos hay que abstenerse de pecados, sobre todo de los que lastiman a los hermanos, empezando por los más pobres. Compartir lo que tenemos con el necesitado es un acto de amor y justicia. Si ayunamos de comida entreguemos esa parte al hambriento. Si perdonamos hagámoslo de corazón para reconciliarnos con el hermano.
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Ángel Ángel
el 24/2/12
Considero que el Maestro Jesús nos invita a realizar el ayuno de todo aquello que durante nuestro día a día nos aleja, nos distancia de la luz... ayuno de aquello en lo que nuestro apego se reconforta ... ayuno de lo que nos entretiene en el camino sin ser directo al Maestro... ayuno de todo lo que justifica a nuestro yo... oremos con más insistencia, como siempre.
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HnoJavier,PICMA HnoJavier,PICMA
el 25/2/12
Ejelee a mi parecer el ayuno es un gesto de búsqueda, de carencia y de necesidad. Es una demostración de que buscamos a Jesús, de que lo necesitamos. El ayuno de Cuaresma no es una dieta, sino el reconocimiento de que necesitamos a Jesús.
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gustavo gustavo
el 25/2/12
Yo ayuno , no por ayunar, si no justamente porque veo en mi desórdenes que gracias al ayuno logro transformarlos.
El ayuno ( cuando es de dos días por ejemplo) por un lado te debilita y te cuesta estar activo, pero por otro te ayuda a reflexionar de un modo distinto al habitual.Va de la mano el ayuno y abstenerse de pecar.
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