Comentario al Evangelio del

Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Hola, amigos y amigas:

Hoy interrumpimos el tiempo ordinario para comenzar el tiempo de cuaresma, que es un itinerario de preparación para vivir la alegría pascual. Si no queremos llegar a la semana santa simplemente contentándonos con participar de unas celebraciones folklóricas y emotivas, necesitamos tomarnos en serio este tiempo de cuaresma y así poner toda nuestra vida en clave pascual.

Empezamos la cuaresma con la imposición de la ceniza. Es un gesto litúrgico impactante. Se nos coloca la ceniza en la frente y se nos dice al oído que no olvidemos nuestra condición de polvo. En medio de una sociedad que busca ocultar a toda costa la dimensión mortal del ser humano, qué bueno recordar el carácter ineludible de la muerte y la necesidad de pasar por ella para alcanzar la gloria. Qué bueno recordar que somos seres humanos frágiles, que muchas veces vivimos a ras del suelo atrapados en medio del egocentrismo y demás esclavitudes. Por eso, al recibir las cenizas, también se nos dirá al oído: “conviértete y cree en el evangelio”.

Muchas veces la cuaresma es vivida como un tiempo para realizar prácticas penitenciales a las que ya nos hemos acostumbrado y que, aunque suponen un pequeño o gran esfuerzo de la voluntad, no necesariamente significan una verdadera reorientación del corazón. Muchos ya saben que estas semanas dejarán de fumar, intentarán renegar menos, darán un poco más de limosna, leerán un libro espiritual, etc. La conversión cristiana no consiste en hacer cosas “religiosas”, que al final, a veces, son realizadas bajo el deseo de ser reconocidos o de tranquilizar nuestras conciencias o de comprar el perdón de Dios. Para vivir una auténtica conversión, a la luz del evangelio de hoy, es necesario entrar en lo más profundo de nosotros mismos, en lo secreto de nuestra habitación, donde nos encontramos con nuestra verdad y con el amor incondicional del Padre, donde resuena la buena nueva del Evangelio de Jesús y donde descubrimos con nuestro pecado y la necesidad de cambiar y crecer. Sólo cuando nos atrevemos a superar la superficialidad, entramos en la profundidad de la conversión.

Como Jesús, nos sumergimos durante cuarenta días en el desierto cuaresmal para escuchar la Palabra del Padre, reconocer cuáles son nuestras tentaciones y tomar las decisiones necesarias que nos liberen de las ataduras del egoísmo y nos lleven a tener el corazón centrado en Dios y en el amor a nuestros hermanos. Sólo desde esta perspectiva tiene sentido la práctica de la oración, el ayuno y la limosna; entonces, se vuelven expresiones de una búsqueda más profunda y de un esfuerzo agradecido y amoroso por seguir el camino pascual de Jesús. ¡Que tengamos un buen tiempo de cuaresma!

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Comentarios
Jaime Vásquez Jaime Vásquez
el 16/2/12
Toda esta información me apoya para crear las moniciones de cada día, muchas gracias los comentarios son bastante acertivos.
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andres andres
el 20/2/12
al leer este comentario me dán ganas de cambiar y de servirle a Dios con mi vida,ayudando a todos mis hermanos gastandome y quemandome hasta hacerme ceniza ; ceniza que recuerde a los demás que la cruz da la gloria. Señor tengo fe, pero dudo,ayudame a aumentarla. gracias por este tiempo favorable que me brindas, que sepa aprovecharlo para llenarme de paz y de amor. Un abrazo
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Chocho Chocho
el 21/2/12
GRACIAS POR LA REFLEXION CARLITOS... SALUDOS DE MEXICO DONDE ESTOY DE VACACIONES... UN ABRAZO!!!
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violeta violeta
el 21/2/12
Mas que tomar las decisiones necesarias, yo diría, pedir al padre la fuerza para poder, pues yo sola, sin su ayuda me reconozco incapaz.
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gustavo gustavo
el 22/2/12
Que lindo evangelio! y que prolijamente ordenado nos lo explica !
Nos habla de la intimidad con Dos a través de los tres pilares de nuestra persona: la oración y el ayuno dirigidos al otro, dándole todo lo nuestro, todos nuestros esfuerzos para ayudarlo ( caridad)
Me encanta que todo sea en lo interior, en lo íntimo, en un mundo tan careta, donde justamente todos quieren demostrar su sabiduría, su solvencia económica, sus capacidades.
Qué grande es la oración en la intimidad, cuánto poder real tiene un ayuno por el hermano o por una promesa en la intimidad, o hacer caridad guiados por el corazón.
Que gran evangelio!!, no está la clave de nuestras vidas en estas tres virtudes?
Un saludo, Gustavo.
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MARTHA C. MARTHA C.
el 22/2/12
Acudamos al sacramento de la penitencia y preparémonos en esta cuaresma para estar reconciliados con Dios y para tener esa paz que solo El Señor la sabe dar.
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