Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Cogió la camilla y salió


La lepra, de la que hablábamos la semana pasada, produce marginación. La parálisis, que es la enfermedad que protagoniza el evangelio de hoy, produce dependencia. El paralítico no puede moverse por sí mismo, carece de autonomía, de capacidad para poner en práctica su libertad. El paralítico experimenta cada pequeño escalón, borde o desnivel como un obstáculo insuperable, al menos con sus solas fuerzas.

A propósito de la parálisis podemos pensar en toda forma de dependencia y de ausencia de verdadera libertad, que sólo puede ser remediada por la ayuda ajena.
El paralítico de hoy tuvo la suerte de encontrar la ayuda de cuatro hombres buenos, que no sólo se prestaron a llevarlo ante Jesús, sino que ante los obstáculos que impedían llegar hasta él, se las ingeniaron para sortearlos todos. El modo en que lo hicieron (si pensamos en lo que supone subir una camilla con un enfermo en ella hasta el techo y después descolgarlo por ella, cualquiera que haya llevado alguna vez una camilla al peso, sabrá lo que eso supone) revela una voluntad de hierro, además de una confianza ciega en que merece la pena hacer ese derroche de fuerza, imaginación y, también, de riesgo.

Jesús, de hecho, alaba la fe «que tenían», es decir, de los cinco. En el caso de los cuatro camilleros, es una fe viva, que pasa a los hechos, que se implica y se hace amor, ayuda concreta y esforzada.

Pero la admiración de Jesús se traduce en un gesto que, en primer lugar, se dirige sólo al enfermo y, en segundo lugar, nos produce sorpresa, tal vez decepción o indignación: en vez de curarle va y… le perdona los pecados. ¿Es que ese enorme esfuerzo se había hecho para obtener el perdón de los pecados y no la curación de la parálisis? ¿Qué sentiría el enfermo y sus benefactores? ¿La alegría profunda del perdón, o la decepción de una esperanza frustrada de curación?

No podemos saberlo, aunque, puesto que Jesús sabe lo que pensamos en nuestro corazón, es presumible que estuviera respondiendo a los deseos más íntimos de aquel hombre. En todo caso, lo que sí que podemos comprender es la pedagogía con que procede Jesús.

En primer lugar, con este primer gesto de perdonar los pecados, nos está diciendo que el pecado es también una enfermedad: como ella, produce marginación (nos exilia de nosotros mismos, de Dios y de los demás) y dependencia; el pecado empequeñece nuestro ser, produce en nosotros una parálisis interior, una dependencia más profunda, nos conduce a una muerte más definitiva. De ahí la urgencia del perdón, su prioridad sobre la salud física.

De hecho, en Jesús se manifiesta la voluntad de Dios de perdonar todos los pecados, a todos los pecadores de manera incondicional: «Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados», dice Isaías; «en Cristo todo se ha convertido en un “sí”; en él todas las promesas han recibido un “sí”», afirma Pablo. Sin embargo, Jesús no curó a todos los paralíticos, ni limpió a todos los leprosos. Las curaciones son signos de una salvación más radical y profunda. Y es que, realmente, la enfermedad nos limita, pero no nos impide vivir con dignidad; mientras que el pecado nos roba nuestra dignidad de personas, nos lesiona en lo más íntimo. De ahí, una vez más, la urgencia del perdón, que sólo Dios puede otorgar.

Ahí entran en escena los escribas, que critican a Jesús, por cierto, expresando esa misma verdad: sólo Dios puede perdonar pecados. Pero es que Jesús perdona pecados porque en él, hijo del hombre, habita la plenitud de la divinidad, es el Hijo de Dios encarnado; es decir, en Él se ha hecho presente, concreta y cercana la voluntad de Dios de un perdón universal e incondicional. Si bien, hay una única condición: que aceptemos el perdón, reconociendo nuestro pecado.

Los escribas allí presentes no creían que Jesús dispusiera de ese poder; y, es más, posiblemente no estuvieran muy convencidos de que Dios tuviera la voluntad de perdonar a todos… Si el paralítico, por su impedimento físico, encontró graves obstáculos para acceder a Jesús, ahora, ante sus taras morales remediadas por el perdón de Cristo, se encuentra también con otro «gentío», con otro obstáculo para acceder el perdón: los prejuicios de los que se consideraban a sí mismos justos.   

El caso es que Jesús, como testimonio de que en Él actúa realmente el Dios dueño y autor de la vida, sortea también este nuevo y más grave obstáculo, y completa el gesto del perdón con el de la sanación.

Con ello nos está diciendo que la suerte del alma no está separada de la del cuerpo: aquel que está reconciliado con Dios, con los demás y consigo mismo (o, siendo consciente de sus pecados, vive en la dinámica de la reconciliación), no puede no interesarse por el bien y el bienestar concreto de sus semejantes. Y es que, si Jesús, al admirarse de la fe de aquellos cinco hombres (el paralítico y sus camilleros) perdonó sólo los pecados del primero, es porque, posiblemente, veía en los otros cuatro no sólo la salud física, sino también la moral y espiritual, manifestada en su ayuda desinteresada al que estaba en necesidad.

Hay muchos enfermos e inválidos que han hecho de su enfermedad una ocasión para ayudar a otros que están en igual o peor situación. Durante más de diez años trabajé como consiliario del Movimiento Frater (“Fraternidad cristiana de enfermos y minusválidos”) y tuve ocasión de comprobarlo en múltiples ocasiones. Eran (y son) minusválidos físicos, pero que se han puesto en pie y caminan y acuden a ayudar a los demás.

Realmente, así hay que entender la curación del paralítico de hoy. El evangelio dice que «Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos». Una vez perdonado y curado, podía cargar con el peso de la vida (su camilla) y llevarlo por sí mismo.

Pero, leyendo el texto de manera más literal, podemos preguntarnos: ¿para qué cogió su camilla si ya no era paralítico? ¿De qué le podía servir? Tal vez, se me ocurre, es que decidió él mismo convertirse en camillero, para ayudar a otros postrados por la enfermedad, a llevarlos de un sitio a otro, y también a Jesús, a que les perdonara los pecados y los pusiera en pie para que también ellos pudieran vivir con dignidad.

Y si todos se quedaron atónitos, pues nunca habían visto algo igual, cabe preguntarse si algunos quedaron atónitos ante la curación de la enfermedad, y otros, mirando más en lo profundo, quedaron atónitos y admirados ante la gratuidad y cercanía del perdón de Dios.

Tal vez no podamos hacer milagros. Pero podemos realizar el milagro de la ayuda desinteresada, como la de los camilleros de hoy (que hicieron posible el milagro de Jesús), y el otro milagro, a veces tan difícil, del verdadero perdón.

Comentarios
martin martin
el 17/2/12
es un muy buen acercamiento al gran milagro de jesús, me hago la pregunta los cuatro que le llevaron al paralitico podian ser tambien anteriomente otros paraliticos que tubieron la suerte se ser curados por jesus. Solo el que se cura tiene la capacidad para sanar a otros o llevar a donde esta la cura
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rosita27 rosita27
el 18/2/12
La solidaridad con los enfermitos de llevarles la esperanza de que Jesúcristo nos perdona, y nos invita a camanir cargando con amor los problemas de la enfermedad etc. se siente gozo cuando Dios nos da la oportunidad de apoyar a los necesitados compartiendo la misericordia y el amor de Dios. (Saludos y bendiciones en su hermosa misión)
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Orozimbo Orozimbo
el 18/2/12
Creo que lo mas importante de la lectura y del comentario que acabamos de ver es principalmente la fe, tando del paralítico como de los camilleros, sin fe no tenemos ka cinvicción de que nos vamos a sanar, pero con fé se pueden mover montañas comp dice la cancion del granito de mostaza. Gracias por ayudarme a entender este evangelio, porque mañana debo presidir una Liturgia en mi comunidad y esto me ayuda bastante.
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victoria victoria
el 18/2/12
En el encuentro, del parálitico de Cafarnaún,el evangelista S.Marcos,nos pone de manifiesto la "Salvación" que Cristo ha traido a los hombres:El
perdón de los pecados.EL Señor, concedió al paralítico
la gracia de una doble salud.La del alma,perdonando
sus pecados,y la del cuerpo,curándole la parálisis que
padecia.
Al ver,el milagro de Jesús,la gente decia:"Nunca habiamos visto cosa semejante."
Yo,también,veo con admiración la fe ¡tan grande! de
aquellos hombres que llevaron al paralítico ante Jesús.
Señor:Aumenta mi fe,que no me quede en pura admiración.Que mi fe,me lleve a postrarme ante Ti,para para que me cures.
Gracias,Señor,porque siempre me das una nueva oportunidad.Me ayudas a levantarme,activando en
mí lo que habia quedado paralizado por el pecado.
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gustavo gustavo
el 19/2/12
Gracias por tu comentario José María Vegas.
Este evangelio habla sobre todo de la intrepidez como virtud de la fé( lo bajaron por el techo), cómo se las ingeniaron, a pesar de todos los obstáculos para llegar a Jesús y ésta es una característica insustituible de la fé.Cada uno es intrépido a su modo, el ciego de Jericó que gritaba y no podían hacer callar, fué intrépido gritando, Magdalena fué intrépida lavando los pies y secandolos con sus cabellos y besando, el capitán fué intrepido cuidando el tiempo de Jesús, ( no te molestes dí una palabra y será curado)
La mujer sirofenicia llega a Jesús por su humildad extrema , comparándose a los perritos que comen las migajas del suelo, Zaqueo se sube a un árbol para llegar a jesús y reparte la mitad de sus bienes.

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luzmar luzmar
el 19/2/12
Que tiempo! Doy hoy gracias a Dios porque me veo reflejada en todas estas lecturas,pues cuando estaba en el fondo de la fosa mortal ni me percataba mucho de ello,Nuestro Señor que todo lo ve me miraba con misericordia me veía a mi , una insignificante larva,gusanillo, y hoy veo que El Señor me esta levantado de mi postración tanto espiritual como física,que solo él lo ha logrado darme vida de nuevo, y todo lo que permite en mi vida es para mi propio bien, es el itinerario de mi peregrinación para llegar feliz a la meta .
¡ Gracias Bendito Rey ! ,- como dice el Señor- "Con amor eterno te he amado,por eso te trato con lealtad.
Buen día del Señor , el beso de la paz en Cristo Jesús.
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rolando rolando
el 19/2/12
Gracias por la reflexion de este domingo 19.
Dios le bendiga, es una reflexion que me ha ayudado a comprender mejor el mensaje.
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Blanca. Blanca.
el 19/2/12
Pasará este siglo y más tiempo. Nosotros no estaremos. Jesús será si siempre.
En el evangelio me gusta mucho la figura de los voluntarios que lo introducen por el techo.
Yo conozco personas que ayudan a otros y no tendrían inconveniente de salvar todos los obstáculos por llevar a su sanación al hermano. Tal es su fe.
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Emilia Emilia
el 19/2/12
La verdad es, que en las palabras de Jesús , siempre se encuentra consuelo para todos los males.
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katyuska katyuska
el 19/2/12
la verdad como el evangelista san marcos con estos testos pone a JESUS al mismo nivel el perdon de los pecados y la curacion de la enfermedad.jesus quita el pecado del mundo, y nos anuncia la salvacion , se entrega para nuestra redencion QUITA SEÑOR DE MI ,las paralisis que me impiden ser libre como son, mi falta de fe, mis dudas, la rutina , y sobre todo SEÑOR dame tu luz para que yo sepa caminar siempre por el camino que me lleve has TI ayudame a superar los obtaculos y si no puedo sola pedir ayuda como el paralitico del evangelio .
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Enrique Alberto Enrique Alberto
el 19/2/12
Considero que es importante la ayauda mutua con todos nosotros, es la edificación que la Iglesia universal nos pide como cristianos, tanto en lo espiritual como material....
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juan guillermo juan guillermo
el 19/2/12
desde dondeempieza el evangelio?
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dafalmita dafalmita
el 21/2/12
Gloria a DIOS, por desvelar a sus elegidos el significado de su Palabra. Gracias a José María Vega por compartir lo que le revela el SEÑOR y a todos los que comentan, porque sus comentarios son "luz en el mundo". (Mt 5) DIOS los bendiga a todos. Gracias
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jinna11 jinna11
el 23/2/12
es re bueno me encanta que no me sirvio para nada pero es bueno
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anonimo anonimo
el 24/2/12
Me sirvio para la tarea de Reli... Pero tambien me dio mas fe sobre Jesus
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