Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Sintiendo lástima, lo tocó

La lepra es una enfermedad terrible. Hoy sabemos que no es contagiosa y que tiene cura. Pero sus efectos devastadores sobre el cuerpo no puede no producir horror, incluso en nuestros días, tanto más cuando se carecía de remedios eficaces contra ella. Las prescripciones del libro del Levítico parecen indicar que, en aquellos tiempos, bajo el término lepra se contemplaba un amplio espectro de enfermedades e infecciones de la piel. Por eso, se puede entender que se hace referencia, además de a la terrible lepra que devora la carne del enfermo, a otras afecciones más leves y temporales que podían llegar a curarse. En todo caso, la prudencia sanitaria aconsejaba alejar al enfermo del grupo social; y esta marginación recibía además una sanción religiosa: el enfermo era declarado impuro; la exclusión social venía aparejada a una suerte de excomunión de la comunidad de salvación, ya que en la mentalidad antigua la desgracia se vinculaba con alguna culpa, incluso si esta no era patente, ni siquiera para la conciencia del presunto culpable.

Realmente, la enfermedad conlleva siempre un elemento de marginación. Incluso de las más leves, como una gripe, decimos a veces que “nos han puesto fuera de circulación”. La enfermedad nos exilia de nuestra vida cotidiana, nos impide llevar una vida normal, nos convierte en seres débiles y dependientes, disminuye el caudal de nuestra siempre frágil libertad.

Aunque hoy día casi nadie considera ya las enfermedades como maldiciones ni castigos divinos, la situación de enfermedad en general nos sirve como signo y cifra de la postración humana en todas sus formas: el que está postrado por cualquier motivo, física o moralmente, por culpa propia, ajena o por mera y desgraciada casualidad, es alguien que, de un modo u otro, se encuentra al margen y que para sobrevivir necesita pedir, suplicar.

El leproso del evangelio de hoy expresa meridianamente esa situación. Marginado e impuro, postrado y de rodillas implora la sanación a quien piensa que puede otorgársela: “si quieres…”. Jesús, dice el evangelista lacónicamente, “sintió lástima”. Es la reacción debida ante la desgracia ajena. Dice el filósofo ruso Vladimir Soloviov que la lástima es el sentimiento básico y espontáneo que regula las relaciones del hombre con sus semejantes, y que este sentimiento primario no es ni puede ser la complacencia (es decir, el gozar junto con), pues el placer puede a veces ser moralmente malo, y además es fin y, por tanto, acabamiento de la acción; mientras que el dolor ajeno, independientemente de que sea producido o no por culpa del que padece, es siempre digno de lástima y mueve a la acción. Si, por ejemplo, una persona sufre a consecuencia de su mal comportamiento (por ejemplo, porque ha abusado del alcohol o de las drogas), el que ese comportamiento sea reprobable no quita que su situación de actual postración nos mueva a la compasión. Y ésta, por la mediación de la razón, se eleva a exigencia universal de justicia y misericordia (no hacer mal y hacer el bien posible). Por eso, incluso si el leproso del evangelio sufría a causa de alguna culpa suya pasada (algo que nosotros no pensamos respecto de la lepra, pero que, como vemos, puede darse en otras situaciones) no por eso dejaba de ser digno de lástima. Y esa compasión no se queda en un sentimiento inactivo, sino que mueve la voluntad y lleva a actuar en socorro del sufriente. “Jesús, sintiendo lástima, lo tocó, diciendo ‘quiero’”.

Pero el gesto de Jesús no es sólo (aunque también) la ilustración de una reacción debida ante el sufrimiento ajeno. En la mentalidad judía que contextualiza su gesto (para eso hemos de leer la primera lectura), éste es de una osadía inusitada, que raya la profanación de normas tenidas por sagradas. Jesús no sólo habla y cura, sino que “toca”. Antes de reintegrar en la sociedad, va al encuentro,  traspasa la frontera y, al tocar al impuro, él mismo queda contaminado. Jesús no sólo cura la enfermedad sino que salva al hombre, reintegra en la comunidad de salvación, limpia lo que era impuro y declara que no hay forma de impureza (física, moral o espiritual) que nos aparte definitivamente de Dios si somos capaces de reconocerla y de suplicar.

Sorprende que Jesús, que acaba de trasgredir la ley de manera tan flagrante, acto seguido ordene al regenerado que cumpla las prescripciones de la ley, al tiempo que le prohíbe hablar con nadie del bien recibido. Por un lado, es claro que Jesús no quiere publicidad, no realiza estos signos salvadores para atraerse la admiración de los demás y asegurarse el éxito. Jesús no instrumentaliza el dolor ajeno, no cura para…, sino que cura porque: porque sintió lástima, porque el hombre aquel estaba en situación de postración. Pero, en segundo lugar, si manda que cumpla lo establecido en la ley, es porque esa era la forma concreta de reconocer que el bien recibido procedía de Dios (y, en consecuencia, de confesar que Jesús actuaba con el poder de Dios) y de agradecer. Si ante el dolor ajeno hay que compadecer (y actuar), ante el bien recibido es de ley mostrar agradecimiento.

Lo que el leproso curado hace, en cambio, no debe entenderse como una desobediencia (explicable, por otro lado), sino como el hecho real de que al hacer el bien no se debe buscar publicidad (que no sepa tu mano derecha…), entre otras cosas porque el bien habla por sí mismo. Ese leproso, ya limpio, era en sí mismo un testimonio vivo de la acción de Jesús, de la benevolencia de Dios para con él.

Al contemplar al leproso suplicante y curado y a Jesús, sintiendo lástima y actuando, hemos de volver los ojos a nuestro mundo y a nosotros mismos. Porque también hoy existen formas de lepra (física, moral, espiritual, social, política, ideológica, racial…, se puede ampliar la lista infinitamente), que producen sufrimiento y marginación, que nos separan y alienan a unos de otros. ¿Quiénes son hoy los leprosos de nuestra sociedad? ¿Quiénes son mis leprosos personales? En segundo lugar, estas situaciones ponen a prueba nuestro corazón humano, nuestro corazón de carne. ¿Somos capaces de sentir lástima, de compadecer, o nos hemos vuelto insensibles a los sufrimientos de los demás? Y hemos de caer en la cuenta de que tal vez sintamos lástima de ciertas categorías de lepra, pero seamos insensibles a los sufrimientos de otros, a los que, según nuestros parámetros, hemos declarado “impuros”. Pero la compasión, ya lo vimos, no es suficiente. Ella llama a la acción (al querer, como dice Jesús: “quiero”). Y esta requiere con frecuencia estar dispuesto a “tocar”, a “mancharse las manos”. Imitar a Jesús en la audacia de su gesto significa atravesar fronteras y derribar barreras, superar el miedo al “otro”. Esa imitación significa, además, hacer el bien sin buscar recompensa ni reconocimiento, sino por amor del bien mismo, aún más, por amor de aquel que me necesita. Así, el bien realizado dará testimonio, él mismo, de la bondad de Dios, de quien procede todo bien.

Por fin, podemos mirar a la situación desde otra perspectiva, que también está implicada en el texto del Evangelio: yo mismo tengo mis propias lepras. Por eso, la Palabra hoy me invita también a tener el coraje de ponerme de rodillas ante Jesús y suplicarle, para que me toque y me cure. Hay que hacerlo con fe y confianza (el “si quieres” significa decirle: “sé que puedes”). Pero también hay que “ponerse a tiro”, acercarse a Él, allí donde es posible encontrarlo: su Palabra, la Eucaristía, la Reconciliación, para que nos pueda tocar. Y para que, como el leproso, al sentir que nos ha limpiado, podamos vivir con un corazón agradecido que ya por sí mismo habla “con grandes ponderaciones” de lo que Él ha hecho con nosotros. 

Comentarios

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cecilia
cecilia

el 10/2/12
Lamentablemente la lepra es contagiosa pero si tiene cura, depende del grado del daño de los nervios. He visitado el leprosario de Comura, Guinea Bisaau.
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kalinga
kalinga

el 11/2/12
Me ha encantado tu forma de narrar y tu punto de vista.
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blanca
blanca

el 11/2/12
Hermoso evangelio que me propone mirar al prójimo y comprometerme por el, e intentar acercarme a su sufrimiento, y a la vez desnudar mi alma ante Dios mostrarle mis lepras y pedir la sanación. Necesito estar limpia y fuerte, pues el camino está lleno de obstáculos, que algunas veces parecen insalvables y por otra parte de personas que necesitan de mi ayuda. Gracias.
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victoria
victoria

el 11/2/12
En el evangelio de hoy,el evangelista San Marcos,nos
muestra tres momentos sucesivos a tener en cuenta:
Un leproso acude a Jesús.Jesús le cura.El leproso,-una
vez curado-proclama la obra de Jesús.
La "Misión"de Jesús,tiene como objetivo,la "Salvación"
del hombre,rescatándolo de su propia miseria.
En el tiempo,en que Jesús vivía,la lepra,era el signo
más impresionante de la miseria personal.Necesitamos
a Jesús,que nos cure.Busquemos esa sanación,en la
frecuencia de los Sacramentos.Que El,nos ayude a
mostrarnos comprensivos y misericordiosos con los
demás.Tendamos nuestra mano al que se encuentre
dolorido,angustiado,cansado o marginado.
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P. Francisco
P. Francisco

el 11/2/12

Lo que mas me encanta del texto evangelico de este domingo es que el antes leproso, se deshace en alabanzas y pregona por todos los sitios lo grandioso de la buena nueva. Cuando los pobres evangelizan hacen creíble la palabra, cuando los pobres construyen son capaces de hacer un mundo nuevo. Jesús no es de los que miran con lástima, Jesús cree en la capacidad y en la valentía de los pobres y despreciados a tal grado que les confía la construcción de su reino.
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P. Francisco
P. Francisco

el 11/2/12
El antes leproso, se deshace en alabanzas y pregona por todos los sitios lo grandioso de la buena nueva. Cuando los pobres evangelizan hacen creíble la palabra, cuando los pobres construyen son capaces de hacer un mundo nuevo. Jesús no es de los que miran con lástima, Jesús cree en la capacidad y en la valentía de los pobres y despreciados a tal grado que les confía la construcción de su reino.
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Gilberto
Gilberto

el 12/2/12
Es interesante como se aplica en la actualidad el evangelio, me parecio muy acertada su conclusion.
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leonardo garcia
leonardo garcia

el 12/2/12
La fe es atrevida y no necesita argumentos más que saber que estamos delante del más grande argumento de vida: Jesús, El leproso no tiene miedo a ser despreciado, quiere ser contagiado de la salud de Jesús y logra el milagro porque se acerca con humildad, con confianza, con seguridad y logra lo imposible, somos soberbios y por eso la fe no funciona, desnudate delante de Dios y dejalo ser Dios. Una de Dos o despreciamos a los demás o somos despreciados por ellos y sólo Jesús hace posible ver a los demás como hermanos. El pecado nos aisla, nos divide, nos enfrenta. Jesús rompe las diferencias. SI TU QUIERES PUEDES CURARME, CURAME JESÚS, CURANOS JESÚS!
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P.Leonardo
P.Leonardo

el 12/2/12
El leproso del Evangelio nos dá grandes enseñanzas: 1a La fe es atrevida, no busca argumentos. 2o la fe sabe lo que quiere y busca la gloria de Dios. 3o la fe no titubea y se pone delante de la salvación con humildad, se arrodilla. La fe agradece y proclama, se compromete, no se calla. 4o La fe no divide, no desprecia, por el contrario busca la unidad. SI TU QUIERES PUEDES LIMPIARME! LIMPIAME JESÚS, LIMPIANOS JESÚS! GRACIAS. Saludos desde Cuautitlán.
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josë  vidal
josë vidal

el 12/2/12
Hermano gracias por esta reflexion, de seguro es fruto de mucho estudio y de oracion confiada a Dios
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Jacky Former
Jacky Former

el 12/2/12
Qué es acercarnos y dejarnos tocar? Vale la pena que pensemos en ello.
Seguimos quizás limitándonos a confiar en el Jesús taumaturgo. Tal vez vivimos con la esperanza de que se realice el milagro de nuestra sanación sin caer en la cuenta de que a Jesús ya le tenemos con nosotros y lo que necesitamos para ser sanados, liberados, salvados, es que permitiendo que su Palabra nos empape proclamemos con nuestras obras su mensaje. Ahí está la curación!
La actitud pasiva, expectante, confiada en un toque milagroso es inútil y en el peor de los casos puede ser frustrante.
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gustavo
gustavo

el 12/2/12
No tener nunca miedo de pedir cura a Jesús supone antes que nada estar preparados para este tipo de Fé grandiosa.
Cómo prepararnos a tener fé? : Leyendo diariamente el evangelio y cambiando a partir de la reflexión del mismo.
Cuando encontramos el camino, ayunamos con frecuencia, luchamos para mantenernos puros, sin excepciones, podemos empezar la valentía de pedir curación, Dios actúa velozmente cuando estamos debidamente preparados, ¿nunca lo experimentaste?
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MARTHA CECILIA
MARTHA CECILIA

el 12/2/12
Debemos de confiar en Dios, que todo lo puede, abandonèmonos en El, y El actuarà en cada uno de nosotros y nos sanará de todo aquello que nos separa de El y harà de nosotros personas nuevas en Cristo Jesús.
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sofia velgara
sofia velgara

el 12/2/12
muy bueno muy bueno definitivamente
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pelayo
pelayo

el 12/2/12
el comentario del evangelio me deja atrás, en reflexión ¿cual es mi lepra?
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Jaqueline
Jaqueline

el 12/2/12
hola que buena pagina
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ana isabel
ana isabel

el 13/2/12
BELLÍSIMO!!!!!DIOS MÍO ¡¡¡CUANTA FE ME FALTA!!!!!! GRACIAS...GRACIAS-----
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Vane35
Vane35

el 22/2/12
siii.
esto me ayudó mucho para acercarme a Dios y muy bonita reflexion.
me encantó!
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