Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

En el trabajo de los evangelistas, no sólo merece atención la selección que han realizado dentro del enorme acervo de tradiciones sobre Jesús que poseían; cuenta mucho el orden en que han colocado esos recuerdos del pasado.

Pues bien, la narración de la muerte del bautista –cuya sincronía con la actividad de Jesús no es fácil establecer- Marcos la sitúa curiosamente entre la marcha de los discípulos de Jesús en misión y el regreso de la misma. Al parecer, con esta “estructura bocadillo”, el evangelista anuncia de antemano cuál es el destino probable del predicador cristiano; tendrá que arriesgar, afrontar peligros, jugarse la vida,… porque cree en bienes mayores.

El bautista, tan elogiosa y frecuentemente recordado por Jesús, tuvo la valentía de proclamar la voluntad de Dios incluso ante el frívolo reyezuelo Antipas; se sentía tan comprometido con la causa de Dios, tan en sintonía con la Alianza y tan “gustosamente obligado” a vivir según ella y a reconducir a Israel a ese mismo género de vida, que no vaciló en jugarse el tipo. Es el modelo anticipado de aquellos testigos mártires que menciona el Apocalipsis: “no amaron tanto su vida que temieran la muerte” (Ap 12,11).

Herodes Antipas es digno de un estudio psicológico; aun con sus “desviaciones” éticas, le queda sensibilidad para percibir dónde hay un profeta auténtico, digno de respeto y admiración, y de dejarse guiar por su consejo. Pero en esa mente confusa y revuelta, y en esa afectividad alocada, hay otras fuerzas que pueden más. Así llega a la contradicción personal de hacer apresar y dar muerte a quien considera “hombre justo y santo” y a quien muchas veces ha buscado como consejero.

Frente a este tipo humano dividido, “esquizofrénico”, Jesús busca personas bien definidas e interiormente “unificadas”, que saben a dónde se dirigen y por qué optan. A sus enviados no les oculta que andarán “como corderos en medio de lobos” (Lc 10,3); al “espontáneo” para su seguimiento le advierte que no va a tener “nido ni madriguera” (Lc 9,58) y que no podrá  seguir contemplando otras posibilidades, volviendo la vista atrás.

Una mirada superficial encontraría en Jesús y los suyos un grupo de “masocas”, que se meten a sabiendas en la boca del lobo. Pero esto sería olvidar que la predicación de Jesús comienza con las bienaventuranzas y con el anuncio del reino que llega, y que a él le gustaba “celebrar fiesta”, hasta el punto de ser tildado de “comilón y borracho” y de andar en malas compañías (Mt  11,19). No, Jesús no busca sufrientes, ni –menos aún- amargados, sino felices. Y él sabe, eso sí, que sólo es feliz el entusiasmado a fondo con lo que lleva entre manos; a ese no se le ocurrirá disimular, negar, ocultar,… Más bien exhibirá con sano orgullo lo que es la motivación de su vivir,… aunque ello quizá en algún momento le grajee riesgos o rechazos.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Comentarios
inesilla inesilla
el 3/2/12
que valentia la de Juan Bautista, el si estaba enamorado de Dios....a nosotros a veces hasta nos da vergüenza decir que somos cristianos, que vamos a misa casi todos los días etc etc.
necesitamos esa enamoramiento y sentirnos de verdad amados por Jesús resucitado, yo digo a veces Señor que se haga tu voluntad,tu serás el piloto y yo el copiloto y la verdad que las cosas me van mejor ni miedos ni preocupaciones inútiles que solo hacen que poner sombras en tu vida lo que tenga que ser será
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MARTHA C. MARTHA C.
el 3/2/12
Gracias a mi hermano en Cristo, Severiano Blanco, pues me ayuda con su comentario a entender y comprender mas fàcilmente lo que el Señor me dice en su PALABRA.

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