Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Asombrados de su doctrina

La admiración y el asombro que suscita la predicación de Jesús índica muy a las claras la índole de esa predicación y, sobre todo, la de quien predica. Jesús no es sólo un “predicador” que transmite una nueva filosofía de la vida o una elevada doctrina moral, ni siquiera una nueva religión. De hecho, el texto de hoy nos da a entender que no es sobre todo el contenido de su predicación, sino el modo de transmitirla lo que provoca el asombro de sus oyentes: no predica como los escribas, sino con autoridad. Con autoridad significa que enseña desde sí mismo: no se limita a transmitir o comentar una palabra ajena, sino que por medio de sus palabras es Él mismo el que se revela y se da. Jesús es el cumplimiento de una antigua promesa, la que hoy leemos en la primera lectura: la promesa de un  profeta al que se puede escuchar, que habla palabras de vida y no de muerte, un profeta que no suscita el terror sagrado porque es uno sacado de entre nosotros, “de entre tus hermanos”. Pero Jesús, además, supera con creces esa promesa, porque no se limita a transmitir palabras verdaderas de parte de otro, sino que Él mismo es la Palabra encarnada, que porta en sí la Verdad de Dios. De ahí la autoridad que despierta la sorpresa de una novedad inaudita.
La autoridad de la palabra y persona de Jesús se manifiesta, además de en la novedad de la doctrina y en el modo de comunicarla, en su eficacia: Jesús cura o, como queda patente en el evangelio de hoy, somete a las fuerzas del mal.

A veces sentimos desaliento y desánimo ante la potencia y la omnipresencia de estas fuerzas, de los espíritus inmundos. Tenemos la impresión de que esos espíritus son más fuertes y eficaces que el espíritu del bien. Están por todas partes, no sólo en los “centros oficiales del mal”, sino que se sientan también en la Sinagoga, en la Iglesia, en los lugares santos. Esto significa que debemos evitar la frecuente tentación simplificadora de identificarlos con una causa única, que además solemos colocar fuera de nosotros, que siempre se encuentra en “los otros”. Unos hablan de “los mercados” o el “neoliberalismo”, otros del “marxismo” o del “ateísmo”, los de más allá de los masones o qué sé yo que grupos, como queriendo así exorcizarlos de sí, del propio entorno. Pero el evangelio de hoy nos dice que el espíritu inmundo lo tenía “un hombre”, uno cualquiera, en nada distinto de cada uno de nosotros. Y que se sentaba “precisamente” en la sinagoga. La raíz del mal anida en nuestro interior, está entre nosotros, incluso en los que se sientan o nos sentamos en el ámbito de lo sagrado. Todas esas otras expresiones del mal a que hemos aludido lo serán en una u otra medida, pero al final, si queremos combatirlo en su raíz, tenemos que mirarnos a nosotros mismos, y tratar de identificar qué espíritus inmundos nos habitan en concreto.

Los espíritus inmundos, que poseen tantos rostros y tantas formas de presencia, tienen en común que no escuchan la Palabra, sino que, al contrario, se encaran con ella, y la desafían a gritos. Aunque al hacerlo ya están reconociendo con temor la autoridad de Jesús. Nosotros, que sabemos por experiencia (propia y ajena) la enorme dificultad, la casi imposibilidad de vencer a esos espíritus inmundos en nosotros y en nuestro mundo, podemos hacer la experiencia de someternos a la Palabra de la Verdad que es Jesús, y sentir así el asombro de su autoridad y la admiración de su eficacia. Sólo esa Palabra cercana (es uno de nuestros hermanos) es capaz de desenmascarar, mandar, hacer callar y expulsar al espíritu inmundo. Jesús vence al mal, pero salva al que está poseído por él, destruye el pecado pero salva y libera al pecador. La Palabra, la persona de Jesús es el único exorcismo eficaz contra las fuerzas del mal, contra los espíritus inmundos, porque, allí donde suena y actúa, y donde es acogida, va abriendo espacios al Reino de Dios. Por eso no suscita terror, sino asombro y, sobre todo, confianza. La confianza es la dimensión central de la fe en Dios, en el Dios cercano que es Jesucristo.

Esta fe confiada hace reales posibilidades inéditas de vida nueva. Las palabras de Pablo en la segunda lectura de hoy son una buena ilustración a este respecto. Percibimos en ellas una exhortación a un género de vida que en nuestros días no goza de buena prensa. Son muchos los “espíritus inmundos” que gritan desafiantes contra él declarándolo imposible e inhumano. Lo más curioso (y triste) es que esos gritos se escuchan con frecuencia dentro de la misma Iglesia (aunque después de leer el evangelio de hoy no debe extrañarnos). Pablo, que en ningún momento rechaza o cuestiona el matrimonio, antes bien, lo ensalza como una vocación cristiana de extraordinario valor, señala también el camino de la plena consagración a Dios, en una vida célibe, la que él mismo ha elegido para sí. Es un ideal realmente inaudito, que requiere una libre elección (cf. 1Cor 7, 25), y que, por muy imposible que le pueda parecer al espíritu del mundo, es una posibilidad abierta por el mismo Cristo, que vivió con un corazón indiviso, completamente entregado a las cosas del Padre. Para poder hacer propio ese género de vida es preciso abrirse a la eficacia y la autoridad de la Palabra que nos libra de nuestros espíritus inmundos, que nos habilita para lo que a nosotros mismos nos parece fuera de nuestro alcance, cada uno en su vocación: el casado en entrega fiel a su cónyuge y sus hijos, el llamado a la virginidad consagrada en un género de vida célibe, preocupado de los asuntos del Señor; unos y otros abiertos en fe a la admiración y el asombro ante esta Palabra nueva, cercana, eficaz, llena de autoridad y de vida.

Comentarios

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victoria
victoria

el 27/1/12
El texto evángelico,de hoy domingo,nos dice, que la
predicación de Jesús causaba admiración y asombro
en aquellos que le escuchaban.Y no tanto por el contenido de la misma,sino por el modo o manera de
transmitirla.No como los escribas,sino con"autoridad."
Da orden,a los espíritus impuros y le obedecen.Muy
pronto,la fama de Jesús,se extendió por toda la región de Galilea.Siendo,El mismo,el que por medio de
sus palabras,se revela y se da.
Jesús,tenía fama,su persona no pasaba desapercibida.
Pero..esa fama,le venia de su forma de actuar.
Mostrando,que tenia "autoridad",puesto que habia
concordancia entre lo que decía y lo que hacía.
Cuando no se tiene autoridad,se necesita gritar y
alborotar...
Señor:Que nuestras obras,hablen de Tí y sean más
elocuentes que nue » ver comentario
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blanca
blanca

el 28/1/12
¿Quien me posee, el egoísmo, la superficialidad, el poder, el dinero, en definitiva el plan del mundo? Él me puede dejar libre para escuchar su palabra si en mi ve disponibilidad. Tiene autoridad, es auténtico y demuestra con su vida que es consecuente ¡hasta morir por mi. Gracias Señor.
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Jacky Former
Jacky Former

el 29/1/12
Jesús tenia carisma, ilusionaba a la gente que le oía, era por eso un líder natural que convencía porque no hablaba de lo que sabía sino de lo que conocía por su experiencia personal, de Dios, de su Padre. De aquí su “autoridad” al hablar. Esa era su diferencia con los escribas que ejercían el “poder religioso” sobre el pueblo y le dominaban por medio de la Torá gobernando sus conciencias. Jesús no busca el dominio, no tiene poder, pero manifiesta mucha autoridad, y su autoridad ofrece la liberación a aquellas conciencias que estaban cautivas por la clase dirigente. Se produce así la bella paradoja de que su palabra cautivaba para la libertad.
Inevitable aquí la pregunta: y hoy nosotros …¿en qué medida somos cautivos? ¿de quién? ¿en qué consiste hoy el » ver comentario
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abiezer
abiezer

el 29/1/12
es precioso el mensaje de jesucristo para toda la
humanidad del siglo de hoy nos anima a tener su poder sobre todo espiritu malingno y expulsarlos de
nosotros con su poder milagroso
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katyuska
katyuska

el 29/1/12
SANAME SEÑOR DE MIS MIEDOS ,DE MIS DUDAS DE MI FALTA DE CARIDAD, DE MI FALTA DE FE , SEÑOR, QUE TE LLAME CUANDO ESTE A OSCURAS CUANDO AUN CON MUCHA LUZ NO PUEDA VERTE POR QUE PUEDEN MAS MIS PLOBLEMAS, QUE TUS PALABRAS, CON TU AUTORIDAD SEÑOR EXPULSA DE MI TODOS ESOS DEMONIOS, INTERIORES QUE ME ALEJAN DE TI ,
TU SEÑOR SABES QUE TE QUIERO Y QUIERO SER TU TESTIGO Y QUIERO SEGIR ANUNCIANDOTE ,DAME LA FUERZA SUFICIENTE PARE VENCER TODO LO QUE ME SEPARE DE TI
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Belen_
Belen_

el 29/1/12
Hola
ami se me hizo muy interesante la lectura de hoy (:
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Miriam
Miriam

el 29/1/12
Felicito a Victoria por su comentario muy acertado acerca de lo que es la Autoridad!!...La autoridad que tenia Jesus era por Respeto, es una figura que se impone por su manera de hablar, de expresarse y sobre todo de actuar!!..Hermoso el Evangelio de Hoy!!...espero poder transmitir el mensaje el dia de mañana ya que trabajo en una escuela catolica y los lunes Reflexionamos con los jovenes acerca del Evangelio del domingo.
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Valeria
Valeria

el 30/1/12
Si Señor yo te pido que me limpies y saca de mi todo lo que no es de ti, no es fácil, para salir el demonio se retorció el enfermo, dame la fortaleza, para no rechazar ese dolor, pues luego vendrá la paz tuya que tanto anhelo, y dame luz para llevarte a los demás que te necesiten. Gracias por la meditación. clarísima
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Ramón
Ramón

el 30/1/12
Una defensa del celibato. ¡Qué bueno en una página católica, por fin!
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carmen
carmen

el 30/1/12
Me sorprende siempre el Señor. En este pasaje se habla de la "autoridad" con la que predicaba. Siento que nos està invitando a nosotros todos a que no nos conformemos con ir a misa los domingos, sino que seamos apóstoles sin miedo y hablando y actuando las cosas del Señor con autoridad y certeza. Ser testigos y testimonio. El vino a enseñarnos y si ansiamos un mundo más justo debemos actuar en consecuencia con lo que El espera de nosotros. El compromiso del cristiano es en todo momento actuar y predicar con la autoridad con que contamos, el Espíritu Santo hablarà por nosotros.
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