Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

Queridos amigos y amigas:

La discusión que recoge el evangelio de hoy gira en torno al ayuno y nos lleva a preguntarnos si nosotros hemos de ayunar o no. Esta pregunta tiene diversa respuesta desde la perspectiva en que cada uno se sitúe. Para un deportista, guardar la dieta es complemento indispensable de su entrenamiento. Para enfermo, a veces es más que una medicina. Para un consumista, la verdad es que no tiene mucho sentido privarse de algo apetecible. Pero, ¿y para la vida cristiana? ¿Es bueno ayunar? Antes se le daba importancia y se respetaba en ciertos días del año y antes de cada eucaristía. Hoy para la mayoría esta norma está de hecho no sólo implícitamente derogada, sino que les es desconocida. Por el contrario, los espirituales de todas las religiones nos repiten, por su parte, que el ayuno siempre es saludable porque mejora el funcionamiento de nuestro cuerpo, favorece el equilibrio mental y psicológico y, sobre todo, crea condiciones favorables para la vida espiritual. Quien ha ayunado con alguna regularidad, comprueba palpablemente que son ciertas esas razones esgrimidas.

Pero, ¿qué opina Jesús sobre el ayuno? En el evangelio alguna vez aparece Jesús ayunando, pero no canoniza en ninguna norma esta recomendable práctica. A lo más identifica como bienaventuranza “el hambre y la sed de justicia”. Pero este ayuno es de otro orden distinto, no necesariamente alimentario. En el relato evangélico que nos ocupa, añade algo más para el discernimiento: Hay algo que es superior al mismo ayuno y que lo relativiza: la presencia del “Novio” en medio de sus amigos. Coloca su relación con los suyos en un horizonte nupcial, de alianza. Con Jesús presente no cabe el duelo, sino la fiesta. Su cercanía es motivo superior de alegría incontenible y de la fiesta desmesurada. Ya habrá tiempo para el ayuno, cuando falte. El ayuno, según esto, tiene su sentido en su ausencia, en su espera,… es signo de la nostalgia, disposición de espera, sello de que nada llena de sentido y plenifica la vida como la cercanía del Hijo de Dios.

Jesús hoy no es visible, pero no es un ausente. Reconocerle en su comunidad requiere una especial sensibilidad y, además, capacidad de acogida. Esta es la llamada que hoy nos dirige la Palabra: Cambia tu mirada, ensancha tu corazón, reconoce en la fe su presencia y hazle fiesta… No vayamos a recibir el reproche que Samuel hace a Saúl, tal como relata la primera lectura de hoy: “¿Por qué no has obedecido al Señor?”.

Vuestro amigo y hermano,
Juan Carlos cmf

Comentarios

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benjmo
benjmo

el 16/1/12
Excelente comentario. Gracias.
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jose manuel
jose manuel

el 16/1/12
Comprendiendo el evangelio de hoy me gustaría decir que, ayunar un día por semana, si se puede, beneficia al espíritu de cada cual y también beneficia a la humanidad en su conjunto. Un saludo a todos.
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Elvia Rosa B
Elvia Rosa B

el 16/1/12
ser servidor del señor es saber discernir su mensaje puesto que el nos da capasidades. entendimiento y sabiduria si ponemos en practica estos tres dones seguro que el nos hara ver su salvacion;
hermanos que no nos pase como a saul sepamos descinir los precepto que el señor nos da atraves de sus elegidos
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Amanda Fion
Amanda Fion

el 16/1/12
Precioso su comentario, muy explicito y alentador Gracias!! : )
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