Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz. Misionera Claretiana

Hoy es un día para orar por la familia, por todas las familias y saber que el mismo Dios quiso vivir en familia. Desde muy pronto, la teología cristiana vio muy pronto que esto de “ser familia” tiene mucho que ver con el Dios cristiano. Lo más claro es Jesús, en el Dios que se encarna y que lo hace en lo concreto y sencillo de un lugar cualquiera... pero en familia. Eso sí, una familia que no era precisamente la “norma” o lo habitual en la comunidad judía (y sin embargo, familia y familia bendecida por Dios como ninguna otra). Pero esa familia encarnada sólo es reflejo –imagen y semejanza podríamos afirmar- de la familia que es Dios mismo, Dios Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo. Quizá te suene un poco forzado o un poco elevado o un poco... ¡imposible! Quizá. Pero, ¿acaso no sería hermoso creer de verdad que nuestro Dios es familia, que todo ser vivo es familia de algún modo, ¡y cuanto más el ser humano, imagen y semejanza de Dios! Quizá, entonces, pondríamos el acento de lo irrenunciable en otras cosas. No subrayaríamos como lo esencial de la familia cristiana algo que no tuviera que ver con la Trinidad misma... “Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada”, dice Pablo en la segunda lectura de hoy. Ahí está el corazón de la familia, de la sagrada familia y de toda familia que quiera ser santa, que quiera ser más humana y más evangélica.

Un día más, la liturgia pone delante de nuestros ojos y nuestro corazón el amor.... No un amor blandengue que termina en cuanto nos damos la vuelta... No un amor que enjuicia continuamente y supone tener el criterio eterno para decir qué es y qué no es buen, bello y verdadero... No... El amor de Dios Trinidad, el amor de Nazaret hecho humano y limitado, parece que se acerca más bien a esa escucha total y absoluta, esa disponibilidad tan grande que es entrega, esa gracia que acompaña de tal modo a quien se deja, que como si fuéramos un niño más, nos hace crecer y robustecernos, llenarnos de sabiduría... Es decir, nos hace ser un poquito más como Jesús, que “iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Que así sea.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz. Misionera Claretiana (rosaruizarmi@gmail.com)

Comentarios

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Yasmín
Yasmín

el 30/12/11
El amor es en definitiva la ùnica norma divina...
Es el arma màs poderosa que tenemos para vencer al mal.
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macadenen
macadenen

el 31/12/11
me gusto la reflexion en la que usted dice que cada vez debemos ser mas como Jesusito, y asi robustecernos y llenarnos de sabiduria. Felices fiestas!
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