Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf

Querido amigo/a:

La Virgen María, la Madre de Dios, nuestra Madre, es otra de las protagonistas del Adviento, como no podía ser menos. Nos volveremos a encontrar con ella el próximo día 12 de este mes, bajo la advocación de Ntra. Sra. de Guadalupe, muy venerada en el continente americano. Hoy la contemplamos bajo el misterio de su Inmaculada Concepción, recordando su disponibilidad a Dios, su sí a Él, y la puerta que esta aceptación y entrega supuso y supone para todos los creyentes: nada más y nada menos que el nacimiento de nuestro Salvador, que dentro de poco celebraremos.

Dos ideas por si te ayudan a vivir esta jornada de la mano de María.

1ª Si el cristianismo fuera una ideología, una ideología no necesita de una madre. Pero como el cristianismo es fundamentalmente el encuentro con la persona de Jesucristo, para dicho encuentro sí necesitamos de la Madre de “ese” con quien nos queremos encontrar, porque ella nos lleva a su encuentro. Por eso, cada vez que oramos a Dios con María, le estamos diciendo: “María, muéstranos a tu Hijo”. Pídeselo hoy. Pídele a nuestra Madre que te ayude a conocer más a Jesús, para amarlo más y seguirle mejor.

2º. De las lecturas de hoy, me quedo con el imperativo que el Arcángel le dice a María de parte de Dios: ¡alégrate! Es la primera palabra, es el saludo, es el resumen de todo su mensaje. Alégrate porque eres llena de Gracia, porque el Señor está contigo. El pueblo cristiano tiene la bonita costumbre, que mucha gente mantiene, de rezar el Ángelus a las doce del mediodía, en silencio, interiormente, en medio del trabajo. Y esta bella oración recoge esta secuencia de la Anunciación que hoy meditamos de la mano del evangelista San Lucas.

Deberíamos recordar más a menudo, cuando rezáramos el Ángelus y oráramos con María lo que el Arcángel le mandó: ¡alégrate!; y lo que ella supo vivir incluso en medio de la oscuridad de la incomprensión en el momento más duro de su vida al pié de la cruz. Una alegría interna que la ayudó a esperar y no desesperar, a mantenerse en pié.

Celebrar a María es recordarnos que tenemos una Madre en el camino del seguimiento de Jesús, que no estamos solos. Es recordarnos que la fe es un camino de alegría, porque el Señor está con nosotros. Y cuando lo olvidemos, basta con mirar a la Madre, cómo ella lo vivió; su sí fue plenificado, su confianza no quedó defraudada. Ella nos recuerda que este camino, que esta apuesta es, incluso cuando todo parece perdido en medio de la noche, de ganadores.

¡Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros!

Vuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

Comentarios

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sofi pulido
sofi pulido

el 8/12/11
Gracias María madre nuestra por enseñarnos con tu Sí a obedecer y Esperar, protégenos y llevanos hacia tu Hijo Jesús Señor Nuestro.
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MAYELA.
MAYELA.

el 9/12/11
María Madre, en ella habita la presencia de Dios Padre, acepta su misión voluntaria de amor, paciencia y dolor. Trae al mundo la luz que ha de guiarnos por los caminos del Señor. En la cruz Dios nos la entrega como Madre, su amor maternal nos acompaña siempre...Madre Misericordiosa, llévame a la presencia de Jesús. Amén.
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Elvia rosa B
Elvia rosa B

el 9/12/11
Que dicha saber que Dios por su infinito poder y misericordia quiso dignificar a la mujer en la persona de María pues es maria el modelo perfecto a la que toda mujer debe imitar ya que solo así descubriremos la presencia de su hijo y la conversión que su madre fue santa y es santa porque Dios la eligió desde su concepción como puente divino para llegar a el. hermanos demos gracias a Dios por regalarno a su madre para que por nuestra fe en el y ella intersidira por cada uno de nosotro
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