Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

 

La espera y la esperanza

En el corazón el hombre, de todo hombre, habita un anhelo de bien, de felicidad, de plenitud, en definitiva, de salvación. Este anhelo puede revestirse de los más diversos ropajes, de las ideas y representaciones más dispares, pero, en el fondo, todos deseamos que nos vaya bien, que nuestra vida no se malogre; y esto incluye, naturalmente, que tal suerte abrace también “a los nuestros” (cuyos límites, si bien se piensa, se ensanchan hasta incluir a la humanidad entera). Es una sed de amar y ser amado bajo la que late el secreto deseo de Dios. Podemos racionalizar este deseo de mil formas: confiando en una futura realización fruto del progreso de la humanidad, esa idea tan activa y potente de la época moderna, como indefinida y confusa; o bien, negándolo, diciéndonos (cómo hacen los “postmodernos”) que es una utopía irrealizable y resignándonos a ello. 

La fe cristiana (ya desde sus raíces veterotestamentarias) nos dice que ese deseo no es una utopía huera y sin esperanza. Pero nos recuerda también que no es algo que el hombre pueda construir con sus propias y solas fuerzas. La tentación de crear torres de Babel es permanente en la historia humana. Sabemos bien cómo suelen terminar: puesto que una tarea imprescindible para alcanzar la plenitud del bien (el bienestar y la justicia) es la eliminación del mal en todas sus formas, los intentos de realizar la utopía suelen empezar por la tarea de destruir el mal y lo que se consideran sus causas, lo que suele terminar en algún régimen de terror que se dedica sobre todo a destruir a los malvados (a los que la utopía de turno así califica). 

Lo que la fe cristiana nos dice es que ese anhelo que habita en el corazón del hombre y que lo sostiene en la dificultad y le hace esperar la superación del mal que le atenaza, es un don de lo alto, un don de Dios, igual que la vida, la libertad y la dignidad humana. ¿Supone esto, acaso, una invitación a la pasividad, a “esperar sentados”? No, en modo alguno. La esperanza cristiana es una espera activa que prohíbe toda pasividad. Jesús lo expresa hoy con una plasticidad insuperable: estar a la espera significa velar; y velar significa realizar con responsabilidad la tarea que se nos ha confiado. Decía Ortega que la vida es quehacer, pues la vida nos da mucho que hacer. Y es verdad. Se nos ha entregado un espacio de responsabilidad y, lo queramos o no, tenemos cosas que hacer. Para vivir con responsabilidad y hacer las cosas que tenemos que hacer, no de cualquier manera, sino “bien”, como se deben hacer, hay que vivir conscientemente, con los ojos abiertos, con el corazón despierto. De esa manera, emerge a nuestra conciencia la tensión de la esperanza que se activa por ese anhelo originario de bien que nos habita por dentro inevitablemente, pero a veces de manera inconsciente, a veces aturdida por el aluvión de las preocupaciones cotidianas, como árboles que nos impiden ver el bosque. La esperanza activa y consciente nos abre los ojos para descubrir que nuestro anhelo de bien y plenitud tiene sentido y, por eso, tienen sentido nuestros esfuerzos y quehaceres cotidianos, que no se limitan a maniobras de distracción para una supervivencia efímera y condenada a la nada. 

La Navidad es el rostro concreto de la esperanza cristiana, la respuesta que la fe cristiana ofrece a ese anhelo latente del corazón humano. Pero hemos de tener cuidado. Celebramos litúrgicamente la Navidad, le ponemos fecha, podemos programarla gracias al calendario. Mas lo que la Navidad significa y representa no es posible programarlo a fecha fija. No es posible programar, por ejemplo, la adquisición de la virtud, ni el acontecimiento del amor. Nos haría sonreír con incredulidad si alguien nos dijera que, dadas sus ocupaciones, ha planeado enamorarse justo dentro de un año y medio, y que calcula que en tres años de ejercicios continuados (según las indicaciones de un artículo de las Selecciones del Rider´s Digest) habrá alcanzado la virtud de la paciencia (y, ya puestos, en uno más la de la prudencia). Las dimensiones más importantes de la vida no son el cumplimiento voluntarioso y previsible de un plan, sino un acontecimiento que se hace presente en la vida como un don. Y, sin embargo, no es un don totalmente inesperado: es, por el contrario, aquello que hemos esperado largo tiempo, por lo que nos hemos esforzado poniendo las condiciones para que ese acontecimiento tenga lugar alguna vez, sin que, sin embargo, podamos forzar su advenimiento. 

El Señor viene a nuestra vida. La Navidad no es sólo el recuerdo de un hecho histórico sucedido de una vez y para siempre, no es, sobre todo, una efeméride en el calendario. La encarnación del Hijo de Dios en la historia de la humanidad hace unos 2011 años es un acontecimiento que debe suceder de nuevo en la vida de cada uno de nosotros. Cada cual tiene su historia. Aquí no caben esquemas fijos ni fórmulas preconcebidas. Pero sí cabe permanecer en vela, abrir los ojos, purificar el corazón, esforzarse por el bien, elevar al Señor una plegaria, en definitiva, vivir en esa activa esperanza en que una conciencia despierta convierte el anhelo humano de plenitud y felicidad. 

Que nadie piense que para él ese acontecimiento está vetado: Dios adquiere rostro humano para todos, y llama a la puerta de cada uno. Y que nadie crea que para él eso ya ha sucedido (pues tiene ya fe y la practica): el que cree haber abierto ya la puerta ha de saber que ese acontecimiento nunca está concluido del todo, y debe realizarse siempre de nuevo a un nivel de mayor profundidad. Pues así como nadie le es a Dios extraño, tampoco puede creer nadie que ya lo conoce o posee suficientemente. 

La verdadera esperanza consciente y activa nos libra de la desesperación y de la presunción. La palabra que Jesús nos dirige hoy es una llamada esencial, dirigida al centro del corazón humano, de todo hombre: “Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”; es decir, no os encerréis en esquemas estrechos y rígidos; no os dejéis amodorrar por la rutina; no seáis prisioneros de vuestras seguridades (ni siquiera de vuestras pretendidas virtudes y buenas obras); no le pongáis puertas al campo, ni queráis encerrar al sol en aerosoles; abríos a dimensiones nuevas, abrid los ojos y el corazón, levantad la cabeza, el horizonte es más grande que vuestra mirada y la medida de vuestros sueños mayor que el recorrido de vuestras piernas. 

Que nuestras limitaciones (que tan claramente experimentamos) no nos hagan desesperar de nuestras posibilidades, infinitamente mayores que aquellas, sencillamente por la fuente inagotable de nuestro origen: “Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”. 

Comentarios
Blanca. Blanca.
el 26/11/11
Me quedé sentada, con la esperanza en que aquel problema tan grande se iba a resolver. Dios lo haría.
Me confrontaron: ¿Que puedes hacer tu? ¡Ah! Pues irme a personas especializadas, buscar ayuda, aprender a solucionarlo, a ser fuerte, asertiva y un montón de cosas más. El problema se encauzó, con el esfuerzo de toda la familia. Ahora permanezco atenta, con la esperanza puesta en Dios, pero sabiendo que yo tengo que hacer lo que a mi me "toca". Esperanza activa, diría quien me lo hizo ver.
Me gusta 0
victoria victoria
el 26/11/11
La frase central del evangelio de hoy es:"Velad porque
no sabeis cuando vendrá el Señor de la casa".
Nos habla del portero,que debe estar vigilante porque no sabe cuando a de volver el señor de la casa.Puede
volver,a cualquier hora del día o de la noche.Pero..que
no se lo encuentre dormido.El dueño,de la casa es
Cristo.
La atención se concentra en una sola:La del portero.
Tiene que estar en guardia -en todo momento - y
también de noche..o sea ,"VELAR".
El evangelio,termina, con el mensaje de Jesús"Lo que
os digo a vosotros -los apóstoles-lo digo a todos los
discípulos de siempre."
Porque el evangelio,no son cosas que se dijeron en
tiempos pasados.Ya que,en cada una de sus páginas
Cristo nos habla hoy.Y que cada uno de nosotros
sabremos de que forma,en que lugar,o » ver comentario
Me gusta 0
Sara Maria Sara Maria
el 27/11/11
Efectivamente, la vida es un continuo ejercitar la esperanza por media de, digamos un estar en vela, para que nuestros ojos no se aparten de la mano de Nuestro Senor, es maravilloso el don de la fe, pero ha de cultivarse y refrescarse continuamente con la palabra de Jesus en el Santo Evangelio. Es necesario velar porque no sabemos ni el dia ni la hora, lo que si sabemos es que las manos del Senor estan siempre abiertas para nosotros.
Me gusta 0
Jose del Carmen Jose del Carmen
el 27/11/11
B: Gracias.
JC
Me gusta 0
carlos roa carlos roa
el 27/11/11
la reflexion de la eucaristia de hoy,es muy diciente para nuestro diario vivir y acontecer. nuestra preparacion a la segunda venida ha de traerse desde siempre,eliminando nuestros dioses mundanos o nuestros apegos terrenales,sumando a ello nuestra continua solicitud de penitencia a los males o faltas que hallamos podido cometer,y que hacen peso en nuestra conciencia. Buen momento es este "ya que" iniciamos la preparacion (tiempo de adviento)a la recorrecordada natividad del salvador. La vigilancia ha de ser firme y sin dar opcion a la duda.Las cuentas las entregaremos limpias y por la puerta que es,en este caso,la que debemos escoger es la que trae el camino angosto,con sufrimientos y desdenes pero con levantadas poderosas llenas de espiritualidad.


Me gusta 0
Carmen S Carmen S
el 27/11/11
GRACIAS SEÑOR por recordarme especialmente en este tienpo de adviento tu venida al mundo que mis limitaciones humanas no me inpidan reconocerte en los que mas sufren son tus preferidos
Me gusta 0
ROGELIO F. ROGELIO F.
el 27/11/11
La diferencia entre el mundo alejado de Dios y el mundo que pretende seguir los consejos de Jesús, radica en la ESPERANZA. Con ella somos capaces de cambiar no solo nosotros mismos, sino lentamente esas estructuras que han dejado tirados a miles de hermanos nuestros que se dejaron vencer por la desesperanza. Seamos una Iglesia de Esperanza
Me gusta 0
U.SALDAÑA.M U.SALDAÑA.M
el 28/11/11
ROGELIO F. : La reflexión que emites te lleva a concluir que debemos constituir una "Iglesia de Esperanza". Discúlpenme tú y nuestra amiga BLANCA si me atrevo a parafrasear aquí también la conclusion de ella como una "Esperanza Activa", para consolidar explícitamente lo que tú implícitamente estás también recomendando.
Saludos a todos
Me gusta 0
U.SALDAÑA.M U.SALDAÑA.M
el 28/11/11
ESPERANZA ACTIVA ==> "Ora et Labora" ó "A Dios rogando y con el mazo golpeando"
Me gusta 0
Jacky Former Jacky Former
el 28/11/11
Esperar la segunda venida es ignorar las venidas cotidianas de Cristo, es no descubrir los signos que nos acompañan que hacen evidente la Presencia del Resucitado, es no dar respuesta al verdadero mensaje de Jesús cuando nos propone VELAD!, es olvidar que nuestro Dios “no es un dios de muertos sino de vivos”.
La venida es AHORA, en el ahora de cada uno de nosotros, no hay que esperar porque El está viniendo constantemente.
Si nos empeñamos en hacer participar al factor tiempo en nuestra fe creo que estaremos inventando un dios mítico, antropomorfo, sujeto a las condiciones de la naturaleza. Un “diosecillo” que mas que dar Vida daría pena.
Me gusta 0
daniel daniel
el 30/11/11
el evangelio nos ayuda entender mejor lo de jesus
Me gusta 0
daniel daniel
el 30/11/11
el evangelio nos ayuda entender mejor lo de jesus
Me gusta 0
garay g garay g
el 30/11/11
ESPERANZA ACTIVA ==> "Ora et Labora" ó "A Dios rogando y con el mazo golpeando"
0
U.SALDAÑA.M
hace 2 días, 14 horas
Esperar la segunda venida es ignorar las venidas cotidianas de Cristo, es no descubrir los signos que nos acompañan que hacen evidente la Presencia del Resucitado, es no dar respuesta al verdadero mensaje de Jesús cuando nos propone VELAD!, es olvidar que nuestro Dios “no es un dios de muertos sino de vivos”.
La venida es AHORA, en el ahora de cada uno de nosotros, no hay que esperar porque El está viniendo constantemente.
Si nos empeñamos en hacer participar al factor tiempo en nuestra fe creo que estaremos inventando un dios mítico, antropomorfo, sujeto a las condiciones de la naturaleza. Un “diosecillo” que mas que dar Vida daría pena
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.