Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

En la lectura evangélica de hoy se nos entrelazan dos parábolas: la del pretendiente al trono y la de la explotación de los dones recibidos (“minas”). Son fácilmente separables; de hecho en Mateo (25,14-30) encontramos la parábola de las minas (allí llamadas “talentos”) sin el marco de la investidura real. Por lo demás, los oyentes de Jesús pudieron percibir que se trataba de dos piezas muy diferente: una especie de alegoría pedagógica sobre deberes de la vida cotidiana y una historia muy real y dolorosa vivida por muchos de ellos: el reyezuelo coronado en el extranjero (Roma), luego inmisericorde degollador de sus opositores, había sido Arquelao (que se menciona en Mt 2,22).

Pero en boca de Jesús, ambas piezas tienen una notable unidad de contenido: se trata de la acogida del don de Dios, cuya expresión culminante es Jesús mismo; Él y su palabra son del don insuperable. Jesús lamenta que el pueblo de la alianza, a lo largo de su historia y en el momento presente, no siempre ha acogido y hecho fructificar su situación religiosa privilegiada; a veces ha tenido pereza, comodidad, o indecisión por miedo a no estar a la altura, y eso le ha paralizado. Por otro lado, Jesús mismo –el plenipotenciario de Yahvé, de quien ha recibido su peculiar “investidura real”- está chocando con indiferencia e incluso oposición en el judaísmo de la época. Lo uno y lo otro son caminos por los que Israel se destruye en cuanto pueblo elegido. Jesús habla, por tanto, de la seriedad del momento y la responsabilidad que comporta el don de la elección. Años más tarde, San Pablo lamentará la “apostasía de Israel” a pesar de que se le había dado “la adopción, la gloria, las alianzas, la ley, el culto, las promesas y los patriarcas, y de quien incluso procede Cristo según la carne” (Rm 9,4-5).

Pero el evangelista no escribe para saciar curiosidades históricas sobre lo sucedido siglos o decenios atrás en Palestina; lo que le interesa es orientar a su comunidad, liberarla de despistes y mantenerla despierta. Cuando se escribe este evangelio –hacia finales del siglo I- el tiempo ha ido pasando y el fin del mundo no ha tenido lugar, como muchos esperaban. La iglesia necesita afianzarse en una fidelidad duradera, poniendo cada uno sus talentos a rendir según las necesidades de la comunidad cristiana. Por otra parte, Jesús, su Señor y su Rey, está siempre en medio de ella, pero cada día se acerca con un mensaje nuevo, con una llamada diferente. Seguro que nadie le rechaza expresamente –como hicieron aquellos ciudadanos de la parábola-, pero hay peligro de hacerse remolones, de no darse por enterados, de no percibir al Señor que pasa… Sería el camino para perecer como comunidad cristiana.

La traducción para nosotros hoy es sencilla. Siempre nos amenaza el riesgo de decir como aquel necio: “mi amo tarda en llegar”, y dejar las cosas (la escucha exigente de Jesús, la entrega al servicio fraterno,…) para no sabemos cuándo. Hoy Lucas hace sonar la alarma. 

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

Comentarios

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José Alberto
José Alberto

el 16/11/11
Estimado Sr. Director:
Le voy a pedir un favor. Si pudiese poner el comentario, por favor, para esta tarde o mañana por la mañana, se lo agradeceríamos infinitamente.
Atentamente le saluda afmo en el Señor
José A.
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ciudadredonda
ciudadredonda

el 16/11/11
Supongo que se refiere usted al comentario del Domingo. Lo sentimos pero no nos ha llegado aún. En cuanto lo recibamos lo publicaremos, como hacemos habitualmente.
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katyuska
katyuska

el 16/11/11
EL evangelio de hoy es san lucas y es muy parecido al de el domingo pasado que lo escriibio san mateo parecen iguales pero apenas hay diferencia, pero yo ,en mi corto entender creo que si, mateo nos habla de talentos ,que recibimos de DIOS y que quiere que los pongamos en practica segun nuestra capacidad no quiere que nos quedemos parados, en cambio lucas,nos habla de onzas de oro,y de un noble que se marcha y deja su capital asus subordinados para que en su ausencia su nogocio no se quede estancao , cuando regreso pidio cuentas y se las fueron presentando el primero y el segundo muy bien pero el tercero escodio la moneda y se la entrego a su señor pero este se enfado mucho por su neglicencia ,no porque la onza no hubiera dao intereses sino por la vagancia de este empleao. SEÑOR M » ver comentario
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MAYELA
MAYELA

el 17/11/11
Cada día en nuestra vida es signo de atención al Señor. Nuestro proceder es la moneda de la que daremos cuenta, cuando venga a nosotros. Jesús en su sabia palabra, no los recuerda, no sabemos cuando llegará, solo estemos atentos al cumplimiento de su palabra...Señor, que ante tu presencia me haga digna de la vida que te he de presentar. Amén.
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