Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

Una esperanza activa


Nos acercamos paso a paso al final del año litúrgico y la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre eso que llamamos el fin del mundo. Algunos han considerado que esta doctrina cristiana del fin del mundo era una forma algo tétrica de asustar a la gente. Pero ahora resulta que, en estos tiempos de crisis ecológica y agotamiento de los recursos, estamos casi palpando los límites del mundo y sintiendo la inquietud de que, si seguimos por este camino, la vida (al menos la humana) sobre la tierra se hará inviable. Y, ante esta perspectiva amenazante, nos sentimos llamados a actuar de manera responsable: usar con medida los recursos de la tierra, para que alcancen para todos, también a las futuras generaciones. Pues bien, a esta responsabilidad fundamental es a lo que nos llama hoy Jesús con la parábola de los talentos. Y no sólo respecto de los recursos de la tierra, sino en general, respecto de los recursos de que disponemos personalmente cada uno. Porque el fin de mundo no es sólo un acontecimiento cósmico posible más o menos remoto, sino que tiene también un dimensión estrictamente personal: es la certeza de que la vida humana, la de cada uno de nosotros, es limitada y de que llegará el momento en que habremos de rendir cuentas con lo que hemos hecho en y con ella. Así, esta parábola completa la que meditamos la semana pasada: porque nuestro presente no está cerrado sobre sí mismo, estamos a la espera de un acontecimiento futuro que se anuncia con tonos festivos (la venida del esposo, la celebración de una fiesta), pero que también es una llamada a la responsabilidad, un rendimiento de cuentas. Lo que significa que la espera no es, no debe ser, una actitud pasiva y ociosa. Si la parábola de las vírgenes nos avisaba de que la espera ha de ser prudente (hay que hacer provisión de aceite), ahora se subraya ante todo la necesidad de que no sea ociosa, sino activa y, por tanto, productiva.

No hay nada de tétrico en todo esto. La responsabilidad es parte de nuestra vida, porque es parte de nuestra libertad. Nuestras acciones son nuestras, de cada uno, y por eso cada uno se convierte en responsable de lo que hace. La vida es un don a nuestra disposición, pero, como es vida, es también dinamismo, tarea, tendencia a crecer, capacidad de dar frutos, de producir, de multiplicarse. Como sucede en el campo de la ecología, nuestros recursos vitales (capacidades naturales, habilidades adquiridas, relaciones, medios materiales y de cualquier otro tipo, etc.) son limitados, como es limitado el plazo temporal de nuestra responsabilidad. Por eso, hemos de discernir con cuidado qué hacer con todo ello. La vida es una cosa seria, no hay que tomársela a broma. Hay que saber invertir los talentos recibidos para que nuestra vida sea fecunda. Jesús, en su parábola, elige bien la comparación: la toma del ámbito económico, porque ahí la cosa es más patente, aunque sea claro que la inversión de la que habla es de otro tipo. Nuestra vida da réditos y frutos y se hace fecunda en la medida en que nos esforzamos por hacer el bien. Hay aspectos de la vida (producir arte, o ciencia y conocimiento, o grandes intereses económicos) que no están al alcance de todos, no todos han recibido talentos para ello, pero cada uno, con lo que ha recibido, poco o mucho, puede esforzarse en hacer el bien, en multiplicar la alegría y no la tristeza, en acoger al que sufre, en vivir con justicia… etc. Porque estas cosas dependen estrictamente de nuestra voluntad. En este sentido, nadie ha recibido muchos o pocos talentos, sino que cada uno tiene los suyos, y se le pide que los haga fructificar en la medida de sus posibilidades. La responsabilidad es un hecho absoluto, pero proporcional. Por eso a cada uno se le piden frutos acordes con los talentos recibidos. La fidelidad no es cuestión de tallas ni de tamaños. El que es fiel, lo es en lo pequeño y en lo grande. Y la fidelidad en las pequeñas cosas de cada día es el mejor entrenamiento para garantizar la fidelidad cuando lleguen, si es que llegan, los momentos difíciles y las grandes pruebas.

El elogio de la mujer hacendosa de la primera lectura no es necesario leerlo en clave sólo femenina, sino que es el elogio de la persona responsable, que se toma la vida en serio y multiplica el bien en torno a sí, mejorando el mundo en el que le ha tocado vivir.

Además, como no sabemos el día ni la hora de nuestro particular fin del mundo, como nos recuerda Pablo en la segunda lectura, no hemos de perder el tiempo. Nunca es demasiado pronto para empezar a hacer el bien, y nunca es demasiado tarde para intentarlo. El momento presente en que nos encontramos, ese es el talento que hemos de invertir y hacer fructificar. No estamos hablando de una ética obsesiva del trabajo. Ya hemos dicho que el símil económico hay que tomarlo como comparación, como parábola. En la vida hay tiempos para trabajar y descansar, para velar y para dormir, como los hay para llorar y para reír (cf. Eclesiastés 3, 1-8); pero siempre es “tiempo propicio, día de salvación” (cf. 2Cor 6, 2); porque en todo tiempo hemos de evitar el mal y tratar de hacer el bien, de modo que “despiertos o dormidos, vivamos con él” (1 Tes 5, 10).

Y ¿qué pasa con el que devolvió el talento sin producir frutos? ¿Es que eso no es suficiente? ¿No se nos presenta aquí una imagen algo rigorista de la responsabilidad cristiana ante Dios? En realidad, no. El que entregó el talento, después de haberlo tenido escondido sin producir frutos, es como el que devuelve una vida que él mismo ha convertido en estéril. Que ha de entregarla es claro, pues, al margen incluso de que seamos o no creyentes, no vamos a vivir siempre. La vida que hemos recibido (de Dios, si somos creyentes, del azar o la necesidad, si no lo somos) acabaremos por devolverla tarde o temprano. La vida del siervo holgazán es la parábola o el icono del que ha vivido sin responsabilidad. Es un fenómeno frecuente, en realidad una tentación permanente y, según creo yo, el corazón mismo del pecado: tomo la vida y la libertad (mucha o poca) que comporta, pero yo no respondo ante nadie. Hago lo que quiero, soy ley para mí mismo, pero que a mí nadie me venga a pedir cuenta de mis actos. Para enterrar en un agujero el propio talento hay que tomarse algunas precauciones. Por ejemplo, no transgredir aquellas convenciones sociales (como las leyes) por las que la sociedad me podría multar o castigarme con la cárcel. Además, como esas convenciones se van estirando bastante en muchos aspectos (por ejemplo, en cuestiones de ética sexual y bioética; aunque todo hay que decirlo, en otras se extiende un moralismo cargante: por ejemplo, en la persecución de los fumadores), la posibilidad de disponer de la propia libertad de manera irresponsable se amplía notablemente. El único problema es que una vida así, que tal vez no hace nada malo, pero tampoco nada bueno, se hace estéril y al final no tiene nada que ofrecer. El que vive así, si ha tenido suerte, puede ser que se lo haya pasado muy bien, pero su vida, aunque tal vez sea envidiada por muchos, no será admirada por nadie, porque nada ha producido. ¿Qué significa que el señor era un hombre exigente, que segaba donde no sembraba y recogía donde no había esparcido? Tal vez haya que entenderlo en el sentido ya indicado de la seriedad de la vida, que por sí misma es dinamismo, crecimiento y también riesgo. “Enterrar” los propios talentos, las propias posibilidades es una traición al don de la vida.

En resumen, la parábola de los talentos es una llamada, en primer lugar, a la acción de gracias: hemos recibido algunos talentos, muchos o pocos, pero precisamente los nuestros. Hemos de reconocerlos con agradecimiento y sin envidia. Nuestra fe no sólo no prohíbe un sano nivel de autoestima, sino que nos lo exige, al considerar positivamente los dones que Dios nos ha dado. En segundo lugar, nos llama a la responsabilidad: esos dones son realidades vivas, semillas llamadas a dar fruto. Nuestra libertad ha de ponerse manos a la obra para que, en la medida de nuestras posibilidades, el mundo se haga un poco mejor gracias a nuestra aportación (que, por otro lado, nadie puede hacer por nosotros). Por fin, nos llama también a la esperanza: contra todas las posibles evidencias, hacer el bien (ser justos, decir la verdad, sacrificarse por los demás, etc.) no es ni inútil ni cosa de ingenuos, sino una inversión a largo plazo que dará frutos a su tiempo.

Cuando tratamos de vivir así, nos abrimos a esas dimensiones ultimas (escatológicas), a los valores que no pasan, a la eternidad de Dios que se ha hecho presente en la historia humana por la encarnación de Jesús. De este modo, anticipamos sin miedo el “fin del mundo”, justamente aquello que en el mundo es definitivo y no pasa nunca, y que se sustancia en el amor.
 

Comentarios
katiuska katiuska
el 10/11/11
tenemos miedo ,no ariesgamos: DIOS nos pone todo en nuestras manos ,nos da libertad ,pero quiere que nos pongamos manos a la obra, nunca nos va a exigir mas de lo que podamos hacer porque es compasivo pero un poco exigente . el primer empleao y el segundo ,se pusieron en segida atrabajar, y cuando llego dueño le prsentaron las ganancias muy cotentos porque sus esfuerzos no habian sido en balde, en cambio el tercero emplea una actitud extraña, tiene miedo del amo , y guarda el talento no lo invierte ,por tanto no le da ganancias .PERO el señor, lo codena por neglicente por perezoso . PERO este tercero tine una edea mezquina del señor le tiene miedopor eso actua asi .JESUSha dejado en nuestras manos el proyeecto del PADRE que entre todos hagamos un mundo , mas justo, mas humano , quier » ver comentario
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Luis Enrique Luis Enrique
el 12/11/11
La parábola de los talentos, es una invitación a multiplicar la vida de la gracia a los demás que Dios ha puesto en nuestras manos. Como decía s.s Benedicto XVI al inicio de su pontificado: "El Señor sabe trabajar con herramientas insuficientes.." Asi el el Señor sabe a quien encomienda sus bienes. LLama mucho la atención la expresión y la aclaración del Evangelio "... Cada uno SEGÚN SUS CAPACIDADES. Lo cual significa que el Señor nos pide aquellos que somos capaces de dar, de otro modo sería un Dios injusto que nos pide lo que no podemos dar.
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vestina vestina
el 12/11/11
muy bonito tu comentario Katiuska,sincero y sencillo.
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SaulRamiro SaulRamiro
el 12/11/11
Debemos recalcar que Jesús en su parábola emplea la palabra encargo: no dice que repartió sus bienes ni menos que los regaló... Así los que recibieron el encargo no es para beneficio propio ni mucho menos, no es para lucro, no es para vanidad u orgullo no es para justificación propia... Además también recalca que hay que devolver esos bienes, y no solo eso, sino que habrá que producir más con ellos... Hablemos de 'uno' de sus bienes del Señor: la Misericordia, muchas veces escuchamos esta oración: Señor ten Misericordia de mi... Pues, si la oración parece ser no escuchada, es por que el que ha recibido el encargo de ese bien no le esta cumpliéndo al Señor... Ahora nos damos cuenta que por ejemplo la Misericordia de Dios está en manos de algunos encargados, y por supuesto q » ver comentario
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Alejandra Alejandra
el 13/11/11
El Señor es generoso con todos, somos nosotros los que tenemos que saber fructificar lo que Él nos ha dado sabiendo sacar muchos intereses en beneficio de los demás y compartiéndolo con ellos ya que todo ello no es para nosotros. Asímismo tenemos que saber acoger los dones de los demás que son riqueza de ellos y nuestra.
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francisco francisco
el 13/11/11
Cuántos talentos nos da Dios y cuan ciegos que somos para reconocerlo y reconocérselos a él que es de quien nos viene. "Enterrar" un talento es ocultar un don, ocultar el regalo que nos hace Dios en nuestras vidas para compartirlo. La vida es el mayor regalo que nos hace Dios para compartirlo, no la enterremos, sino compartámosla. ofm.
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victoria victoria
el 13/11/11
El mensaje de la parábola de los talentos,no es ofrecer cantidades,sino,la necesidad de ponernos a trabajar con los dones que Dios nos ha dado. Fijando nuestra mirada en la meta final de la esperanza,haciendo de ella un compromiso presente de fidelidad y realización de la propia tarea. Es necesario ofrecer al mundo signos creibles de una auténtica esperanza. Seamos fieles y auténticos. Comprometidos,con la paz, la dignidad y la solidaridad. Viviendo en comunión con todos los hombres y mujeres de la tierra, en todos los
niveles.Espirituales,culturales y materiales. Haciendo
visible,lo que,de alguna manera será el reino de Dios en su etapa final.
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Mar Pulido Mar Pulido
el 13/11/11
Dios es tan generoso que nos otorgo todo para ser felices, pero somos mal administradores y hemos derrochado, tenemos un mundo cansado de lo mismo, somos espectadores y el quiere actores, debemos utilizar el talento para producir la mejor obra de Amor, sin ciencia ficción, sin temores, sin egoísmo, sin destrucción; debemos trascender a través del Amor.
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Angelica Rocio Angelica Rocio
el 13/11/11
Asi es DIOS es misericordioso, con los que son fieles a su palabra, asi q ya llego el momento de trabajar, de desarrollar nuestros talentos, empecemos con la humildad, y tratar a nuestro projimo como nos gustaria q ellos nos trataran a nosotros, todo lo que hagamos hacedlo con amor,paraque el dia q el SENOR venga a juzgarnos lo recibiremos con mucha alegria, una vez q hayamos multiplicado nuestro talento.
Bendiciones a todos
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Francisco José Francisco José
el 13/11/11
Dios nos regala la vida. Es el mayor talento que Dios nos da y no debemos enterrarlo en nuestros egoísmos. Cuántos dones nos da Dios y por nuestra cerrazón no sabemos compartilos y hacerlos fructificar. Sácanos señor de nuestra cerrazón y haznos instrumentos generosos de tu voluntad. Ofm.
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Blanca. Blanca.
el 13/11/11
¿Como sabemos los talentos que Dios nos ha dado? Por las acciones buenas que vamos realizando? Por las desgracias que vamos superando con valentía? Por la fe que intentamos inculcar en los que quieren escucharnos? Por la solidaridad? ¿Qué pretende "El Dueño", como puedo saber los talentos que tengo? ¡Qué responsabilidad!
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MARIACARMEN MARIACARMEN
el 13/11/11
DIOS NOS DA MUCHO Y NOSOTROS QUE LE DAMOS A CAMBIO,NADA MAS SIN EMBARGO DUIOS ES COMO UN PADRE QUE HA PESAR DE QUE NOS PRTEMOS MAL EL NOS AMA Y TRATA SIEMPRE DE CORREGIRNOS ,POR ESO HAY RENVIDICAR EL CAMINO,DEJAR ENVIDIAS ,RENCORES Y EL FRUTO Q DIOS NOS DIO Q ES EL AMOR AL PROJIMO REGARLO POR EL MUN DO ,PARA COSECHAR LO QUE EL SEMBRO.
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jimena jimena
el 14/11/11
Jesus nos da talentos y de bemos sacarlos al maximo no so para nosotras mismos si para todos
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Jose del Carmen Jose del Carmen
el 14/11/11
“ tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra”:
Me llama la atención tanto esta frase!,
No me bastaba!, decía YO, cuando hacia algo que consideraba bien…. No bastaba, algo en mi profunda evaluación de conciencia me negaba a aceptarla…. El desierto me mostraba un oasis donde aposentaba para la vuelta en recorrido tras la noche oscura…. Pero aun hay me sentía oído… aun ahí…
Así con ese mido que me embargaba… tras la salida de cada puerto del este al oeste del norte al sur, por los 7 mares, no resolvía aun, porque el miedo…. Qué será que lo que me da miedo…
Leyendo San Pablo, dea poco siento oírle..si, no basta solo hacer el bien…no basta usarlo todo, así ni siquiera lo que tenga y que al final entienda que ni mío es y nunca lo sería… no basta » ver comentario
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PINKIZZZZZZ PINKIZZZZZZ
el 17/11/11
con esta parabola reflexiono
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Chevas Chevas
el 16/11/11
debemos creer al Señor
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angel azul angel azul
el 17/11/11
todos nosotros debemos poner en practica todo lo que nos ensaño el padre todo poderoso porque el quiere que seamos mejoras cada dia para librarnos del mal el nos ama mucho como nosotros a el y tenemos que tener mucha como los cristianos que somos
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amelia g. amelia g.
el 26/11/11
todo mui lindo y recreativo me encanto
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jajajXD jajajXD
el 5/12/11
en la fotografia parece que jesus estaba besando al hombre XD
sobre el comen, al menos me ayudo con mi tarea (pero sigo dudando sobre todo esto)
nos vemos XD
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