Comentario al Evangelio del

Conrado Bueno, cmf

Teresa, sencilla y doctora

Hemos abandonado la lectura continua para recalar en la lectura propia de Santa Teresa.  Maliciosamente, he comprobado que otras mujeres, “Doctoras de la Iglesia”, tienen en su fiesta este mismo texto evangélico. Texto que, curiosamente, no aparece ni siquiera en la lista de evangelios para el “Común de doctores”. ¿Es que sólo las mujeres son las “sencillas”? ¿Por qué no decir de ellas, como de los doctores varones, que son “luz del mundo y sal de la tierra”? Esta observación parece dar la razón al que afirmó: “Fémina inquieta y andariega… enseñando, como maestra, contra lo que San Pablo enseñó mandando que las mujeres no enseñasen” (El nuncio Felipe Sega, 1577). Quede sólo en anécdota curiosa. Menos mal que en su estatua de la Basílica de San Pedro se lee esta inscripción: “Madre de espirituales”. Por eso, un hombre bueno e inteligente, en 1970, la declaró doctora de la Iglesia.

Esta observación nada quita a este texto evangélico tan bello. Podemos distinguir tres tiempos. Comienza en tono de oración al Padre, igual que en el momento sublime de la Última Cena. Jesús se arranca con una acción de gracias al Padre por la actitud de los sencillos de corazón, capaces de abrirse y comprender el don de Dios.  Y Dios se revela a los humildes; nos descubre su misterio, su intimidad: El Padre ama y conoce al Hijo, y el Hijo conoce y ama al Padre. Y Jesús, el Hijo, nos descubre al Padre del cielo. Cómo resuena aquí el evangelio de San Juan: “El Padre ama al Hijo y ha puesto en sus manos todas las cosas”.  Desde esta intimidad queda clara la invitación de Jesús: “Venid a mí”. Pongamos rostro y voz a esta invitación del Señor: “Venid a mí”. No hacía falta, pero nos explica la razón: seguir a Jesús es exigente, pero no agobiante; su yugo es suave y su carga ligera. Qué lejos y diferente de los fariseos que echaban fardos pesados, llenos de preceptos inútiles, sobre las espaldas de la gente.

Que el Señor nos haga sencillos de corazón. Así, vacíos de nosotros mismos, nos llenará de la intimidad de su misterio divino. “Quien a Dios tiene nada le falta”, nos recuerda Teresa, la religiosa carmelita. Seguir a Jesús resulta grato, porque a las exigencias del Reino las dulcifica el amor. Y, si alguna vez nos despistamos, pronto sentiremos la voz suave del Maestro: “Venid a mí”.

Comentarios
jose manuel jose manuel
el 15/10/11
Hemos de seguir a Jesús en nuestro día a día, preguntándonos siempre: ¿Es ésta la voluntad del Señor?
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karmenfl karmenfl
el 15/10/11
Gracias por su comentario, aunque en toda honestidad, no he entendido bien la "observación" que hace al principio.
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Augusto Augusto
el 15/10/11
Hacer lo que es justo nos da paz, y gozo en el Espíritu Santo, para la gloria de Dios en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
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katyuska katyuska
el 15/10/11
BENDITO, seas DIOS PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. porque as querido que todos grandes maestros y jente sencilla entendieramos tu menseje, sobre todo la jente sencilla, y nos anima a que cuando estemos cansados y agobiados, que recurramos a EL . porque asi nuestras fatigas seran mas llevaderasy en EL encontraremos descanso. la sencillez hoy asoma en la oracion que JESUS pone en sus labios . PON SEÑOR EN MIS LABIOS LAS PALABRAS QUE HE DE DECIR EN CADA MOMENTO.
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MAYELA MAYELA
el 16/10/11
En la humildad y sencillez reconocemos a un Dios de gracia y amor, para revelarnos la sabiduría del reino. Lo pequeño se hace grande, lo común especial, porque así es Dios, solo necesitamos desprendernos de ataduras y ser libres en Él, en su amor e infinita bondad...Señor, haz que me convierta en la humildad, para sentir y vivir tu grandeza. Amén.
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