Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      El texto evangélico de hoy es complicado. Da la impresión de que Jesús se había distanciado de su familia. Leyendo este breve texto nos imaginamos a Jesús en medio de mucha gente que le escucha con atención. Por la puerta del fondo se intentan acercar la madre y los hermanos de Jesús. Pero Jesús no les hace mucho caso.

      Esta imagen está muy lejos de la más tradicional y dulcificada imagen de Jesús como un hijo modélico, con unas perfectas relaciones con sus padres. El texto, además, es complicado porque habla de los “hermanos” de Jesús, lo que en principio es incompatible con la virginidad de su madre y su carácter de hijo único. 

      La realidad es que nada en la vida suele ser sencillo. La realidad de la relación entre las personas suele ser complicada, compleja. Son procesos que necesitan tiempo. A veces, corremos el peligro de, teniendo sólo presente el final, olvidarnos de las etapas intermedias. La realidad es que María debió ser una mujer normal de aquellos tiempos. Probablemente tuvo que pasar por un largo proceso personal hasta entender la actitud y la forma de comportarse de Jesús. Como les pasa a muchos padres con sus hijos, seguramente María no entendió al principio a dónde quería ir Jesús. 

      Quizá esa fuese la razón por la que fue a buscarle acompañada del resto de su familia. Los biblistas nos dicen que los “hermanos” es una forma genérica de referirse a la familia de Jesús. En aquel tiempo las familias no eran como ahora: padre, madre e hijo (sólo a veces hijos). Lo normal era que viviesen juntos todos en torno al patriarca. Todos eran familia. Todos eran “hermanos”. Por eso, sus familiares fueron a buscar a Jesús. 

      Pero Jesús ya estaba en otra onda. Estaba ya en el reino de Dios. Esa era su familia: la de los hijos e hijas de Dios, la de los que escuchan la Palabra y la ponen en práctica. Para que aprendamos que hay algo mucho más importante que la sangre. O, dicho de otra manera, que hay una sangre mayor y más fuerte, más original y vital: nuestro común origen en el Padre dios que nos creó. De ahí nace la verdadera fraternidad. María lo asimiló poco a poco. 

      Pero lo asimiló. Y, al final de la vida de Jesús, estuvo donde tenía que estar: al pie de la cruz y, más tarde, acompañando a los discípulos en la oración. ¿Y nosotros?

Comentarios
nicolita nicolita
el 20/9/11
bonito sigan así
Me gusta 0
jose manuel jose manuel
el 20/9/11
Si mientras pensamos en el destino no disfrutamos del camino, nuestro viaje es un calvario. Un saludo a todos.
Me gusta 0
blanca blanca
el 20/9/11
me gusto mucho mucho el discernimiento de este texto ya que hoy me toca hablar sobre este tema en mi grupo de oracion.jesus que en esta noche pueda espresar tu boluntad me entrego a ti para que tu obres.amen
Me gusta 0
vicente condori vicente condori
el 20/9/11
Para ser parte de la familia de Jesús es necesario escucharle y seguirle, ser discípulo suyo; se rompe con el círculo familiar sanguíneo y se da un paso hacia la comunidad de hermanos y hermanas en la fraternidad.

La escucha y la práctica de la palabra son dos condiciones sin las cuales no es posible continuar el camino propuesto para los discípulos del Reino; a estas dos condiciones tenemos que sujetarnos.

La unidad de la IGLESIA que tanto ansíamos se debe construir bajo la base de la escucha de la palabra de Dios; pero sobretodo por la vivencia de ésta en la comunidad (Por los frutos te conocerán).
Me gusta 0
vicente condori vicente condori
el 20/9/11
¿Y dónde estás Ignacio? Extraño tus comentarios polémicos y agudos.
Me gusta 0
Taiphoon Taiphoon
el 20/9/11
La reacción de Jesús en este pasaje si provoca cuestionamientos sobre la actitud hacia su madre...igual me ha pasado cuando reflexiono sobre el niño Jesús perdido y hallado en el templo...su reacción a la preocupación de María evocaba en mí hasta cierta agresión hacia su madre y san José, cuando le dice "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?". Siempre pensaba que Jesús había sido malcriado con sus padres, pero en estos días entendí en mí, que mis prejuicios estaban interfiriendo con mi visión de la situación. Juzgaba a Jesús porque pensaba que Él le había hablado a su madre como yo le hubiese hablado a la mía, de manera grosera, con altanería y prepotencia. Ahora siento que Jesús le habló a María con convicción, pero » ver comentario
Me gusta 0
peregrino peregrino
el 20/9/11
Hermano...¿no es la misma sangre derramada que tanto profesan la que alimentó en el vientre de María a Jesús?
Lo importante es el Amor de Dios en cada uno...pero la familia es muy importante...sin María, Jesús no habría podido crecer.
En aquellos tiempos daban importancia a eso de la sangre como lo principal de un ser humano...eres de sangre real, o de sangre burguesa por ejemplo, decían...
Jesús tenía tanta complicidad con su madre, que quería decir con esa frase, que familia de sangre o de fe, lo importante es ser buena gente de corazón contando siempre con la Gracia de Dios quien tenga fe.
Lo importante no es cumplir, sino vivir...ni la violencia, ni la agresividad, ni la maldad del hombre, tienen caso para el bien de nadie...lo muestra Getsemaní...viendo Jesús lo qu » ver comentario
Me gusta 0
MAYELA MAYELA
el 21/9/11
Hoy Jesús nos llama a ser una sola familia entorno a su palabra, quien la escucha y la sigue, ya ha creado lazos de sangre espiritual con Él. A través de su palabras Jesús habita en nosotros, crea la hermandad que nos hace sus verdaderos hijos y Él, nuestro Padre...Señor, que tu palabra se convierta en mi, signo de amor fraternal. Amén.

Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.