Comentario al Evangelio del

José Maria Vegas, cmf

Cargar con la cruz para seguir a Jesús

 

El Evangelio de hoy completa el cuadro de Cesárea de Filipo que consideramos la semana pasada. Por eso, para una comprensión más plena es necesario leer juntos los dos textos. Una vez que los discípulos, por boca de Pedro, han confesado que Jesús es el Mesías, éste comienza con ellos una catequesis personalizada sobre el sentido de su mesianismo y que se concreta en el primer anuncio de su pasión. Esto choca frontalmente con las expectativas de un mesianismo triunfante, que somete con poder y fuerza a los enemigos de Israel. Jesús no deja de hablar de victoria, pero de un modo completamente distinto al que esperan los discípulos: primero tiene que ir a Jerusalén, someterse, padecer, incluso ser ejecutado. El triunfo sólo vendrá después de la completa derrota, mediante la resurrección “al tercer día”.

Que todo esto contradice de plano lo que los discípulos esperaban del Mesías se echa de ver en la reacción –una vez más, en representación de todo el grupo– de Pedro. Es una reacción que no puede sorprendernos, porque no puede ser más humana. Lo que sorprende es la dura respuesta de Jesús, que rechaza con virulencia y llama “Satanás” a aquel a quien acaba de declarar bienaventurado y de confiarle las llaves del Reino. Sin embargo, ese tremendo apóstrofe tiene su lógica, porque al rechazar el camino hacia la cruz Pedro está jugando el papel del tentador, que ya le propuso a Jesús una forma de mesianismo más lisonjera, hecha de poder y de éxito (cf. Mt 4, 1-11), y que suponía pactar de un modo u otro con el diablo. El mesianismo que elije Jesús, el mesianismo de la cruz, es aquel en el que sus enemigos no son los hombres pecadores, sino sólo los pecados de los hombres; por ello, no se trata de liberar a unos pocos del poder de otros, sino de liberar a todos del poder del pecado, y para ello es necesario renunciar a todo lo que signifique una alianza con cualquier forma de mal, como el sometimiento de los demás por medio de la violencia. El camino de la cruz es el de la negación de sí, el de la entrega de la propia vida hasta la muerte. Y este camino, el de Cristo hasta Jerusalén, es, tiene que ser, el camino del cristiano en el seguimiento del Maestro.

Por eso, hoy, el “no” de Pedro nos tiene que hacer reflexionar. El mismo Pedro que nos representaba en la confesión de fe, nos representa también en el rechazo de la cruz. Y esta contradicción nos descubre que el camino cristiano es un camino complejo, en el que existen distintos momentos, todos ellos necesarios, pero insuficientes si los separamos entre sí. Pedro es bienaventurado porque ha comprendido en la fe y ha confesado la verdadera identidad de Jesús y, gracias a ello, ha recibido un nombre nuevo y una misión. Pero hoy comprendemos que confesar de manera ortodoxa, con ser fundamental (es el fundamento), no es suficiente si no se da el paso de aceptar la cruz que esa confesión lleva consigo. Si aceptamos a Jesús como el Mesías, tenemos que aceptar el mesianismo que él nos propone, no el que nosotros queremos soñar o imaginar.

Cuántas veces sucede que emprendemos un proyecto de vida cristiana (en una comunidad parroquial, en un movimiento, en la vida religiosa o en el matrimonio) llenos de entusiasmo y de optimismo, llevados precisamente por la fe que profesamos, por la revelación que hemos recibido de lo alto. Pero en cuanto tropezamos con  las inevitables dificultades de la vida, con conflictos o decepciones, con algunos sufrimientos que nos causan precisamente aquellos con los que habíamos emprendido ese camino feliz, empezamos a renegar, a sentir la tentación de echarnos atrás, a decirnos que no, que no era esto lo que habíamos soñado, lo que nos habíamos imaginado. Somos creyentes ortodoxos, confesamos como se debe, y en esto somos bienaventurados, pero no estamos dispuestos a aceptar la cruz, la limitación, el sufrimiento que conlleva el camino que hemos emprendido en el seguimiento de Jesús. Parece que queremos enmendarle la plana a Cristo, que en su encarnación no ha elegido vivir en una campana de cristal ni en un mundo ideal, sino que ha asumido nuestra condición, nuestras limitaciones, y ha tomado sobre sí el pecado del mundo; nos gustaría un mesianismo y una salvación más fácil y ligera, en la que Dios desplegara su poder y nos librara como por arte de magia de nuestros problemas y dificultades. Pero esto es sólo una tentación en la que caemos con facilidad y en la que tratamos de hacer caer a Jesús, asumiendo así el papel del tentador.

Jesús, tras la primera reacción contra Pedro, dirige a los suyos (a todos nosotros) una enseñanza más sosegada sobre el significado verdadero del camino de seguimiento al que nos llama: si queremos caminar en pos de Él, tenemos que estar dispuestos a la negación de nosotros mismos, a cargar con la cruz, a perder la propia vida para ganarla. Pero, ¿no es esto algo imposible y absurdo? ¿No será esto una especie de masoquismo espiritual contrario a los deseos humanos de felicidad y que explica el amplio rechazo que el cristianismo se está ganando cada vez más en nuestros días, especialmente en el mundo más avanzado? Aunque puede ser verdad lo relativo al rechazo del cristianismo, no podemos estar de acuerdo en la acusación de masoquismo. Tomar la cruz no es hacer una opción por el dolor, sino una opción por el amor. Y el amor es lo más necesario para la vida, pero también lo más exigente, pues, a diferencia de la ley, no reclama simplemente un comportamiento determinado, sino el corazón y la vida entera. Por eso, como nos dice Jesús hoy, quien pierde la vida porque la entrega libremente, da vida y encuentra la vida. Tomar la cruz no significa buscar el dolor o el sufrimiento, pues estos están inevitablemente presentes en nuestra vida de un modo u otro. Significa no pararse en ellos, no hacer de la cruz una excusa para el egoísmo, para la autocompasión egocéntrica, para llamar la atención, en el fondo, para no amar; Jesús nos dice que carguemos con ella, pero no que nos quedemos en ella, sino que nos pongamos en camino, en su seguimiento. Tomar la cruz es elegir el amor y la entrega, la atención a los demás, el perdón… también cuando no me va tan bien, cuando experimento el dolor o la limitación, cuando siento no sólo las alas del amor, sino también su peso.

Abundan hoy día autodenominadas “iglesias cristianas”, “universales”, etc. que predican la fe como camino del éxito social y prometen a sus fieles la riqueza material (frecuentemente mientras los esquilman). Como los malos pastores de que habla San Agustín, predican que quienes vivan piadosamente en Cristo abundarán en toda clase de bienes, induciéndolos a vivir, o a tratar de vivir en la prosperidad que les ha de corromper, de modo que cuando sobrevengan las adversidades, los derribarán y acabarán con ellos. El que de esta manera edifica, no edifica sobre piedra, sino sobre arena (cf. S. Agustín, Sermón 46, sobre los Pastores, 10-11).
 
Muy distinto es el verdadero mensaje evangélico, que añade a la confesión de fe la disposición a entregar la propia vida como Jesús, libremente y por amor. Tomar sobre sí la cruz es lo mismo que nos dice hoy Pablo: presentar el propio cuerpo (la propia vida) como una hostia viva, santa, agradable a Dios. El misterio de la cruz es el misterio mismo de la eucaristía, el de la entrega hasta dar la vida. Pablo ejerce hoy de buen pastor, cuando nos exhorta a no acomodarnos a este mundo, sino a un discernimiento de lo bueno y lo perfecto, a ser libres de los dictados del ambiente, incluidas las burlas que tiene que afrontar el verdadero profeta, a caminar contra corriente y a ser una verdadera alternativa. Todo esto es lo que conlleva la verdadera confesión de fe en Jesús como Mesías y, venciendo la tentación diabólica de falsos mesianismos, la voluntad de seguirlo hasta Jerusalén.
 

Comentarios

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grimaldo
grimaldo

el 26/8/11
Gracias Padre he podido meditarla su comentario ,así puedo comprender un poca mas,y esto me sirva para mi trabajo como laico .Me gustaria que siga con este comentario iluminda por Nuestro Señor.Dios lo bendiga Peru, Ica ,Chincha
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Julio Arbusto
Julio Arbusto

el 26/8/11
Qué difícil se nos hace aceptar una propuesta que no lleve al éxito inmediato, a la fama, al prestigio y a destacarnos por encima de los demás. Somos humanos y el mundo en el que vivimos explota esta parte de nuestra naturaleza. Cristo nos propone algo diferente, algo que verdaderamente da sentido a nuestras vidas. Me gustó su reflexión para este domingo. Saludos
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Alex medina
Alex medina

el 27/8/11
dios nos ama por todos nosotros fue crucificado en la cruz. perdona tu pueblo señor...
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 felucy
felucy

el 27/8/11
que agradable es coger un texto como el que usted explica,ya que lo hace a uno ensar en serio que no es por el camino libre que se llega a la gloria sino luchando y con fe.
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fabricio
fabricio

el 27/8/11
es dificil despojarnos en la actualidad de ese tipo de protagonismo, de lucirnos de pasar por encima de los demas, aunque lo que prediquemos es la Palabra de Dios.
P. su reflexion nos llama a la humildad al sacrificio de la cruz, como la verdadera gloria, el verdadero protagonismo.
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patricia
patricia

el 28/8/11
excelente reflexion nos hace meditar sobre el amor y la tolerencia que debemos de tener con los demas y el gran amor que JESUS tiene hacia a nosotros.que debemos de aceptar nuestra cruz el sabe hasta donde nosostros podemos con ella y que El siempre esta para yudarnos a cargarla en los momentos más deificiles. me gusto mucho felicitaciones sigan adelante
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paula andrea
paula andrea

el 28/8/11
esta muy bueno para nuestros hijitos¡¡¡¡¡
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Fernando
Fernando

el 28/8/11
Me ha dado excelentes ideas para mi homilía de mañana. Mil gracias y Dios lo siga bendiciendo. P. Fernando. BCS, México
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Arriero
Arriero

el 28/8/11
Doy gracias a Dios por la oportunidad que nos da atraves de ustedes de conocerle mejor. No se cansen de enseñarnos, lo necesitamos.
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Verónica
Verónica

el 28/8/11
Me agradó mucho la homilia por que, yo estaba dudando de seguir perseverando en mi parroquia pero esto me hizo entender que el camino del Señor no es fácil y que tengo que cargar con mi cruz, además de tolerar alas personas que me han desilucionado y atacado y ahora sé que al igual que Pedro el tentador se vale de las personas para hacernos desistir de nuestra fé y de nuestra fidelidad a Dios.
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Horacio
Horacio

el 28/8/11
Gracias por reflexion. Pido oracion y unidos para seguir a Jesus por el camino del amor, de la cruz y del servicio
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gustavoeguez
gustavoeguez

el 28/8/11
En algún momento de nuestras vidas tenemos que tomar conciencia que esto nos involucra directamente. Es muy fácil decir a los demás que hagan la voluntad de Dios, pero ¿nosotros aceptamos esa voluntad cuando implica aceptar nuestros propios sufrimientos? Alzar nuestra cruz, significa aceptar en nosotros mismos que somos humanos vulnerables y que necesitamos de Jesús para sobrellevar nuestras penas con la esperanza de su promesa. Yo no acepto mi dolor porque soy humano y me quejo de ello, pero lo aceptaré si a mi lado está el que me pide que me haga ofrenda para el Padre celestial y en la búsqueda de su perdón puedo ofrecerme a su Santa Voluntad.
Ven Señor Jesús.
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Augusto
Augusto

el 28/8/11
Acompañar a jesús cargando mi cruz que es la vida de mi prójimo, sin jusgarlo a él, como el buen samaritano, solo entregandole lo que es justo en la voluntad de Dios; así como Él por misericordia me perdona mis pecados y ofenzas, esa es mi verdadera alegría.
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catalina
catalina

el 28/8/11
como dise patricia esta bn

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Blanca.
Blanca.

el 28/8/11
Cuando se acepta el problema o la Cruz, la mente se aclara, se descansa. Ya no me revelo. Ahora, ¿Que puedo hacer? ¿Qué opciones tengo? y a luchar. Dar nuestra vida sí. Que nos la quiten, no. Quedarse de sufridor-a, no lleva a ningún sitio, hay que buscar salidas, buscar ayuda, desde el amor se pueden ganar muchas batallas.
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MAYELA
MAYELA

el 29/8/11
Camino al calvario, es la vida misma, las circunstancias se convierten en cruz, una cruz que tomamos o dejamos de acuerdo a nuestras ideas. Negarnos a nosotros mismos es vencernos para encontrarnos con Cristo en la Cruz...Señor que en mi cruz reconozca tu presencia de sabiduría y amor. Amén.
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Mario Mayans
Mario Mayans

el 29/8/11
Muchas Gracias por la meditacion de la palabra, es la primera vez que visito la pagina, pero creo que de hoy en adelante lo hare diario.
Que Dios lo Bendiga, porque este tipo de paginas nos hacen crecer.
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Jacky Former
Jacky Former

el 29/8/11
Si la cruz antes de la Resurrección de Cristo era un instrumento de tortura parece difícil pensar que Jesús la mencionara como medio para seguirle en la propuesta de amor que caracteriza todo su mensaje y sus acciones. Después de la Pascua la cruz cobra un significado muy diferente para los cristianos que empiezan a constituirse en comunidad, y ciertamente para los cristianos hoy, y es fácil entender que Marcos, Mateo y Lucas utilizaran el símbolo de la cruz y su nuevo significado en la necesaria catequesis de ese momento, (y también hoy ! ) para alentar a los cristianos. Creo que Cristo entregó su vida en la cruz en beneficio de todos los hombres, así que la cruz queda desde ese momento para el cristiano como símbolo de la entrega a los demás, de la renuncia a sí mismo en bene » ver comentario
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mishell
mishell

el 30/8/11
gracias por el comentario asi puedo entender la palabra de mi salvador y asi se lo q el quiere para mi gracias
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iracema
iracema

el 4/9/11
gracias,me ayuda en cada evangelio para poder entenderla mejor, hacerla vida y principalmente para poder compartirla con mi comunidad de jóvenes .
Gracias por ayudarme tanto, Dios me lo bendiga y lo siga iluminando =)
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