Comentario al Evangelio del

José María Vegas, cmf

El misterio del mal y la paciencia de Dios

La parábola del sembrador respondía al desaliento de los discípulos por la aparente falta de frutos de la predicación del Evangelio. La parábola del trigo y la cizaña responde a una forma más dramática de desconcierto en los discípulos de Jesús y que, por tanto, todos nosotros podemos experimentar. Es el que procede del escándalo del mal en el mundo y en la Iglesia. No se trata sólo de que la Buena Noticia se extienda con gran dificultad, hasta el punto de que nos pueda parecer que la misión de la Iglesia es un esfuerzo estéril. Es que además, con frecuencia, tenemos la sensación de que el mal es mucho más poderoso que el bien y se impone con mayor velocidad y eficacia. Y no se trata sólo del mal “en el mundo”, sino también en el campo de la Iglesia, en medio de aquellos que han acogido la buena semilla de Jesucristo. Esta es en verdad una gran causa de escándalo para creyentes y no creyentes, para miembros de la Iglesia y para los que se sienten fuera de ella. El mal (y hoy hablamos sólo del mal moral, el que depende exclusivamente de la voluntad del hombre), que parece dominar por todo el mundo en forma de injusticia, violencia, corrupción, pobreza, marginación, desigualdad y un etcétera que se podría prolongar casi indefinidamente, se hace presente también en la Iglesia: allí donde la semilla de la Palabra ha encontrado buena tierra y debería producir frutos sobreabundantes de vida nueva resulta que crecen también los amargos frutos del mal que Jesucristo ha venido a combatir. 

El escándalo puede llegar hasta el punto de estar tentados de culpar al sembrador del crecimiento de la mala semilla. Es la clásica objeción que se ha esgrimido tantas veces contra Dios: si el Creador hizo todo de la nada y lo hizo bueno, y muy bueno (cf. Gen 1, 31), ¿cómo explicar la presencia del mal en el mundo? O Dios quiere eliminar el mal y no puede, y entonces no es todopoderoso, o puede y no quiere, y entonces no es bueno; en los dos casos parece que no se puede aceptar la existencia de Dios. 

En la parábola de Jesús, pese a su aparente simplicidad, existen indicaciones muy profundas para entender la respuesta a estas graves objeciones. En primer lugar, Dios no ha creado un mundo totalmente acabado, sino sometido a la ley del crecimiento: ha sembrado buenas semillas que deben dar buenos frutos. Pero para que ese proceso llegue a buen puerto es necesaria nuestra colaboración. Dios nos ha confiado parte de esta tarea, y nos ha dado libertad y autonomía para realizarla responsablemente. Esto significa que, aunque es verdad que todo lo que Dios ha creado es bueno, esa bondad está llamada a crecer y perfeccionarse. Y esto, que se cumple en todo el mundo, es especialmente patente en el hombre. Precisamente porque ha recibido la semilla de la razón y la libertad, el hombre es responsable del mundo que Dios le ha confiado y, sobre todo, de sí mismo y de sus hermanos. 

La semilla de la cizaña fue sembrada mientras “la gente dormía”. Vivir responsablemente es vivir en vela, con los ojos abiertos, sin abdicar de esa responsabilidad. Aquí dormir no significa simplemente descansar, sino desentenderse, vivir irresponsablemente, no asumir como se debe la propia libertad, abusar de ella. Es entonces cuando “el enemigo” aprovecha para sembrar la mala semilla. Es interesante subrayar que las buenas obras se siembran a plena luz, tienen un carácter sincero, abierto y sin tapujos, mientras que el mal se esconde, actúa a hurtadillas, tratando de cargar la responsabilidad sobre aquél que creó el bien y sembró la buena semilla. De ahí la pregunta de los criados, que bien podría ser un reflejo de las objeciones contra Dios de las que hablamos antes: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Cuando el señor responde que lo ha hecho “el enemigo”, podemos entender a ese enemigo de muy diversas formas: puede ser el diablo, pero también nosotros mismos cuando nos dejamos llevar de nuestros intereses egoístas y desoímos la Palabra de Dios, y nos negamos a realizar la tarea a la que Dios nos ha llamado. El denominador común de ese enemigo sembrador de cizaña es la libertad personal. Así que la cuestión es que existen actitudes, formas de vida, opciones vitales que se hacen libremente enemigas de Dios y de su obra y que siembran el mal en el mismo campo en el que Dios ha depositado la buena semilla.

La respuesta sobre el origen del mal (que aquí sólo mencionamos de pasada) abre otra cuestión, que es la principal en el Evangelio de hoy: qué hacer ante la presencia del mal. La propuesta de los criados es una tentación permanente que se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia y que ha producido no pocos destrozos y sufrimientos: ir y arrancar la cizaña que ha empezado a despuntar junto con el trigo. No debemos entender la respuesta del dueño del campo como una llamada a la pasividad, como si ante la presencia del mal debiéramos simplemente no hacer nada, dejándolo campar por sus respetos, sin defendernos de él ni tratar de que triunfe la justicia. Son muchas las palabras de Jesús en el Evangelio las que nos hablan de una actitud comprometida con la causa del bien, de una resistencia activa ante las fuerzas del mal, empezando por el que encontramos en nosotros mismos. Pero cuando Jesús nos dice que no hay que arrancar la cizaña, para no arrancar al mismo tiempo el trigo, nos está diciendo que en la lucha contra el mal no podemos caer en la tentación de usar las mismas armas de aquello que combatimos. Es la tentación de pensar que el fin (bueno) justifica los medios (malos), que la causa de la verdad se puede defender con la imposición violenta, la de la justicia, con el engaño, la de la paz, con la injusticia. Cuántas veces a lo largo de la historia se ha querido implantar el bien, la justicia, la libertad o la igualdad al precio de pasar por encima de los derechos y hasta la sangre de los inocentes; cuántas veces se ha querido acabar con el mal a base de “cortar por lo sano” y haciendo pagar a justos por pecadores. También en la historia de  la Iglesia podemos encontrar por desgracia episodios de este tipo (tal vez menos de los que se dicen, pero siempre más de los que serían de desear). La tentación es tan fuerte, que hasta Jesús llegó a sentirla: “todo esto (todos los reinos del mundo) te daré, si te inclinas y me adoras” (Mt 4, 9; Lc 4, 7); es la tentación de servir al bien sirviéndose del mal, de extender el reino de la luz usando los métodos del reino de las tinieblas. Es claro que cuando esto sucede no sólo no eliminamos el mal (la cizaña), sino que destruimos los frutos de la buena semilla. Y los que se pretenden justicieros de esa manera, se convierten, a sabiendas o no, en “enemigos” que, queriendo arrancar la cizaña, en realidad están arrancando el trigo y sembrando semillas de futuras cizañas. 

Es necesario combatir el mal, pero sólo con las armas del bien, y esto requiere la fe, la esperanza y la paciencia a la que Jesús nos llama en el Evangelio de hoy: renunciar absolutamente a la injusticia, al engaño, a todo abuso de poder, a toda contravención de los derechos ajenos, a toda violencia injustificada. Para actuar así tenemos que soportar una cierta porción de mal, que es, por cierto, el corazón de la verdadera tolerancia, pero sólo de esa manera evitamos contagiarnos del mal que queremos combatir. Además, de este modo imitamos la paciencia de Dios con el tiempo de la historia, el tiempo en el que los hombres estamos llamados a cuidar y hacer crecer la buena semilla sembrada por Dios; e imitamos a Jesucristo, que echó las semillas del Reino sin imposiciones ni violencia, sin ceder a la tentación (en el fondo absurda, pero que nos acosa sin cesar) de ganar el mundo para Dios inclinándose ante el diablo. En él la paciencia de Dios se ha convertido en pasión, en padecimiento: el precio de la cruz, que Jesús asumió por no ceder a las insidias del diablo. 

Que todo esto no tiene nada que ver con la pasividad que baja las manos ante los embates del mal se ve en la gran posibilidad que siempre tenemos frente a ese poder oscuro, de la que nos habla tan hermosamente la primera lectura: la posibilidad del perdón. La omnipotencia creadora de Dios no tiene nada que ver con la capacidad de destrucción, sino que se manifiesta en el perdón, la indulgencia, la paciencia. “El justo debe ser humano”: el Justo y fuente de toda justicia se ha hecho humano en Jesucristo, y en él, que ha cargado sobre sí los pecados del mundo, vemos cómo Dios, ante el pecado y el mal, nos da lugar al arrepentimiento, nos ofrece su perdón. También nosotros, discípulos de Jesús, debemos combatir el mal, no siendo prontos a condenar y arrancar, sino ofreciendo la fuerza divina y creadora del perdón. Dios cree en nosotros, cree que podemos cambiar; Dios no se cansa de esperar en nosotros, tiene la esperanza de nuestra conversión. ¿No deberíamos nosotros, que decimos creer y esperar en Dios, creer y esperar también en nuestros hermanos, también en nosotros mismos? Cuando lo hacemos, tal vez tengamos que soportar con paciencia una cierta dosis de cizaña, pero estaremos sembrando la buena semilla del trigo que Dios arrojó a nuestro mundo con la esperanza de encontrar buena tierra. 

Si a veces nos cuesta entender el misterio del mal y la forma en que Dios reacciona ante él, podemos recordar que nuestras debilidades también afectan a nuestra mente y que siempre podemos pedir que el Espíritu venga en ayuda de esta debilidad nuestra; que él, que escudriña los corazones, nos dé la capacidad no sólo de entender, sino también de vivir conforme a la lógica de la paciencia y del perdón de Dios. 

Comentarios

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Carlos Ribera
Carlos Ribera

el 15/7/11
Gracias.
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Antonio
Antonio

el 16/7/11
Me ha ayudado mucho para entender el misterio del Mal en el mundo. Muy profundo y muy comprensible a la vez. Gracias
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katiuska
katiuska

el 17/7/11
BENDITO ,SEAS PADRE,SEÑOR DE CIELO Y TIERRA, PORQUE HAS RREVELADO LOS SECRETOS DEL REINO A LA GENTE SENCILLA. EN la oracion que el hombre dirije a DIOS. DIOS SIEMPRE TIENE LA INICIATIVA el hombre tiene que pedir la inspiracion divina para pedir como DIOS QUIERE. JUESUS SIEMPRE QUE HABLABA del reino de DIOS lo hacia siempre o ci siempre en parabolas para que lo entendieramos todos sobre todo la jente sencilla , llevamos en este tiempo ordinario desde pentecostes unas cuantas que el evangelista mateo nos va narrando . en la de hoy senos narra la del trigo y la cicaña el bien y el mal crecen juntos ,como el trigo y la cizazaña .dentro de nosotros estan las 2 cosas sepamos combivir juntos . y pidamos al PADRE QUE NOS AYUDE ASABER CUAL ES LO UNO Y CUAL ES LO OTRO DAME SEÑOR EL DON DE » ver comentario
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Valeria
Valeria

el 17/7/11
Que buen comentario gracias a Dios que permite que esten allí, y le pido solo paciencia y mucha caridad para mis hermanos. Gracias, muchas gracias.
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guillerminaa
guillerminaa

el 17/7/11
gracias por la reflexion sencilla y comprensible.nuevamente gracias
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trizam
trizam

el 17/7/11
gracias por su comentario dios lo bendiga.....soy ministro y me toca celebrar y sus palabras me serviran de mucha ayuda....gracias
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Ignacio
Ignacio

el 17/7/11
Si Dios es bueno, ¿ de dónde surgió el mal ? ¿ Por qué
creo Dios al hombre capaz de pecar ? Y en todo caso,
¿ Por qué fue tentado el hombre ? ¿ Es el mal coeterno
con el bien ? ¿ Hay quizá dos deidades,como afirmaba
Zoroastro, que son eternas, una buena y otra mala, en
eterna lucha contra sí ? En todo caso, si el mal tuvo su
origen en la caida de Lucifer, ¿ Qué produjo estaa cai -
da ?¿ Poe qué Dios lo permitió ?.
En el Universo hay infinitos planetas en los que muy -
probablemente existirá vida, diferente de la nuestra, pe
ro vida inteligente. ¿ Existirán tambien el bien y el mal,
la libertad y el amor ?
Sentiría que alguien se inquietase por tanto interrogan
te, pero es conveniente que pensemos en algo más que en el futbol y en ver T.V basura.
Un abra » ver comentario
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ama de casa
ama de casa

el 17/7/11
Hay cizaña que contamina a la persona más querida y parece que nada se puede hacer. He experimentado, que a veces está tan arraigada, que hay que probar todos los métodos a nuestro alcance y aplicar también nuestra intuición. El resultado puede verse, de pronto, como un milagro y otras como una serie: por entregas. Lo importante es estar "despiertos" para aplicar el remedio en el momento adecuado. En el caso a que me refiero puedo decir, que progresa adecuadamente. Gracias.
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Augusto
Augusto

el 17/7/11
Vivo en el mundo pero la Palabra me convierte día a día, vigilante estoy despierto para que no caer en tentación; pero es Jesucristo nuestro Señor que me despierta para orar por lo menos tres veces en cada jornada, igual que en Jetsemaní. Después lo acompaño con mi cruz con fe, caridad y esperanza.
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luz mar
luz mar

el 17/7/11
Un comentario de gran edificación tanto personal como para la iglesia, que Dios nos ayude a vivir confiando plenamente en que sus planes siempre son los mejores y guiados por el Espíritu Santo lleguemos a la meta deseada. un abrazo fraternal en CristoJesús.
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Robertino
Robertino

el 17/7/11
Buen comentario, profundo.
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maqribel
maqribel

el 17/7/11
gracias
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ana maria
ana maria

el 17/7/11
vivo en españa, pero fui algunas veces a las misas porque vivia en quilmes, mihermana es misionera de alli ,quiero comentar que me di cuenta tarde que dios me ayudaba y me escuchaba y ahora que voy a misa y dos o tres veces por semana voy a la iglesia me siento ante el y hablo y se que me escucha y me da continuamente señales.realmente me siento mejor y me siento con menos miedos porque se que el me protege.voy a escuchar a partir de hoy las misas por ordenador aparte de ir aqui en españa.tambien quiero decir que la calma que siento a escuchar las misas no se compara con nada.doy gracias a dios todo lo que hace por nosotros,pero tambien nosotros tenemos que dar para que el no se sienta solo que dios bendiga a todos aleluya.
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analou
analou

el 17/7/11
Que reto el que nos deja Dios! ese libre albeldrio que hay que encausar correctamente, creo que es mucho mas manejable si empiezo desde mi misma, combatiendo mi batalla interior, no dejandome envolver por todas las cosas que me quieren ahogar y alejar de Dios. Muy bello el comentario. Gracias.
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MAYELA
MAYELA

el 18/7/11
Dos vertientes que siempre se presentaran en nuestras vida, trigo y cizaña crecen juntas, la confusión no se hace esperar. Solo en la convicción de un Dios que nos alienta encontraremos la esperanza y sapiencia de que la raíz no se contamine, nuestro corazón debe apuntar a la claridad en la fe y conocimiento a través de la palabra de Dios...Señor que tu luz sea faro que ilumina mi vida, para discernir entre el bien y el mal. Amén.
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roque melo
roque melo

el 18/7/11
de mi costilla es el campo de la verdad son los hijos el vicio un mundo para vivir control sombre todo los la madre y el hombre con el padre y tdo aquel que de de beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser dicipulo ,os aseguro que no perdera su recompensa.
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rodrigo diaz
rodrigo diaz

el 17/7/11
casa de Dios es muy buena por que ahi se vive una gran amisted entre todos los que se congregan a en dicha cada.
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RHADAILSA
RHADAILSA

el 18/7/11
Que Dios les siga derramando muchas Bendiciones, sabiduria y entendimiento. super Excelente y hermosa colaboracion de la palabra de Dios. Este espacio ha contribuido enormemente a mi formación cristiana y a travez de ustedes colaborar con otros. muchas gracias, Buen dia para todos
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vicente v.
vicente v.

el 18/7/11
Desde sus inicios la iglesia ha incluido miembros buenos y miembros malos.
La fe de los cristianos debe crecer cada dia al igual que el grano de mostaza y la levadura en la masa.
La plenitud de la realizacion del reino de Dios comenzo con la proclamacion de Jesus.
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socorro
socorro

el 18/7/11
creo que el buen trigo y la cizaña esta dentro de nosotros mismo, debemos pedir la sabuduria para poder distinguirla , creo que de la cizaña podemos aprender para no volver q comerterlo y asi poder seguir como el trigo guardado en el granero
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angie sasndoval
angie sasndoval

el 19/7/11
La parábola del sembrador respondía al desaliento de los discípulos por la aparente falta de frutos de la predicación del Evangelio. La parábola del trigo y la cizaña responde a una forma más dramática de desconcierto en los discípulos de Jesús y que, por tanto, todos nosotros podemos experimentar. Es el que procede del escándalo del mal en el mundo y en la Iglesia. No se trata sólo de que la Buena Noticia se extienda con gran dificultad, hasta el punto de que nos pueda parecer que la misión de la Iglesia es un esfuerzo estéril.
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