Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez

 

NO CABÍAN JUNTOS

 


 

 

             Abram y Lot «no podían vivir juntos» y «ya no cabían juntos». Resulta que dos personas que comparten la misma sangre, tío y sobrino -aunque curiosamente en este texto se tratan como «hermanos»-, tienen un serio problema: se les queda pequeño el terreno que pisan porque ambos tenían inmensas posesiones, y sus respectivos pastores se enganchan en diversas disputas.

        Es más común y cercana esta experiencia de lo que parece en una lectura rápida. Se trata de la «competencia» entre personas cualificadas que pisan el mismo «terreno».

        En teoría debiera alegrarnos el éxito, la prosperidad, la buena suerte de los más cercanos a nosotros (familia, comunidad, grupo de amigos, etc)... pero la competencia hace de las suyas, y como hemos aprendido a «valorarnos» por el aplauso ajeno, cualquiera que nos pueda hacer un poco de sombra... nos molesta. Porque si el otro lohace «mejor que yo» o es valorado «más que yo»... entonces es que yo lo hago peor,incluso que yo «soy» peor. Cuando es mi vecino de al lado el que triunfa, mi hermano de comunidad, mi compañero de apostolado, otro miembro de mi mismo equipo... siento en mí como un toque de tristeza e incluso de resentimiento, porque con su triunfo ha hecho sombra al mío.  Y entonces, aunque me cueste reconocerlo, el otro se convierte en mi rival. Quizá le felicitamos, decimos de puertas afuera que nos alegra su triunfo, su prestigio... pero ocultamente, interiormente... muchas veces nuestros sentimientos reales van por otro lado.

           Y los «pastores»; es decir, las personas que dependen de nosotros (llámense hijos, personas de «mi» grupo, de mi «movimiento religioso», etc) lo detectan... y con frecuencia se enfrentan, descalifican, compiten entre sí....

          Cuanto más unido esté el grupo, cuando más se comparta el mismo «terreno», cuanto más se esté codo con codo, cuanto más dura e intensamente se trabaje... más fáciles son los roces. Es posible que le ayude, que me dé cuenta de sus auténticos méritos... pero si no es un verdadero amigo, aunque sea mi «hermano» (que siempre lo es, como nos explica la historia de Caín)... la envidia puede echar sus fuertes raíces.

        ¿Y entonces? Pues el primer paso, como hacen Abram y Lot es reconocérselo uno a sí mismo. Seguidamente, atreverse a reconocerlo delante del otro: entre nosotros hay conflictos. No quiere decir que ninguno de los dos esté actuando mal: es un tema de corazón, de sentimientos. No debiera ser así, preferiría que no fuese así... ¡pero lo es! Hay que atreverse a hablarlo, y pensar juntos alguna solución: quizá repartirse las tareas, buscar un «espacio» que nos separe, un «terreno» distinto. Ya dice el refrán que no es conveniente que haya dos gallos en el mismo corral. Pero si esto no fuera posible... uno siempre puede hacer el esfuerzo, el ejercicio... de no dejarse llevar por estos desagradables sentimientos. No suele estar en mi mano hacer que éstos desaparezcan, no dependen de mi voluntad ni de mi bondad, ni de... Pero sí está en mi mano controlar las acciones negativas que pudieran brotar de ellos. Y también está en mi mano procurar que nuestros respectivos «pastores» no compitan entre sí...

          En resumen, toda una tarea para que nuestra valía personal no dependa de nuestro trabajo, de nuestros éxitos, de nuestras «riquezas». También la tarea para que nuestro esfuerzo personal y pastoral lo vivamos no en soledad, sino en compañía amistosa: el amor no es envidioso, como nos recordaba San Pablo. La tarea de reconocer con humildad nuestras propias limitaciones y pecados. Y la tarea de dejarnos enseñar por el padre del hijo pródigo: conviene que te alegres, porque tu hermano..., que su fiesta sea, sinceramente, nuestra fiesta. No se trata de que mi hermano me haya quitado una parte de la herencia, o que ocupe un puesto en la casa: sino que es mi hermano, y está conmigo. Difícil, a veces, pero necesario. Es otro modo de vivir y de sentir.

Enrique Martínez, cmf

Comentarios

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Ana Luisa
Ana Luisa

el 21/6/11
Gracias por su comentario, me ha servido un montón el verme reflejada cuando me comparo con mis hermanos, la envidia, los celos pero al mismo tiempo cuanto más veo le doy gracias a Jesús por reconocerme ante El como soy. sin esconderme, acogieendo su amor par que ese amor que me regala sea a su vez entregado a mis hermanos sirviendoles
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vicente condori
vicente condori

el 21/6/11
"Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida" nos señala Jesús. Vivir para servir a los demás, vivir para amar, vivir para perdonar siempre requiere de mucho sacrificio pero es el único camino de salvación. Así lo comprendió Abraham cuando tuvo que dejar su orgullo y vanidad, ya que dejó a su sobrino Lot para que escoja primero las tierras que hiba a poseer en la repartición. Lo lógico hubiera sido que Abraham como tío comenzara a escojer su parte, pero prefirió perder eso y no la buena relación con su sobrino. "Traten a los demás como quieres que ellos te traten" es una forma de manifestar que si decimos que nos amamos a nosotros mismos también tenemos que expresar ese amor a los demás. A todos nos gusta que nos traten bien con respeto que nos muestren qu » ver comentario
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reyde ruiz
reyde ruiz

el 21/6/11
me llego como anillo l dedo.... DIOS ES GRANDE..
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Jose Maria
Jose Maria

el 21/6/11
Muy buen comentario a la lectura de hoy. LLega hondo!
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L.JOEL
L.JOEL

el 21/6/11
BUEN COMENTARIO EN EL MOMENTO PRECISO
DIOS ES GRANDE
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katyuska
katyuska

el 21/6/11
LA regla de oro de este evangelio: TRATA ALOS DEMAS COMO QUIRAS QUE TE TRATEN ATI. ancha es la puertay grande el camino que lleva a la perdicion,y muchos entran por ella .SER cristiano es vivir en sencillez la vida que acada uno nos toque vivir , tratando de ser servicial ayudando alos demas.
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MAYELA
MAYELA

el 22/6/11
A veces el espacio en nuestras vidas se nos hace angosto, donde ya nadie cabe, sencillamente porque también angosto es nuestro corazón. Si alzamos la mirada, también nuestro orgullo nos resta espacio y cada día la vida se hace estrecha aun para nosotros mismos"quitaté tú para ponerme yo “parece ser la consigna que conduce a lo fácil, sin estrecheces...Señor haz que pueda divisar el camino que me conduce a ti y reconocer en las penas que ya estoy en ti...
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