Comentario al Evangelio del

Jose María Vegas, cmf

En el altar de la Cruz

La fiesta de Jesús, sumo y eterno Sacerdote parece romper la lectio continua que estamos haciendo del Evangelio de Mateo y la segunda carta a los Corintios. Pero, en realidad, tanto el texto de Isaías como el Evangelio de Lucas son como una confirmación del tenor de esas otras lecturas. Porque el poema del siervo de Yahvé, que de manera tan vívida nos pone delante de la pasión de Cristo y del significado salvador de su sufrimiento, muestra bien a las claras esa nueva lógica del amor, la generosidad y la autenticidad sobre los que meditábamos estos días. Jesús no es designado como sacerdote en el Nuevo Testamento más que en la tardía carta a los Hebreos. En la primerísima generación cristiana parece estar todavía demasiado presente la polémica de Jesús y sus discípulos con el Templo y el sacerdocio institucional. Por eso, los primeros escritos cristianos presentan a Jesús más bien bajo las categorías mesiánicas de profeta y rey. Sólo con la desaparición del Templo y su sacerdocio es posible recuperar la dimensión sacerdotal y aplicársela a Jesús. Pero este sacerdocio tiene connotaciones absolutamente nuevas: Jesús no fue un sacerdote de la estirpe de Aarón, ni siquiera pertenecía a la tribu de Leví. Por eso, el autor de la carta a los Hebreos entiende ese sacerdocio “según el rito de Melquisedec”, y lo pone en relación directa con el Dios altísimo. El sacerdocio de Jesús no es ritual ni institucional, porque su mediación entre Dios y los hombres se ha realizado de una vez y para siempre en el altar de la cruz, en la que Jesús ha sido a la vez sacerdote, víctima y altar. Es un sacerdocio paradójico, porque no se basa en la brillantez o el boato ritual, sino en la trágica realidad del siervo sufriente; se trata, pues, de un sacerdocio existencial, vivo, no simbólico, sino real. Y ese sacerdocio se prolonga en el memorial de su pasión que es la Eucaristía, que genera en torno a sí la comunidad de los discípulos, el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, pueblo sacerdotal.
La vocación sacerdotal en la que todo cristiano participa, y algunos además mediante el sacramento del orden, no puede ser ni un mero ritualismo simbólico ni una especie de funcionariado de servicios religiosos. La participación en la Eucaristía y en el sacerdocio de Cristo significa participar en su pasión por la humanidad, y tiene que traducirse para nosotros en la disposición a actuar como verdaderos mediadores a favor de los hombres haciéndoles llegar el mensaje del amor paterno de Dios por medio de nuestro amor fraterno, que, como el de Cristo (y en el de Cristo), conlleva la disposición de dar la vida por los hermanos.

Saludos cordiales
José M.ª Vegas cmf
http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios

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Ignacio
Ignacio

el 16/6/11
Me pasa lo que a los discípulos: A veces no entiendo la
intención ni el significado de las palabras de Jesús en
diversos pasajes. Tampoco entiendo claramente el co -
mentario de las lecturas de estos dos últimos días ; me
parecen académicas y crípticas, es decir, fuera del alcan
ce mental que tenemos la mayoría de los lectores. Lo -
siento, pero el evangelio debe ser proclamado de tal for
ma que llegue a los más sencillos.
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_Paolo
_Paolo

el 16/6/11
Ignacio,
al igual que tú yo desconozco de Aaron, Melquisedec, Leví y todos esos personajes. Pero el mensaje es bien claro en este comentario: la entrega y sufrimiento que recibe el Señor a lo largo de la carta de Isaías es el símbolo auténtico de amor que puede llegar a tener el Hijo por los todos los hombres, incluídos aquellos que le hacen daño. Ese modo de vivir, morir y amar por los demás es lo que tiene más importancia que los rituales y ceremonias, que son sólo simbolismos y que a veces les damos más importancia a eso que a lo que hacemos en el día a día. Es importante sí, el símbolo de la Eucaristía, pero esta no tiene ningún valor si el corazón del que hace o recibe la ceremonia está podrido por dentro.
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vicente condori
vicente condori

el 16/6/11
Jesús es el eterno y sumo sacerdote que se ofrece como el único cordero para ser entregado por la salvación de todos nosotros. no hay ofrenda más preciada para Dios que ser discípulo y misionero de Cristo que seguir su camino de amor y perdón, de sacrificio y misericordia...
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Kaisar
Kaisar

el 16/6/11
Asi es el Sacerdocio de Cristo se entiende en la medida que seamos a ejemplo de él verdaderos sacerdotes que demos ese sacrificio por los demas hermanos, y disculpa al que dice que la Eucaristia es un símbolo, pero más que símbolo es el mismo Cristo que se nos da en cada Cena del Señor, sin ella no podemos seguir caminando, Cristo es la Eucaristía misma, osea, la acción de gracias (eucaristia), por eso tiene sentido para nosotros los cristianos las Eucaristias o misas. Dios los bendiga.
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Umberto
Umberto

el 16/6/11
gracias! y que así sea!
los comentarios de los hermanos ponen en evidencia cuánto falta de formación cristiana en nuestras comunidades. Oremos para que el Señor envíe "maestros" a su pueblo! Pero de algún modo todos podemos entender y vivir el último párrafo del comentario que es como conclusión.
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MAYELA
MAYELA

el 17/6/11
Las visión de Isaías, se hacen presente en Jesús camino al calvario y cobran fuerza en la entrega Eucarística; entrega que nos recuerda y nos llama al servicio por medio de la palabra y el amor...Comer y beber para cobrar fuerzas en nuestro Espíritu y anunciar la vida nueva, vida que no muere porque por si sola representa la esencia de lo eterno, Dios nuestro Señor.



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