Comentario al Evangelio del

P. Fernando Gonzalez

Queridos amigos y amigas:

Pablo presiente que su muerte está cercana. Por eso, ante los presbíteros de Éfeso, realiza un balance de su vida apostólica. Esta emotiva “declaración de Mileto” sintetiza las tres actitudes fundamentales que lo han guiado en su anuncio del evangelio. Son las propias de todo evangelizador:

La humildad. A veces, el que anuncia corre el riesgo de remitir todo a sí mismo, de juzgar la respuesta de las personas según su particular criterio, de perder los papeles cuando las cosas no salen según sus planes. Pablo, por el contrario, reconoce que ha servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas.

La entrega. No es lo mismo ser entusiasta un día que hacer de la propia vida una ofrenda permanente. El entusiasmo de un día puede provocar el aplauso y un reconocimiento efímero. La entrega de toda la vida tiene la eficacia del grano de trigo enterrado. Pablo se ha deshecho por el evangelio, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan y crean en nuestro Señor Jesús.

La fidelidad. La evangelización está llena de riesgos, de cansancios, de búsqueda de compensaciones. ¿Qué buscamos cuando anunciamos a Jesús? Ojalá pudiéramos reconocernos en las palabras de Pablo: Lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es gracia de Dios.

El evangelio de Juan se adentra en el largo y denso capítulo 17. Es un capítulo tan cuajado de contenidos que, ante la imposibilidad de presentarlos detalladamente, bastaría con agruparlos todos bajo las primeras palabras pronunciadas por Jesús: Ha llegado la hora. Al comienzo del evangelio, Jesús es renuente a realizar el signo que su madre le pide en Caná, porque no ha llegado todavía mi hora. En vísperas de su muerte, no hay ya nada que esperar. El trigo está listo para la cosecha. El plazo se ha cumplido. La “hora de Jesús” es la entrega suprema de la muerte. Y, por eso, es también la hora de la glorificación y de la eficacia máxima.

 

Comentarios

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vicente condori
vicente condori

el 7/6/11
es gratificante para mi escuchar las palabras de Jesús cuando intercede por cada uno de nosotros ante su padre nos pide nuestra salvación y vida eterna ruega y pide con humildad sabiéndose fiel cumplidor de su misión aquí en la tierra. Asímismo Pablo nos habla de la misión que realiza siempre movido por la fuerza del espíritu no sabe que peligros le aguarda en el futuro pero sigue adelante confiado de la ayuda del Señor. Nosotros como misioneros ¿tratamos de cumplir con nuestra misión evangelizadora? ¿nos dejamos guiar por el Espíritu divino de Dios? ¿nos preocupamos por los demás, por los más necesitados?
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Manuel de Maya
Manuel de Maya

el 7/6/11
El tema de la Liturgia de hoy en ambas lecturas es la despedida. A pablo ya no le importa la vida sino cumplir el encargo de Jesús ser testigo del Evangelio que es gracia. "Ninguno de vosotros me volverá a ver" dice, consciente de que el Espíritu le empuja al final de sus días. Años antes el Maestro en esa última cena se dirije al Padre pidiéndole que le "glorifique". "Tuyos eran, Tú me los diste" pero ha llegado la HORA... Y se despide rogándo al Padre por nosotros que permanecemos en el mundo. La conciencia de la tarea cumplida, del encargo amorosamente terminado. ¿Esa es nuestra conciencia cada día al acabar la jornada? ¿Somos conscientes que somos siervos y hemos hecho lo debido? Felices aquellos que al atardecer de sus vidas puedan leer en sus almas las palabras de Pablo e » ver comentario
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