Comentario al Evangelio del

Samuel Sueiro, cmf

 

¡Qué terrible sería escuchar referida a nosotros la denuncia de Esteban: «siempre resistís al Espíritu Santo»! Sin embargo, los hombres cuántas veces pensamos que conocemos el terreno mejor que Dios, que Él piensa muy en general, que los que estamos a pie de obra sabemos cómo actuar, qué se necesita y qué no... Cuántas veces encarnamos el papel de aquellos ancianos y escribas, muy sabedores de lo estipulado y tanto más cerrados a la novedad de Dios. Y es que el estancamiento no es propio del Dios de la Vida. Él será roca, refugio, baluarte —dirá el Salmo—, pero no donde empequeñecernos u ocultarnos; sí donde encontrar fortaleza y recibir la luz de su misericordia. Si ayer Esteban aparecía en perfecta comunión de vida con Jesús a través de sus palabras y acciones, hoy se nos presenta configurado con Él y como Él hasta el extremo. Cuando la circunstancia se vuelve en contra, brota la oración confiada: «Señor Jesús, recíbeme y perdónalos». Esta y no otra es la fortaleza. ¡Qué diferente de la dureza de cerviz! ¡Qué distinto refugiarse en Dios, que aferrarse a la inercia de la costumbre!

También el Evangelio, continuando el discurso de ayer, nos presenta a Jesús como verdadero pan venido de Dios. Ahora bien, nos equivocamos si exigimos signos y portentos para aceptarlo y confiar en Él. Jesús es requerido en el Evangelio por el ansia de signos y prodigios que, en lugar de ser motivo para creer, fascinan y entretienen. ¡Cuánta fe nos rodea en lo cotidiano! ¡Cuánta confianza de la que no somos conscientes en nuestro día a día! Esa es la que es preciso descubrir y alentar a la luz de Aquel que es pan de Vida. Desde su sabiduría y su luz nos llama a confiar en Dios y despegarnos de las ataduras. De no requerir grandes portentos que nos despisten o deslumbren, sino de concedernos unos ojos atentos y una mirada profunda, para convertirnos cada día un poco más a su lógica, para encaminarnos tras sus pasos. En definitiva, para hacer de nuestra existencia una verdadera «eucaristía», de suerte que vivamos como ofrenda entregada a Dios y a los demás, saboreando de corazón que lo nuestro no son los grandes espectáculos ni los grandes sacrificios, sino un vivir humilde y confiado que aprende con los años a poner corazón en las miserias de los demás.

Comentarios

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Ignacio
Ignacio

el 10/5/11
Los discípulos, en el evangelio de hoy, preguntan ¿qué
señal puedes ofrecernos para que, a verla, te creamos?
¿ Cuál es tu obra ?
En los evangelios se dice una cosa que llama mucho la
atención.En los relatos de Marcos,Mateo y Lucas, cuan-
do hablan de los discípulos en relación a la fe en Jesus
siempre ponen en cuestión esa relación. Algunas veces
porque se dice sencillamente que los discípulos no te -
nían fe (Mc 4,40) o que eran increyentes (Mt l7,l7), ya
que tenían una fe tan escasa que en realidad era como
un granito de mostaza, es decir, prácticamente nada
(Mt l7,20). En otros casos, se afirma de manera tajante
que no creían (Lc 24, 11.34) o que eran lentos para -
creer ( Lc 24,25 ). Y en alguna ocasión Jesús les pre -
gunta: ¿ dónde está vuestra fe » ver comentario
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Yasmín
Yasmín

el 10/5/11
Es que la fe es creer todavía en aquello que no es tangible ni se concretiza a nuestra manera. Es aceptar con amor las situaciones confusas inclusive, aquellas que no corresponden a lo que comúnmente esperamos. Los discípulos también tenían sus esquemas mentales y emprendieron un camino de confianza en Jesús, pero al estilo de Él.
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katyuska
katyuska

el 10/5/11
necesitamos el alimento ,para poder vivir. DANOS SEÑOR DE ES PAN le dicen aJESUS necesitamos el alimento de su pan y su palabra para saciar nuestra hambre de DIOS y calmar nuestra sed.DANOS FE SEÑOR PARA CREER EN TI sin esperar singnos y muestranos tu misecordia para vivir la vida con alegria y jubilo,y concedeme la gracia de buscarte con sincero corazon.
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