Comentario al Evangelio del

Ciudad Redonda

Queridos amigos y amigas:

Hoy concluimos la octava de Pascua. Es probable que algunos de vosotros hayáis disfrutado de una semana de descanso, incluso fuera de vuestros hogares o comunidades. Otros, por el contrario, habréis vuelto al trabajo, tras el paréntesis del fin de semana pasado. Las preocupaciones siguen ahí. No desaparecen milagrosamente por el hecho de que un año más hayamos revivido el misterio de la resurrección de Jesús. Pero, ¡cómo cambia todo cuando colocamos la clave verdadera! En la batalla del día a día se nos van colando muchas claves para interpretar nuestra vida: la clave de la competencia, del bienestar, de la prisa, de la revancha, de la comodidad, del resentimiento, de la búsqueda de nosotros mismos. Necesitamos que, de vez en cuando, de manera muy nítida, la liturgia de la Iglesia nos recuerde la única clave que permite dar sentido a todo: la clave del Resucitado. De no ser así, acabaríamos sucumbiendo al poder de seducción de las otras, y, como consecuencia, seguiríamos prisioneros de la ansiedad, de la tristeza, de la falta de horizonte.

En este sábado, Jesús nos regala dos últimos mensajes que se refieren a nuestro compromiso misionero:

Id al mundo entero. Un seguidor de Jesús traspasa los límites del espacio y del tiempo porque empieza a vivir en clave de resurrección. El mandato de ir al mundo entero inaugura en nosotros un talante de apertura universal. La resurrección elimina todas las barreras étnicas, culturales, económicas, religiosas que los hombres hemos construido para acotar este mundo. Pensemos en el significado de estas palabras en este comienzo del tercer milenio, en el que vivimos una etapa de globalización. El mundo entero se ha convertido en la “aldea global”. Esto no significa que tengamos que ir de un sitio para otro, o que estemos todo el día conectados a internet. Significa que hemos tomado conciencia de que todos formamos parte de la red de hijos e hijas de Dios, y de que todo lo que sucede en este mundo tiene que ver conmigo. El mundo entero está concentrado en cada uno de nosotros y en el pequeño mundo de nuestro entorno. La novedad está en contemplar esto con ojos de universalidad. A los ecologistas les gusta decir aquello de “Piensa globalmente y actúa localmente”. Quizá es una manera de traducir la universalidad cristiana que se inaugura con la resurrección de Jesús.

Predicad el evangelio a toda la creación. En este “diálogo de vida” cada vez más amplio, somos invitados a reconocer las huellas del Resucitado dondequiera que se encuentren, sobre todo, en las manos y los pies traspasados. Donde hay una mujer o un hombre que sufre, allí contemplamos el rostro del Cristo que prolonga su pasión. No hay diálogo cuando no hay experiencia que compartir, cuando todo se reduce a un intercambio de frases vacías o de fórmulas protocolarias. La experiencia que nosotros proponemos es la del evangelio de Jesús, porque no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído. La resurrección nos abre a un diálogo universal, pero no a un universo vacío. Hablar de Jesús con el lenguaje de la propia vida es algo a lo que no podemos renunciar.

Comentarios
katyuska katyuska
el 30/4/11
id al mundo entero y predicar la buena noticia , esto esta dicho pa ti y para mi que creemos que JESUS este vivo, nosotros como somos los amigos que EL quiso escojer, asi como somos, se fijo en nosotros, con nuestros fayos, que son muchos, en esta semana acaba el ciclo de la pascua, con las apariciones a la los que EL queria, asu jente, esta cumplida la promesa.Ahora solo queda el encargo ,ANUNCIARLO. ese es el envio la mision que nos encomendo para que entre todos podamos hacer un mundo, mejor, y mas humano, por que , EL, a todos los que se ha ido encontrando , les trasnmitia ,su fuerza y energia a nosotros, esta pascua tiene que transformarnos,y hacernos hombres nuevos y distintos.
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Ignacio Ignacio
el 30/4/11
Buenas tardes, hermanos.
Me he asomado a la ventanilla para ver los comentarios
y he visto que no había ninguno. No sé... pero me ha
dado algo de pena que nadie tenga algo que decir so-
bre la hermosa " NOVEDAD " de estos dias.
Voy a ser muy breve: Sólo quiero dar gracias a Dios y
a su Hijo Jesús, por el gran amor que nos han dispen-
sado, por la promesa de una vida eterna y sin lágrimas
acogidos en su seno.
Nada más. Saludos.
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