Comentario al Evangelio del

Ciudad Redonda

Queridos amigos y amigas:

Hemos llegado al ecuador de la semana grande. Sigamos pacientemente acogiendo las palabras que el Resucitado pone en nuestros oídos:

Paz a vosotros. El saludo “shalom” sintetiza todo lo mejor que nosotros podemos desear: la salud, la integración personal, la armonía con las personas, con la naturaleza, con Dios. El Resucitado no nos promete la prosperidad o el triunfo, sino la paz, la posibilidad de vivir todo desde el centro. Paz no significa que encajen todas las piezas de nuestra puzzle, sino que podamos contemplar todo, incluyendo los sinsabores y sufrimientos, con los ojos compasivos de Dios. El hombre o la mujer que acogen el don de la paz son pacificadores sin tener que militar en ningún grupo pacifista.

¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Creemos en la primavera porque vemos los brotes de vida en las yemas de los árboles. Creemos en la mariposa porque vemos que de la crisálida sale un ser hermoso con alas multicolores. Creemos en el día porque cada mañana el sol vuelve a asomarse. ¿Cuáles son los signos para creer en la presencia del Resucitado? ¿Hombres y mujeres que, a pesar de sus limitaciones, entregan su vida? ¿Personas que superan una depresión? ¿Por qué nos resulta más fácil percibir los signos de la muerte que los de la vida? ¿Por qué somos capaces de criticar todo lo que va mal y nos cuesta tanto agradecer lo que hace que el mundo funcione un día más?

Mirad mis manos y mis pies. La alegría que nos regala el Resucitado no es el goce superficial de quien recorre un camino llano. Sus manos y sus pies conservan las huellas de los clavos. La suya es una victoria sobre la muerte. Quizá nunca acabamos de experimentar una alegría profunda porque no miramos de frente la huella de sus heridas. Creemos que seremos más felices huyendo de las personas que sufren, maquillando nuestros propios dolores. Jesús nos invita a reconocerlo en el hueco de los clavos. En ese “mirad” encontramos una clave para no entender la alegría pascual como una huida sino como una cercanía mayor a los crucificados: las personas difíciles de nuestro entorno, los que atraviesan cañadas oscuras.

¿Tenéis algo que comer? El Resucitado nunca nos resuelve la vida automáticamente, como esos echadores de cartas que prometen el oro y el moro. Cuenta lo que cada uno somos y tenemos. Más aún, quiere compartir ese poco de pan y de pescado que nosotros laboriosamente hemos conseguido. Tu poder multiplica la eficacia del hombre -canta el himno litúrgico- y crece cada día entre sus manos la obra de tus manos.
 

Comentarios
Ignacio Ignacio
el 28/4/11
La fe en la resurrección, encuanto se toma mediana -
mente en serio, rompe de raiz todo esquema imaginati
vo que la asocie con algún tipo de presencia tangible.
De hecho si el resucitado fuese tangible o comiese, es -
taria necesariamente lmitado por las leyes del espacio,
es decir, no estaría resucitado. Más aún, si alguien dice
que "ve" o "toca" físicamente al resucitado, sabemos
que esto es por fuerza falso: vería o tocaría lo que no
es. Ello no significa que quienes afirmen estas experien
cias mientan, sino que se trata de experiencias Psíqui -
cas, visualizaciones o imaginaciones de convicciones ín
timas, que pueden tener un referente real ( el místico
en su visión se relaciona realmente con Cristo). Este ra
zonamiento puede producir de entrada una sensación » ver comentario
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karmen karmen
el 28/4/11
No puedo estar más en desacuerdo con tus palabras. Dices que si el resucitado fuera tangible estaría limitado por las leyes del espacio. ¿Y? Cómo niega eso el hecho de la resurrección? Si se acepta la existencia de milagros, se puede entender que un Ser omnipotente pueda de algún modo esquivar los imperativos de ciertas leyes naturales. Cuando dices que "si alguien dice que ve y toca físicamente al resucitado es falso porque toca lo que no es", no se en qué te justificas. ¿Por qué toca lo que no es?¿No estás ya asumiendo que la resurrección "no es" cuando planteas esa frase?¿En qué te basas para decir que es falso lo que dicen?; a menos que abogues por un naturalismo pleno, no entiendo tu argumentación. Por último, la posibilidad de la "alucinación colectiva" ya ha sido p » ver comentario
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Manuel Manuel
el 28/4/11
"Tocar las llagas" es el camino seguro, no tan claro, para llegar a saborear la victoria que nos trae el Resucitado. Debemos volvernos a nuestras "llagas": las heridas causadas por el egoismo, la violencia...y desde ahí sanar, curar, hacer vivir...
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Augusto Molina Augusto Molina
el 28/4/11
Que delicadeza la de nuestro Señor Jesucristo Resucitado, que nos invita a ver e introducir nuestros dedos en sus llagas.
Como nos acoge para que podamos creer en Él; solo me queda postrarme, alabarlo, bendecirlo adorarlo, por todo el bien que nos ha hecha para que podamos resucitar con Él cuando vuelva en gloria y majestad. Hermanos los animo a acojer su Espíritu y creer que todo lo hizo para salvarnos.
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