Comentario al Evangelio del

Ciudad Redonda

Queridos amigos y amigas:

Durante toda esta semana de Pascua seguiremos rastreando las palabras del Resucitado. Ellas tienen la virtud que ninguna otra palabra tiene: conectan con el fondo de nuestro ser y allí donde nadie llega inyectan la alegría y la esperanza que necesitamos. En este Miércoles de Pascua nosotros somos los discípulos de Emaús. Nosotros somos los dimisionarios tristes y ofuscados. A nosotros se nos regalan estos mensajes:

¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? El Resucitado es un terapeuta que quiere ayudarnos a viajar hasta nuestras raíces. Ayer nos preguntaba por las razones de nuestro llanto. Hoy quiere saber lo que nos traemos entre manos. ¿Cuáles son nuestras preocupaciones actuales? ¿A qué estamos prestando atención? ¿Qué o quién ocupa nuestros intereses, nuestro tiempo? ¿De qué solemos hablar con las personas de nuestro entorno? ¿Por qué razón nos levantamos cada mañana?

¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Ese “era necesario” nos trae de cabeza. ¿Cómo puede ser “necesario” el sufrimiento”? ¿Qué valor puede tener la muerte? Cuando llegamos a estos límites, se alza siempre la señal que parece decirnos: “Callejón sin salida. Dé la vuelta”. Y, sin embargo, en este misterioso “era necesario” se esconde el proyecto de amor de Dios hacia el mundo, la razón que da sentido a nuestras noches oscuras.

¿Cómo podemos reaccionar ante las palabras del Resucitado? Tal vez haciendo nuestras las de los discípulos de Emaús:

Quédate con nosotros. El Resucitado siempre aparece en el camino de nuestra vida, pero siempre hace ademán de seguir adelante. Este estar sin ser visto, esta presencia ausente, esta cercanía distante, alimenta nuestro deseo, provoca nuestra búsqueda. Sólo puede decir “quédate” quien ha sido tocado y anhela la posesión total: “¿A dónde te escondiste, amado, y me dejaste con gemido? Hay algo en nuestra fe que es siempre un “no sé qué que queda balbuciendo”.

¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Las brasas de nuestras vida están, a menudo, cubiertas con las cenizas del cansancio, el aburrimiento, la desesperación. ¿Cómo encender lo que parece completamente extinguido? ¿Cómo podemos poner en danza nuestra vida? ¿De dónde brota el fuego interior? ¡De la palabra de Jesús! Cada día, cuando nos acercamos al evangelio, somos como ese mendigo que estaba sentado junto a la puerta Hermosa del templo. Pedimos la limosna de la luz, de la alegría. Quizá no aspiramos a grandes destellos. Nos conformamos con la ración diaria que puede mantener el fuego interior. Jesús nunca la niega a quienes la piden con fe.

Comentarios

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merlos
merlos

el 26/4/11
que precioso comentario del evangelio. esto nos ayuda a poder decirle tambien a jesus. quedate con nosotros señor pues siempre estamos necesitados de ti, en los momentos de tristesa y desesperacion. bendiciones sigan adelante.
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lapqñaoveja
lapqñaoveja

el 27/4/11
Muy bello y ojala podamos responder honestamente a todas estas preguntas, para así poder enderezar el camino..
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Yasmín
Yasmín

el 27/4/11
Ante la desesperanza... la confianza en El. ¡Qué profunda decisión la de abandonarse en sus manos porque nada es imposible para Él! Pero también, ¡qué difícil hacerlo si no estamos vacíos de nuestras ideas y proyectos!!! Hoy necesitamos decir: Quédate con nosotros Señor, nuestro corazón necesita arder en amor a ti y a los hermanos.
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Ignacio
Ignacio

el 27/4/11
La fe de que aquel ajusticiado no se ha quedado en la
muerte, sino que vive entre nosotros, nos sostiene y
fascina. La vida nueva, eterna, de Jesús es estímulo y
esperanza para todos. Este es el mensaje pascual. Un
mensaje que es fácil de rechazar: " De ello te oiremos
hablar en otra ocasión ", dijeron ya entonces al apóstol
Pablo ciertos filósofos escépticos en el Aerópago de A-
tenas, según cuenta Lucas en Hch. l7,32. Sin embargo,
ello no ha detenido la marcha victoriosa del mensaje.
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gustavoeguez
gustavoeguez

el 27/4/11
Las lecturas de hoy hacen referencia, sin duda, al encuentro con Jesús. A ese encuentro personal… cuando nos percatamos de que el está con nosotros, o al menos era él el que estaba presente (¿acaso no ardía nuestro corazón?), Cuantos milagros han sucedido en nuestras vidas que manifiestan la presencia de nuestro Señor: El nacimiento de cada hijo, el milagro de tener una familia, la salud, la Paz espiritual, los amigos, el pan de cada día, la misma vida es un milagro de Dios. O tal vez como en el Portal “Hermosa” nos lo trajeron a Jesús los enviados de Él, y nosotros quedamos saltando cantando y bailando, alabando a Dios. Y quien sabe, tal vez nosotros somos los que podemos llevarlo a los demás: No tengo posibilidades de darte nada material, pero lo que tengo te doy y es » ver comentario
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katyuska
katyuska

el 27/4/11
QUEDATE SEÑOR, JUNTO ANOSOTROS QUE LA TARDE ESTA CAYENDO.caminaban junto a EL ,y no lo reconocieron hasta que partio el pan entonces alos de emaus se le abrieron los ojos , y se dieron cuenta de que era EL ,jesus el resucitado CUANTAS VECES SEÑOR NOS PASA LO QUE AELLOS . caminas anuestro lado y no te vemos, porque estamos inmersos en las cosas vanas que nos ofrece la sociedad , y no te conocemos, PERO TU SEÑOR TE HACES EL ENCONTRADIZO, Y NOSOTROS SOLO TENEMOS QUE ESTAR ATENTOS, LO DEMAS LO HCES TU .SEÑOR QUEDATE,AUNQUE MI CAMINO A VECES NO SE TU CAMINO
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