Comentario al Evangelio del

Juan Lozano Belmonte, cmf

 

Queridos amigos y amigas:

“Os conozco muy bien y sé que no amáis a Dios” Jn 5, 42. Tiemblo al pensar que Jesús podría decirnos esto mismo el día en que nos encontráramos con él cara a cara. Ojalá no lo diga nunca de ningún creyente a pesar de nuestro pecado e infidelidad. Son palabras duras pero no gratuitas. Son las que pone el evangelista en boca de Jesús y que recogen su defensa frente a las acusaciones fariseas. Y es que en este pasaje hay cuatro testimonios muy claros que nos pueden ayudar a acercarnos más al Hijo.

1ª. El testimonio principal a favor de Jesús lo da el Padre. Esto significa que no aceptar a Jesús es rechazar el testimonio del Padre, rechazar al Padre.

2ª. El segundo testimonio es el de Juan el Bautista, a quien los mismos judíos reconocieron cierta autoridad. Es el mensajero que nos preparó el camino en Adviento.

3ª. El tercer testimonio lo dan las obras que Jesús realiza, pero no sólo sus signos o milagros, sino toda la actividad que Jesús realiza, toda ella es reveladora.

4ª. El cuarto en dar testimonio es el mismo Moisés, que en el pasaje del Éxodo de hoy, intercede ante Dios para que no castigue al pueblo por su idolatría

¿Qué nos sucede? Igual que los coetáneos de Jesús tuvieron testimonios más que de sobra para aceptar y creer en él, nosotros, si cabe, tenemos más ventaja, pues gozamos de una perspectiva histórica y de una tradición de vida cristiana que nos ha proporcionado más testimonios que ellos no tuvieron. Pues bien, a pesar de todo, cuando el corazón del ser humano busca apoyarse en sí mismo, autoafirmarse, autorrealizarse, corre el grave peligro de cerrarse a la fe y no aceptar más realidad que la que ve, y no hay testimonios que valgan. Es lo que le ocurrió al pueblo en el desierto cuando construyó el becerro de oro. ¿Qué más necesitamos para creer en Jesús? ¿No tenemos suficientes testimonios?

Vuestro amigo en la fe.
Juan Lozano Belmonte, cmf.

Comentarios

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vicente condori
vicente condori

el 7/4/11
Jesús hoy se dirige a los Judíos estudiosos de la Palabra de Dios, aquellos que con sus hechos hechaban por Tierra lo que habían aprendido, hasta negaron al Hijo de Dios su presencia divina. Nos dice también a nosotros que leemos y meditamos la Palabra de Dios que nuestro Testimonio vivo de fe reafirme lo que aprendemos. Digamos que somos Cristianos si damos a otros el amor de Dios, si somos compasivos y misericordiosos especialmente con los más pobres y necesitados.
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m. dolors
m. dolors

el 8/4/11
Juan, me siento identificada contigo cuando escribes: “Os conozco muy bien y sé que no amáis a Dios” Jn 5, 42. Tiemblo al pensar que Jesús podría decirnos esto mismo el día en que nos encontráramos con él cara a cara.

Me imagino que en estos momentos, el evangelista Juan, me lo dice a mi. ¿Cómo reacciono? ¿Qué siento?
Me siento como atrapada… A veces es la sensación de que podemos esconder, ante Dios, ante los demás, nuestra manera de ser, de sentir y pensar… Y algo o alguien nos hacen de “espejo” y descubrimos aquello que quizás ni habíamos imaginado.
Señor, yo pensaba que te amaba y descubro que todo lo que hacía era amarme a mi misma.
Sí, tenemos suficientes testimonios, pero ¡que pocas veces nos sirve la experiencia de otros!
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