Comentario al Evangelio del

José M.ª Vegas cmf

 

En el famoso cuadro de Rembrandt, “El regreso del hijo pródigo”, que se encuentra en el Museo Ermitage de San Petersburgo, además de la impresionante representación de esta no menos impresionante parábola de Jesús, hay, según algunos, un cita del texto del Evangelio de hoy: el hijo mayor situado a la derecha del cuadro, de pie y fuera del foco de luz (que expresa su “estar fuera” de la fiesta), con rostro severo y sombrío, aunque iluminado por esa luz (lo que indica la invitación del padre a participar de la alegría por el hermano recuperado); y tras él, en penumbra, un personaje sentado, con los atuendos de un administrador de la época, y que se golpea el pecho con el puño. En efecto, en la parábola del hijo pródigo el hijo mayor representa a los fariseos, que se tienen por justos; y Rembrandt lo dice precisamente con la cita de la parábola del fariseo y el publicano. Al escuchar de labios de Jesús esta parábola nos posicionamos inmediatamente de parte del publicano humilde y contra el fariseo soberbio. Pero Jesús nos ha contado esta parábola para que nos examinemos, tratando de identificar de qué lado estamos realmente nosotros. Nosotros, el que escribe estas líneas, los que leemos esta página, somos, probablemente, buena gente, personas honestas, cristianos que se esfuerzan por hacer el bien. Es claro que nadie, tampoco Jesús, nos va a criticar por esto. Pero, al escuchar esta parábola, podemos entender dos peligros que nos amenazan de cerca: el primero es el de despreciar, amparados en nuestra justicia, a borrachos, drogadictos, pedigüenos y otros marginales, a los que consideramos tal vez “pecadores oficiales”. El segundo peligro es el de considerar que son nuestras buenas obras las que nos justifican ante Dios. Es Dios el que nos justifica: por eso tenemos que reconocer humildemente nuestros pecados, que los tenemos, para que Dios nos levante y justifique, y para que, de esta manera, podamos evitar el pecado más grave y difícil de reconocer: el pecado de soberbia, que nos separa de los demás y le cierra a Dios la puerta para nuestra justificación. 

Saludos cordiales

José M.ª Vegas cmf

http://josemvegas.wordpress.com/

Comentarios
yuventus yuventus
el 2/4/11
La oracion humilde justifica, esto es, hace al hombre aceptable a Dios, mientras que la soberbia cierra las puertas de la misericordia de Dios. Pedimos al Señor que seamos capaces de ser como el publicano humilde para cerrar en nosotros mismos y abrirnos para con los demas.
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Sally, R.D. Sally, R.D.
el 2/4/11
Que hermosa es la cuaresma! Que alivio es para el Alma el autoexamen, el reconocimiento de nuestras faltas, la reconciliacion y la resureccion. Que amparados en la gran misericordia de nuestro Dios podamos en esta cuaresma, mirarnos desde la posicion de hijos prodigos, confesar al Padre cuanto hemos pecado, toda nuestra soberbia, toda nuestra inconformidad, toda nuestra ira y rebeldia interna, que el Padre nos ampare en sus brazos, nos dignifique y nos mande a entrar; Que encontremos en sus brazos la misericordia y el Amor que nos lleve a la resureccion... Amen!
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Juan Carlos Juan Carlos
el 2/4/11
Me parece bello y edificante tu reflexión sobre "el hijo pródigo" pero el Evangelio de hoy (02-04-2011) se refiere al publicano y al fariseo que van a orar al templo. Revisa mejor la liturgia del día.
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Augusto Molina Augusto Molina
el 2/4/11
Ef 2, 4-10 Esta cita es el regalo que recibí hace muchos años, por favor léanla y pidan al Espíritu Santo los llene de sus dones para vivir en justicia paz y gozo para la gloria de Dios.
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JACKY. JACKY.
el 2/4/11
EL EXAMEN DE CONCIENCIA NO ES SOLO PARA EL TIEMPO DE CUARESMA Y AL LEER LAS LECTURAS CORRESPONDIENTES DE HOY, VENIAN A MI MENTE LOS SALMOS 1 Y 15, SI TENEMOS UN TIEMPITO PARA LEERLO Y MEDITARLO, DIOS ENVIARA SU SANTO ESPIRITU PARA AYUDARNOS A REVISAR NUESTRAS ACTITUDES, Y RECORDARNOS QUE EN SU PRESENCIA SOLO PODEMOS SER COMO MENDIGOS, EXTENDIENDO NUESTRAS MANOS Y ESPERAR QUE EL NOS REGALE DE SU AMOR Y MISERICORDIA...A DIOS SE LE BUSCA EN LA ORACION Y SE LE ENCUENTRA EN LA MEDITACION; ESTAS SON PALABRAS DE UN SANTO Y NO MIAS.
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