Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz. Misionera Claretiana

Dios toma en serio nuestra vida y nuestra libertad. Tanto que no puede ser indiferente lo que hagamos o no con ella. Muchas veces decimos no creer en un dios juez, castigador-premiador, ligado a los criterios objetivos de un árbitro imparcial y aséptico. Decimos que el Dios de Jesús en quien creemos es un Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos, que su misericordia y bondad superan toda justicia, que no hay razón para temer. Y sin embargo, llegamos a la vida diaria, y seguimos encontrándonos aplastados y apesadumbrados por enormes culpas que a menudo no somos capaces de convertir en una vida nueva. Otras veces nos vemos envueltos en “piedras” con las que tropezamos una y otra vez; sabemos que nos hace daño o dañamos a otros, pero refugiados en nuestra propia pereza y una supuesta “manga ancha” de Dios, nos decimos a nosotros mismos que no es tan importante, que somos limitados, que no es para tanto, que hay que vivir... Y al final, la vida real y cotidiana se nos impone. La maldad lleva consigo su propio pago, porque engendra mal. Nadie nos castiga. Sufrimos las consecuencias, sin más. E igual con el bien que hacemos: se torna bendición para nosotros y para los demás.

Por eso, sigue siendo nueva la invitación de Jesús a ser “mejores que los escribas y fariseos”, a no contentarnos con lo mínimo, con lo que está mandado, con lo cumplido. Estamos llamados a ir más allá. A adelantarnos al bien, a aborrecer el mal, más allá de la retribución que recibamos o del reconocimiento que se nos haga. Estamos llamados, en último término, a encarnar en nuestra vida lo que decimos creer: que la misericordia y la ternura de Dios adelantan en mucho a la justicia estricta. Que merece la pena vivir un poco más allá, dando más de lo imprescindible, exigiéndonos más de lo que sería necesario para “seguir tirando”.

Seguramente ninguno de nosotros somos malas personas. No sé si muchos seremos buenos. Y más dudas aún, si se trata de ser “cristianos”= otros Cristos para los demás. La vida y el bien del otro nos preceden: no lleguemos tarde a la cita. Y menos aún, poniendo como excusa el que ya cumplimos lo mandado. Ni siquiera cuando se trata de la ley de Dios.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz. Misionera Claretiana (rosaruizarmi@gmail.com)

Comentarios
Nora Enríquez Nora Enríquez
el 17/3/11
Sor, me encantan mucho sus reflexiones,
sobre todo por esa catequesis nueva (por asi decirlo )
de mostrarnos " al Dios de Jesús "
Todos quienes recibimos la catequesis de "antes"
necesitamos esta nueva re- evangelización
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JACKY. JACKY.
el 17/3/11
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora.

HERMOSO VERSICULO DEL SALMO DE HOY Y QUE ENCIERRA EN SI UN MENSAJE QUE ME RECUERDA EL SILENCIO DE MARIA SANTISIMA, ELLA ORABA, OBRABA, CONFIABA Y VIVIA CON EL ALMA ELEVADA A DIOS, TALVEZ DEBEMOS CULTIVARLO MAS AMENUDO EN NUESTRO DIA A DIA ASI CUANDO DIOS NOS LLAME A SU PRESENCIA, PODAMOS PASAR LA PRUEBA DE RESIDENCIA Y CIUDADANIA MAS IMPORTANTE DE NUESTRA EXISTENCIA.
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MICHELANLLELO MICHELANLLELO
el 18/3/11
ES VERDAD TODO LO QUE DESCRIBES, PERO ES FUSTROSO TODO LO QUE NOS PASA A NUESTRO ALREDEDOR, A LA EDAD DE LOS 40 , TODO SE VE DE DISTINTA MANERA, TODO ES MENTIRA, Y TODO POR NO TENER LA VALENTIA DE PODER SU VIDA EN MANOS DE DIOS, QUE ES EL UNICO QUE NOS PUEDE GUIAR EN ESTA VIDA LLENA DE FUSTRACIONES, EN FIN GRACIAS POR ESTE COMENTARIO, PERO MUCHAS VECES ESTAMOS DESANIMADOS POR LA VIDA QUE LLEVAMOS, ESPERO QUE ORANDO EN ESTE TIEMPO DE CUARESMA SE NOS DE UN SOPLO DE VIDA QUE NOS DURE POR LO MENOS HASTA OTRA BAJADA.
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Ignacio Ignacio
el 18/3/11
Conozco mi indignidad, Señor, conozco mi miseria, co-
nozco mi pecado. Pero también conozco la prontitud -
de tu perdón y la generosidad de tu gracia.
Mi alma espera en el Señor en el Selor, espera en su pa
labra, aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguardemos hermanos al Señor, como el centinela a la
aurora.
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José Antonio José Antonio
el 18/3/11
Si presentas tus ofrendas al altar y recuerdas que tu hermano herido está, porque tú lo has ofendido y lo has hecho atribular; ve a tu hermano y con tu hermano ponte en paz.
El Señor es claro, no quiere una conversión de dientes para afuera o plástica y de solo palabras, quiere una conversión que haga sentir nuestra fe profunda y sincera en el trato hacia lo demás, en el reconocimiento de que los demás son imagen de Dios y están revestidos de dignidad, quiere un corazón quebrantado y humillado, lo cual puede lastimar nuestro ego pero fortalecer nuestra vida espiritual.
Que el Señor nos dé la gracia necesaria para que en esta cuaresma que nos regala una vez más, humildemente nos acerquemos a aquellos que hemos ofendido, nos pongamos en paz con ellos, para que juntos presentm » ver comentario
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vicente condori vicente condori
el 18/3/11
El Dios de la vida no quiere la muerte, ni aún del que mata, espera su arrepentimiento y su cambio de vida. Pero a nosotros que supuestamente estamos caminando con el Señor, Jesús nos pide más: Perdonar siempre al hermano y buscar la reconciliación. Esa es la radicalidad del Nuevo Reino de Dios: no puede haber ni malos entendidos entre nosotros.
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Maruja Maruja
el 18/3/11
Me encantan estos comentarios y me ayudan personalmente y a la Catequesis.
Gracias y que Dios siga derramando su sabiduria.
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gloria gloria
el 18/3/11
Es hermosa la definición que da sobre el ser cristianos: cristos para los demás, para el prójimo, para todo aquél que de Dios reciba el beneficio de la luz del sol. Solicito de usted su oración para que el Señor me permita amar mis enemigos y puede con vida mostrarlo a los demás
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Luis Alberto Luis Alberto
el 18/3/11
El centinela espera la aurora con un deseo enorme, si pusiera en mi corazón el deseo de ver a Dios en los ojo de mi hermano qué diferente viviría... Lo intentaré porque me parece que el mensaje de Jesús va por ahí, renovar la vida a partir de un despertar donde la epifanía de Dios es una constante que inspira la construcción de su Reino.
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