Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

Construir la Casa del Reino

 


 

 

      Todos queremos hacer con nuestra vida algo que valga la pena. Cuando somos jóvenes nuestros deseos son muchos. Desde tener un buen trabajo o quizá crear una empresa hasta formar una familia. O ser misionero o comprometerse en la política tratando de construir una sociedad más justa. Los deseos son muchos pero las realizaciones no se corresponden siempre a la amplitud de lo que se soñó. Siempre nos quedamos cortos. El buen trabajo o la empresa que se formó con tanto esfuerzo tienen sus limitaciones. El político se encuentra con que sus sueños de justicia se tienen que realizar en el complicado barro de las relaciones humanas. Hasta el misionero descubre pasados los años que no todo lo que ha hecho fue como lo deseó. 

      Así es la vida. Con el paso de tiempo descubrimos que lo que hemos levantado, la edificación libre y responsable de nuestra propia historia, no sigue exactamente los planos que hicimos en su momento. Claro que una cosa es hacer los planos en el refugio tranquilo donde el arquitecto planea y pone por escrito sus ideas y otra llevarlas a la realidad, ponerse a pie de obra, encontrarse con los obreros, con los proveedores, con los técnicos. Al final el resultado no es exactamente lo que estaba en los planos. 

      Pero es de esperar que el resultado sea una casa que sirva para lo que se pensó. Aunque no sea perfecta, aunque tenga limitaciones y defectos, pero que no se caiga, que proteja de la lluvia. Y que esté bien cimentada. 

 

¿Cómo construir esa casa?

      La parábola del evangelio de este domingo nos invita a levantar nuestra propia historia sobre la roca verdadera. Para ello hay que escuchar la palabra de Jesús. Y levantar sobre ella nuestra vida. O, como se dice al principio del mismo evangelio, hay que cumplir la voluntad del Padre. Y aquí llegamos al problema de siempre: ¿Cuál es la voluntad del Padre para nosotros?

      Por lo menos, tenemos una primera respuesta de Jesús: cumplir la voluntad del Padre no consiste ni en profetizar en el nombre de Jesús, ni echar demonios en su nombre, ni siquiera en hacer milagros en su nombre. Todo eso no sirve más que para que Jesús nos diga que nos conoce y que no tiene nada que ver con nosotros. 

      Habría que recordar el refrán aquel que dice “A Dios rogando y con el mazo dando.” Y volver a los evangelios que se han leído en los últimos domingos. La voluntad de Dios es que nos volvamos al hermano y hermana y construyamos un mundo más fraterno, más solidario, un mundo donde nadie esté excluido y donde todos se puedan sentir hijos del único Padre que está en los cielos. Todo lo cual tiene poco que ver con profetizar, echar demonios o hacer milagros. Y tiene mucho que ver con hundir las manos en el barro de las relaciones humanas, con acercarse a las personas concretas, con amar, con reconciliar, con perdonar, con tender puentes, con acoger... 

 

Una casa sencilla, para los hermanos

      Ahí es donde se juega eso de “cumplir la voluntad de Dios.” Ahí es donde se construye una casa sobre roca, capaz de resistir los vientos y las inundaciones. Cuando descubramos que de lo que se trata no es de construir mi casa sino la casa común, la de todos, la de los hijos e hijas de Dios. Trabajando por ahí es como cumplimos la voluntad de Dios y construimos la casa del reino. 

      Lo que Jesús nos propone tiene poco glamour, es poco vistoso. Se hace en el compromiso diario, en las relaciones con los otros en el seno de la familia, en el círculo de vecinos, en el mundo del trabajo, en la comunidad parroquial, en el compromiso político. Tiene poco que ver con esos milagros que cambian el día en noche en un momento y dejan a todo el mundo deslumbrado. Lo que Jesús nos propone es un trabajo oculto pero que es la forma más segura de que el amor de Dios llegue al corazón de las personas. 

      Como dice la primera lectura, debemos escuchar estas palabras de Jesús y meterlas en el corazón y en el alma. Nos enseñan el verdadero camino. Desviarnos de él es perdernos la mejor oportunidad de nuestras vidas. Y construir nuestra casa sobre arena. ¡No durará mucho! Pero si colaboramos con la gracia de Dios, como dice Pablo, entonces nos encontraremos justificados, salvados. Y nuestra casa será la casa del reino.

Comentarios

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Lidu Odar
Lidu Odar

el 27/2/11
El mensaje del evangelio es que la fe en nuestras vidas debe ser solida y firme como una roca
Lidu
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Blanca
Blanca

el 28/2/11
Traigo al aquí y ahora mis sueños e ilusiones de juventud, lo que yo he deseado para mi matrimonio, para hijos, familia... Y aun tengo que manejar las herramientas cada día para que mi casa no se derrumbe. Un diálogo oportuno, una buena escucha, amar a pesar de todo, perdonar, pedir perdón. En cuanto me descuido hace goteras. Los cimientos son firmes, pero las inclemencias del tiempo, las amenazas de una sociedad que no ayuda a construir; el todo vale, el plan que en definitiva tiene el mundo, amenaza con convertir en ruinas, eso que tanto esfuerzo y tantos años nos ha costado llevar a cabo, bajo la dirección de nuestro MAESTRO DE OBRAS. Siempre le pido consejo, así que espero que al final de mis días lo que ha generado mi esfuerzo, sea útil a todos los que me rodean. Que mi vid » ver comentario
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andrés conil
andrés conil

el 1/3/11
Es verdad Fernando, así es la vida, levantamos nuestra propia historia,pero sobre qué la levantamos,sobre los púlpitos para que nos vean todos lo que hacemos, como el que dice "Señor,Señor" que yo he echo esto,"Señor,Señor" que yo he echo aquello,que a mi me tienes que dar esto ,que a mi me tienes que dar lo otro,que yo ayudé a fulanito , que yo ayudé a menganito,Señor,Señor, que yo hago,que yo voy,que yo cumplo,que yo soy... .... .... ..... No te conozco, dice el SEÑOR . No se trata de construir tu casa sino la casa del Reino de todos, y no sobre lo que nos conviene ,sino sobre la roca que es Cristo; entre sus grietas,entre sus llagas,entre sus heridas,porque él lo aguantó todo ,lo soportó todo,como una fuerte roca. Es verdad lo que nos propone es algo poco vi » ver comentario
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antonio marin h
antonio marin h

el 3/3/11
Todos queremos una casa buena, firme, sólida. Así debe ser mi fe, sólida, fime en las pruebas y dificultades. Todo esto es posible si invito al Gran Arquitecto Jesús que cada día construya mi vida. Y a la ayudante de su obra LA GRAN MARIA DE NAZARET.
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Luis Alberto
Luis Alberto

el 4/3/11
Qué buen comentario Fernando, gracias!! Entiendo que no es lo de "fuera" lo que da salvación: profecías, milagros,etc. Sino lo de dentro: un corazón unido a Yavé, al Padre-Madre Dios. Quien está unido a Dios cimenta sobre roca y se entrega por la "Casa Común del Reino", sin mucho glamur o espectáculo masivo, como buscaba Jesús, aunque no le esquivaba a la multitudes cuando se reunían por Él. Pienso en la necesidad que tenemos en la iglesia de una Pastoral de Continuidad para día a dia alimentar la fe y el crecimiento del Reino.
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antonio H
antonio H

el 4/3/11
Todos estamos llamados a la obra de Dios, pero es necesario la disponibilidad la hora de trabajar, lo demas lo va dirijir el Señor, y nosotros trabajemos con humildad
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Patricio
Patricio

el 5/3/11
El comentario me deja un poco perplejo. Parece que se está atribuyendo a Cristo la exclusión de la dimensión mística o de los milagros que se puedan hacer desde la fe en Él. Cuidado. El mismo Cristo nos exhorta a rezar en todo momento, a tener una fe que transporte las montañas, a dar la cara por él...
¡Cuidado con dar la impresión de proponer que la Iglesia se convierta en una ONG!
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padre paul
padre paul

el 5/3/11
señor señor tengo en mis manos el derecho caninoco tengo en mmis manos el catecismo pero olvide la roca firme del evangelio que hago para conseguir la vida eterna y es que no me salvo ni salvo por que mis riquesas en el mundo son mas pesadas
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Joseph
Joseph

el 6/3/11
Este evangelio es una fuerte llamada de atención a todos los que nos llamamos cristiano. no basta llamarse cristiano para decir que somos dignos de ese nombre.
En nuestro contexto vale la pena leer este evangelio con mucho empeño. hoy somos cristianos sociales o mejor dicho cristiano de eventos, y no de corazón.
por ello, Cristo nos invita a sentarnos y reflexionar un poco sobre lo que es ser cristiano. Escuchar la palabra de Dios y dar testimonio de vida, dos alas de un verdadero cristiano
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rosita27
rosita27

el 6/3/11
Escuchar la palabra d Dios y hacerla vida con hechos ,cumpliendo el mandamiento del amor y haciendo la voluntad d Dios construyendo sobre roca firme para q ntra. fe no se derrumbe pedirle a ntro. Sr. Jesùs q todo lo hagamos sea para la gloria d Dios consruyendo un mundo mas fraterno siendo solidarios con los mas nesecitados . gracias Dios bendiga su hermosa misiòn
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Luis Gallis
Luis Gallis

el 6/3/11
Palabras sencillas y directas: " Hacer el bien o hacer el
mal". No es suficiente orar con Dios. No basta con ser un buen teólogo. ¿ De qué servirá ser un mandatario de la Iglesia si no tiene comunicación con los fieles ?
¿ De qué nos servirán todas las misas diarias, novenas,
ayunos, si no hemos dado una cebolla a la vecina que
te la pidió cuando le hacía falta ? Conocemos a perso-
nas que apenas van a misa, pero que siempre están dis
puestas a ayudar al que se lo pida. Sobre la lectura de
Pablo he aquí mi pensamiento: Es un hombre con luces
y sombras. Creo que su mensaje no basta para los tiem
pos en que vivimos. Pablo ofrece un modelo de viven-
cia para cristianos y gentiles de la primera generación.
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Sol Quiles
Sol Quiles

el 6/3/11
Este evangelio y los anteriores han sido muy fuertes en mi corazón, son nuestro diario vivir, muchas veces enfocamos nuestros pensamientos en vanidades y afanes, pero ese Gran Dios, paciente, que nos perdona una y otra vez debemos dedicarle nuestras acciones cada segundo para que seamos reflejos de Nuestro Señor Jesucristo y vivir como nos dice el Evangelio. Que el Señor y la Santísima Virgen los tengan en la palma de su mano.
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antonio marin h
antonio marin h

el 6/3/11
Fernando: Gracias por tan excelente ayuda cada día con la Palabra. Gracias a todos y todas por los comentarios mucho que me ayudan Grqcias y mil gracias.
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