Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

 

Queridos hermanos:
   
Una confusión ligüística ha trastocado la geografía del evangelio de Marcos, pues el camino de Tiro hacia la Decápolis y el lago de Genesaret no va “por Sidón” (en arameo beSaida), sino por Betsaida. Los escritos bíblicos son plenamente divinos y plenamente humanos, expuestos también a estos lapsus.

Una constante del evangelio de Marcos es la victoria de Jesús sobre los “espíritus impuros”, que frecuentemente tienen al hombre atenazado y privado de libertad. Nos es difícil conectar con la mentalidad de aquella época, según la cual la mayor parte de las enfermedades eran interpretadas como fruto de un influjo diabólico, a veces verdadera posesión. Hoy tenemos otros conocimientos médicos, y también una “sana secularidad”, enseñada incluso por el Vaticano II, y no debemos buscamos causas sobrenaturales o extraterrestres cuando cabe explicación natural o una normal “etiología” de la “patología” en cuestión, que dice la jerga especializada. Jesús ya evitó una respuesta “retribucionista” simplona cuando le preguntaron si había pecado el ciego o sus padres; y Mt 17,15 sustituye la acción de un “demonio mudo” (Mc 9,17) por un influjo astral: “mi hijo es lunático”.

La fe en la Palabra de Dios no nos pide que renunciemos a los logros científicos; más bien nos estimula a seguir avanzando; “al entrar en la iglesia hay que quitarse el sombrero, pero no la cabeza”, decía Chesterton. En realidad, lo mismo da que el origen de la enfermedad sea controlable o no; lo que el evangelio inculca es que Jesús, la insuperable presencia de Dios en nuestro mundo, no se resigna ante el sufrimiento humano, sino que lo combate y elimina.

Jesús pasó por el mundo sembrando esperanza, y enseñando a los suyos a que la contagiasen. El mundo nuevo, eso que él llama “el Reino de Dios”, se hacia ya palpable en su acción sanadora. Él no puso fin absoluto al sufrimiento humano, que sigue siendo nuestro molesto compañero de camino; pero dejó la historia definitivamente orientada  hacia un glorioso “punto omega”, que supera “lo que el ojo vio, el oído oyó, o subió a la imaginación humana (1Cor 2,9). San Pablo dice que la creación, “sometida a la vanidad”, espera ansiosa la glorificación del hombre para participar también ella de esa misma gloria (Rm 8,21). Y las últimas páginas del Nuevo Testamento muestra anticipadamente “un cielo nuevo y una nueva tierra”, que se identifican, y en ellos “Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos y ya no habrá muerte” (Apc 21,1-4). No son los “autobuses teológicos”, descreídos o creyentes, la palabra más autorizada para librarnos de ansiedades e invitarnos a gozar de la vida. La palabra y la acción de Jesús tienen una fuerza persuasiva insuperable. 

Vuestro hermano
Severiano Blanco cm
Comentarios

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cyntia_Rep.Dom.
cyntia_Rep.Dom.

el 11/2/11
no hay obras sin hechos, el senor proclama la palabra y siembra la esperanza y nos otorga sanacion fisica, emocional y espiritual , nos ofrece un cielo nuevo, un mundo nuevo,jesus siendo la representacion de Dios en nuestro mundo que no se resigna ante el sufrimiento humano, porque es un dios misericordioso, que esspera por nosotros.
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Luis Gallis
Luis Gallis

el 11/2/11
Queridos hermanos: En tiempos de Cristo había ciegos,
cojos, leprosos.... En nuestros días hay todo eso y mucho más. Sólamente quiero enviaros un mensaje de
ánimo a los que estáis pasando por situaciones difíciles,
como yo. No perdáis nunca la esperanza y la confianza
en Dios.Ya sé que esto es fácil decirlo, y luego nos en-
contramos con una realidad dura. Pero hay que seguir,
seguir, y seguir, apoyándonos en la Roca que nos sal
va.
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Roberto Tito
Roberto Tito

el 12/2/11
Ell comentario a yuda a retener la Palabra de Dios
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