Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

 

Es buena, incluso necesaria, la capacidad de soledad, donde el hombre se encuentra consigo mismo y con Dios libre de interferencias. La necesidad del estímulo externo permanente suele significar vacío interior o miedo a la propia interioridad. La soledad es buena, pero no la “solitariedad”, la misantropía. Sólo de un loco frustrado pudo salir la espantosa frase “cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro” (Lord Byron).

Dios nos ha creado con afectividad acogedora; “no es bueno que el hombre esté solo”. Estamos llamados a recibir al otro como a un igual, hermano, hijo del mismo Padre. Pero Dios ha querido una especialísima relación humana: la matrimonial, la de pareja complementaria y fecunda: La experiencia de atracción del otro sexo no es nada enfermizo, sino todo lo contrario: signo de salud espiritual; el Génesis nos dice que “estaban desnudos pero no se avergonzaban el uno del otro”; es, sin duda, una situación idílica, utópica, pero justamente por ello muy deseable: una actitud afectivo-sexual sana no ruboriza, porque no tiene nada que ocultar; la vergüenza es más bien fruto del propio egoísmo, del deseo morboso de poseer o “utilizar” al otro.

La relación humana y cristiana más auténtica es la de la donación: aquella en que cada uno no busca recibir, sino sólo dar (de donde suele llegar espontánea e inesperadamente la gratificación). Pocas cosas hay en el mundo tan hermosas como un noviazgo sano, respetuoso y “desinteresado”, o un matrimonio nonagenario que es feliz simplemente por la presencia y compañía, donde la sensación no es ya la de ser “carne de mi carne” sino “alma de mi alma”. 

No concluyamos sin un par de subrayados en el evangelio. Jesús usa el lenguaje judío de su tiempo, que designaba a los paganos como “perros”; pero la sirofenicia sabe traducir la “humillación” en “humildad”; no se defiende ni reivindica: espera. Es uno de los muchos lugares evangélicos en que Jesús alaba la fe de los paganos, a veces incluso la pone por encima de la de Israel. En su tiempo como en el nuestro existía la tendencia a la autosuficiencia religiosa y al menosprecio del otro credo. Hay que mirar a los otros “creyentes” con gran respeto, y al mismo tiempo hemos de preguntarnos a nosotros mismos, por mucha tradición cristiana que tengamos a nuestras espaldas: “¿quién puede decir que es creyente sincero?”. 

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios
Luis Gallis Luis Gallis
el 10/2/11
Hermano Severiano:
Gracias por tu comentario sobre las lecturas evangélicas
de hoy.Son palabras claras, verdaderas. Me identifico plenamente con lo que dices sobre la felicidad de la pa-
reja. En estos tiempos en que el compromiso es tan frá
gil y las desavenencias con finales trágicos tan frecuen-
tes, la fidelidad y el compromiso son imprescindibles pa
ra la buena marcha de una sociedad que pretenda ser
feliz.
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cari sena cari sena
el 10/2/11
Qracias por tan hermoso comentario lleno de vida espiritual Sabe que yo estoy pasando por un problema parecido al comentario tengo mi pareja y no convivo diario con el por que trabajo en otra cuidad muy retirado de mi casita quiero dejar el trabajo y dedicarme a mi esposo que tanto me necesita que sufre mucho la falta mia y es un esposo ejemplar.
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maria ines maria ines
el 11/2/11
ciertamente y cuando se es mas adulta la pareja es compañia y proteccion debemos de valorarla y cuidarla com o dios nos pide y de la misma crecer en la fe como la mujer del evangelio de hoy por y con su fe salva a su hija al aboagar por ella asi debemos todas las madres del mundo abogar y resar siempre por nuestras hijas para que jesus las sane siempre no nadamas de la enfermedad tambien seamos sanados del alma y vivamos una vida mas cristiana cada dia
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