Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

 

Queridos hermanos:

Hace un par de días la parábola del sembrador impertérrito nos hablaba de la esperanza inquebrantable de Jesús en el triunfo final del plan de Dios; habrá dificultades y obstáculos, pero la cosecha definitiva supera todas las expectativas y cálculos humanos. Hoy, la consideración de cómo la semilla se va desarrollando sin llamar la atención nos remite al mismo pensamiento: lo que aparentemente comenzó por un mero pudrirse en la tierra termina siendo una dorada espiga doblada por el peso de su grano abundante. Pero ello ha requerido un tiempo, han tenido que pasar los meses del gélido invierno; no sucedió de la noche a la mañana. Por eso al labrador le parecía que allí no se daba ningún desarrollo, que nada se podía esperar. Sólo la cosecha final le llenó de admiración.

Esta llamada a la admiración se nos hace nuevamente hoy, al contemplar la grandiosidad que puede encerrarse en las cosas pequeñas: una semilla minúscula o unos gramos de levadura son algo que apenas admite ser medido, y sin embargo allí se aloja una magnitud insospechada, un hermoso pan henchido, un arbusto capaz de cobijar pájaros.

Tal vez estas parábolas sean explicación de mucho del ministerio de Jesús; quizá más de una vez los seguidores le llamaron iluso, haciéndole notar que eran pocos y mal avenidos y que los signos realizados por el Maestro alcanzaban a personas aisladas y pasaban inadvertidos a las mayorías menesterosas del pueblo.

En una cultura totalmente religiosa y de escasos conocimientos botánicos, estas parábolas orientaban la atención hacia algo que era considerado misterioso y que remitía al inconmensurable poder Dios. De ellas se sirve Jesús para ilustrar su enseñanza sobre lo misterioso del Reino que él proclama: “a vosotros se os ha dado a conocer el misterio del Reino de Dios…”.

Nosotros hoy podemos tener la misma falta de fe, o la misma sobra de escepticismo, que pudieron tener entonces los seguidores de Jesús. Él nos invita a mirar en profundidad y a saber valorar lo pequeño, el inmenso cúmulo de detalles minúsculos que a diario embellecen y ennoblecen nuestra vida por obra de quienes nos rodean, o con los que nosotros embellecemos la de otros. No perdamos de vista la fecundidad de la fe que los engendra y alimenta.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios
Amanda Fion Amanda Fion
el 28/1/11
Bella su reflexion muy llena de esperanza las lecturas de hoy para todos. Me llama especialmente la atención el parrafo de la primera lectura que dice: Nos falta constancia para hacer la voluntad de Dios. Tratare de ser mas consante en mi vida diaria para hacer lo que Dios me pide. "Hacer el bien"
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