Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos

 

¿Qué os parece?

En este relato es Jesús quien inicia el diálogo con los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo con una pregunta, breve y elemental: “¿Qué os parece?”. Después narra un breve cuento.

En diversas ocasiones utiliza Jesús esa expresión: ¿Qué os parece? Es una pregunta que introduce en el diálogo la clave de discernimiento. Jesús es maestro consumado en el arte de profundizar. Pregunta, hace pensar y, luego, invita a expresarse. De esa manera muestra que la verdad está al alcance de todos, incluidos aquellos que de entrada se protegen de su mensaje. La verdad no es patrimonio exclusivo de nadie, sino lugar de coincidencias y de encuentros.

Por eso, la moraleja la deducen inmediatamente sus adversarios, casi sin pensárselo por lo evidente que resulta: Es justo quien hace lo que el Padre quería. Lo correcto se verifica en la ejecución del deseo del padre. No basta el asentimiento inútil sin realización práctica y concreta. Nos lo decimos muchas veces: “Obras son amores y no buenas razones...”, “el amor está en las obras más que en las palabras”, “no el que dice Señor, Señor, sino el que cumple la voluntad de mi Padre...”.

Estos dos tipos de hijos que presenta Jesús nos sitúan en la perspectiva del adviento. El Reino puede ser preparado desde dos actitudes ante el futuro: desde una vida de deseos, apariencias y sublimes palabras que no termina por cumplir el querer del Padre o desde la contundencia insobornable de los hechos, que no necesita de la coherencia verbal para validarse.

¡Qué importancia tan decisiva da Jesús a cumplir la voluntad del Padre! La delantera en el Reino la llevarán siempre los que realicen con docilidad la voluntad de Dios, aunque sus palabras, reacciones inmediatas y apariencias sean tan escandalosas como la de las prostitutas y los publicanos. El verdadero creyente no es el petulante que se cree superior a los demás por sus altísimos deseos, sino que el que se pone manos a la obra. Solo cree en verdad el que obedece. Serán las obras, y ninguna otra cosa, las que liberen nuestra vida cristiana de la tiranía de las apariencias.
 
Vuestro hermano en la fe:
Juan Carlos Martos
Comentarios
vicente condori vicente condori
el 14/12/10
Los más despreciados le creyeron a Juan el Bautista. A veces pensamos que hacemos la voluntad de Dios; pero si miramos nuestras acciones de pecado, nos damos cuenta que no tenemos a Cristo en nuestro corazón. Porque si fuéramos un poco más humildes reconoceríamos nuestro pecado y haríamos lo necesario para corregirlo y prometeríamos no volverlo a hacer. Dios no quiere promesas en vano, sino promesas que nos lleven a nuestra real conversión.
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macadenen macadenen
el 15/12/10
Es cierto Diosito se fija mas en las acciones que en las inenciones. Muchas veces nos hacemos llamar catolicos y no vamaos a misa, otras veces no nos hacemos llamr catolico pero hacemos labor social. Lo correcto es hacer en vez de solo decir.
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