Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Un conocido refrán latino, assueta vilescunt, sintetiza una experiencia de las más comunes de nuestra vida: lo acostumbrado pierde brillo. Por eso un célebre poeta del siglo XX invitaba a que cada uno invente el propio camino cada día, en vez de entregarse rutinaria e inconscientemente a lo ya conocido y trillado:

 
“Que no se acostumbre el pie
a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa,
ni la losa de los templos;
para que nunca recemos
como un sacristán los rezos, ….
No sabiendo los oficios
los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos,
cualquiera sirve, cualquiera
menos un sepulturero.”
 
Cuando Lucas redacta su evangelio la iglesia tiene ya decenios de rodaje. Quedan lejos los tiempos en que se esperaba como algo inminente la vuelta del Señor y el fin del mundo; los cristianos han ido cediendo a la rutina de lo cotidiano y han perdido el sentido de novedad con que en otra época vivieron su fe. Los cuidados de la vida ordinaria, las preocupaciones económicas, la normal tendencia a la comodidad… los han conducido quizá a una religiosidad sin pasión, a una fe demasiado implícita y poco cuidada, un tanto “envejecida”, a una “mente embotada”. No se niega la fe, pero tampoco hay estremecimiento ante el misterio,… y el evangelista desea despertarlos, liberarlos de lo que Miguel de Unamuno llamaba “modorra espiritual”, hacerlos sencillamente creyentes conscientes y entusiastas.
 
Si nuestras vidas se sintiesen reflejadas en esas situaciones (y es probable, dado también el ya largo rodaje de nuestro ser creyentes), si nos viésemos algo tibios en comparación con nuestro entusiasmo inicial, apagados en nuestra pasión por la causa de Dios, el texto del apocalipsis podría ser un buen estímulo para renacer, para intentar la recuperación del amor primero. La percepción de la radiante nueva Jerusalén, del brillo de lo que Dios tiene preparado para los que le aman, aquello que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni subió a la imaginación humana” (1Cor 2,9), debe ser capaz de renovar nuestros corazones. Si en el adviento, que esta tarde comenzaremos, nos entregamos a esta renovación interior, pasaremos del temor relacionado con “cómo resistir ante el Hijo del Hombre” (evangelio) al gozo de “contemplar su rostro y llevar su nombre en nuestra frente” (apocalipsis).
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios
maria ines maria ines
el 28/11/10
estad siempre dispiertos y preparados nos dice el evangelio de san lucas hoy deja todo lo malo que sale de nuestro corazon y contruyamos el mundo mejor donde haya paz y armonia siempre ser mejor dejemos la envdia porqur ceirtamente no sabemos ni cuando sera el dia de nuestro encuentro con el sr. si estas distanciado con alguien es tiempo de reconciliacion si te has peleado es tiempo de pedir perdon es tiempo de dejar de ser egoistas y aprender a compartir vivamos el adviento que dios nos ofrece llenos de entusiasmo siempre
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