Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Existe en el conjunto de la predicación de Jesús todo un filón de pensamiento acerca del paso de la gracia, de lo singular del momento. Deplora la impenitencia de quienes ponen excusas para no reaccionar correctamente y los compara con aquellos niños caprichosos o insensatos que ni bailan al toque de flauta ni lloran ante la recitación de elegías (Lc 7,32). Se fija Jesús también, y con pena, en quienes andan observando si hay nubes en poniente o si sopla viento sur y hacen los correspondientes cálculos meteorológicos para estar prevenidos frente a vientos abrasadores o chaparrones (Lc 12,54-56), y lamenta que no presten siquiera la misma atención a cosas más serias que están aconteciendo en su presencia.
 
¿A qué se refiere Jesús con tales llamadas de atención? Indudablemente a su propia actuación, a su palabra de profeta definitivo e insuperable, a sus signos, preludio de que el Padre se dispone a transfigurar este mundo y desea comenzar por la renovación del corazón humano.
 
Nuestra pequeña parábola de la higuera nos llega incluso acompañada de una conclusión aplicativa: “si os fijaseis en todo esto, percibiríais que el Reino de Dios está cerca”. Unas pequeñas hojas, unas yemas insignificantes muestran ya en esperanza el sabroso fruto de la higuera; no hace falta ser un lince para percibirlo. El “todo esto” de que Jesús habla es él y su actuar mesiánico, cuyo sentido salta a la vista. La pregunta que planteaba entonces y que se nos plantea hoy es si tenemos esa capacidad de percepción para con las palabras y los signos de Jesús, si nos dejamos impresionar, “sacudir”, por ellos.
Los expertos en interpretación de las parábolas consideran que el sentido de la de hoy ha sido desplazado; de ser una llamada a la atención habitual ha pasado a significar la preparación para la última venida del Señor. Pero ese desplazamiento no ha estado desacertado en absoluto: parece que lo que Jesús pretendía era que cada ser humano que entrase en contacto con él experimentase anticipadamente una especie de fin del mundo, una sacudida interior de tal envergadura que surgiese en él un nuevo ser, irreconocible, sorprendente; “he venido a traer fuego a la tierra, y cómo deseo que ya arda” (Lc 12,49). El Bautista anunciaba que, después de él, llegaría uno que “bautizaría” al mundo con una ráfaga de fuego (cf. Lc 3,16).
 
Algunas épocas del año litúrgico las designamos como “tiempo fuertes”. Pasado mañana ya será adviento, uno de esos tiempos litúrgicos de especial densidad. Es el momento de avivar el deseo de que el “fuego” de Dios prenda en nosotros, con auténtica disponibilidad a que muera el hombre viejo y nazca el nuevo, el “según Dios”.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios

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maria ines
maria ines

el 28/11/10
jesus nos dice en su palabra el tiempo esta cerca y es el tiempo de la salvacion para cada unos d enosotros es tiempo de volver nuestros pasos al camino del bien si nos hemos alejado de jesus volvamos a el el siempre nos espera con los brazos abiertos no perdamos nunca la fe y la esperanza de que podemos ser mejores cada dia empieza hoy cambia ya con la gracia de jesus todo se puede el es el poder y la sanancion buscalo siempre y el esta ahi cerca de ti a veces lo tenemos a nuestro lado y no lo descubrimos si ahi en nuestros viejecitos que cada dia los entendemos menos en los niños que necesitan mas y mas amor siempre y recuerda nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonris ¿ puedes regalarla hoy???'
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