Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Este último domingo celebrábamos a Cristo como Rey del universo; vivíamos una gozosa anticipación del desenlace que aguarda a la historia del hombre y del cosmos. Las lecturas de la semana, en el extraño género apocalíptico, nos orientan a intuir, siquiera lejanamente, la forma en que Cristo tomará posesión de ese reinado.
 
También hoy el evangelio intercala sucesos históricos conocidos entre la imaginería cósmica que hereda de una tradición cristiana anterior. Nos habla de señales en el sol, la luna y las estrellas junto con el sitio de Jerusalén por las tropas de Roma y la deportación de muchos de sus habitantes como rehenes o esclavos. La angustia sufrida por éstos puede ser un signo, más o menos aproximativo, del inevitable sobrecogimiento que experimenta todo ser humano cuando es confrontado con la gloria divina, y mucho más cuando es juzgado a la luz del plan de Dios. El AT enseña permanentemente que el hombre no es capaz de ver a Dios y seguir viviendo (“descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura”, versificó San Juan de la Cruz).
 
El texto del apocalipsis presenta esa acción judicial, mediante la cual Dios y el Cordero se instalan definitivamente en su puesto de triunfadores y las fuerzas del mal son condenadas y arrojadas a lo profundo del averno. Una gran fiesta celestial sigue a ese triunfo, sustituyendo y desplazando por completo a los flautistas y trompetas de Babilonia; pero esa fiesta no es exclusiva de las personas divinas, sino que la comparten con los que pertenecen al Cordero, los tatuados con su nombre, los redimidos.
 
El profeta apocalíptico felicita a los redimidos y los presenta sentados en un banquete de bodas: el destino de la historia es el desposorio de lo divino con lo humano, la glorificación de la humanidad y de la creación por estar asumidas en la vida de Cristo glorioso. De ahí la invitación que hace el evangelio a “alzar las cabezas”, pues se acerca definitivamente nuestro rescate.
 
Pero a esa experiencia de redención sólo se llega tras una “purificación”: cuando hayamos dejado atrás la “Babilonia interior” que desea poseernos. Es la ruptura con el mundo viejo, que no se realiza sin dolor: “las potencias del cielo temblarán” (Lc 21,26). La imagen de cataclismos cósmicos habla simbólicamente del cataclismo interior, personal, que debe acontecer en cada creyente, sacudiendo la ganga que le afea y sacando a la luz el metal noble que le constituye. Sólo entonces “Dios lo será todo en todos” (1Cor 15,28), y su presencia no matará, sino que deleitará.
 
Dentro de tres días entramos en el adviento, tiempo en que menudearán las llamadas a la purificación y a un nuevo nacimiento. Abramos desde ahora el oído y el corazón, para que el Cordero nos transforme y haga dignos de participar gozosamente en sus nupcias.
 
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
Comentarios

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vicente condori
vicente condori

el 25/11/10
En los últimos tiempos Dios nos rescatará, nos liberará de nuestro viejo mundo, la antigua babilonia y jerusalen. Es un mensaje muy esperanzador de Cristo que viene a salvarnos. Debemos abrir nuestro corazon con humildad y arrepentimiento para que ingrese Cristo y haga su trabajo para que se tambalee y caiga toda la podredumbre de nuestra alma y nazca el hombre nuevo que quiere Dios.
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Macadenen
Macadenen

el 26/11/10
demos gracias porque todos lo bautizados seremos salvados , de igual manera todos los que se arrepienten de sus pecados. Ademas ahora como parte de nuestro banquete personal demos todo de nosotros por luchar contra esas fuerzas oscuras, la maldad, ella siempre existira siempre y cuando uno se quede en su babilonia.
ya es momento de sacarnos toda la suciedad y toda mascara para mostrarnos al ser señor tal y como somos, hijos puros de su propia madre.
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