Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

Sin miedo al futuro 

 

      El tema del fin del mundo ha estado siempre de alguna manera presente en la mente de la humanidad. Bastan con poner en cualquier buscador de internet “fin del mundo” y saldrán miles de referencias. Google, el más usado, encuentra 14.900.000 resultados. Casi todos hablan de que se acerca un tiempo de guerras de todo tipo y/o desastres naturales, incluidos algunos a nivel cósmico. Todos esos fenómenos provocarán la destrucción de este mundo. 

      Todas esas predicciones se refieren básicamente a la destrucción del mundo occidental. En realidad para destruir este mundo nuestro no es necesario tampoco un especial cataclismo. Las infraestructuras de nuestras ciudades son ahora mismo tan frágiles –por la sencilla razón de que son enormemente complejas– que un fallo simple puede afectarlas de tal modo que provoque la destrucción del conjunto. 

      Imaginemos por un momento un fallo en la cadena energética. Por unas semanas, por las razones que sean, se interrumpe la llegada del combustible que alimenta nuestros vehículos, las centrales de producción eléctrica, los sistemas de seguridad, etc. Las ciudades se quedarían sin electricidad –a oscuras–, los supermercados se vaciarían –sin alimentos–, los transportes públicos y privados se paralizarían –no se podría ir a trabajar–. ¿Haría falta mucho tiempo para que las personas se organizasen casi tribalmente en bandas territoriales a la búsqueda de recursos vitales para la supervivencia? Eso sería un verdadero fin de “nuestro” mundo, aunque no sería necesariamente el fin del mundo ni del universo.

 

El fin de “mi” mundo

      Es decir, lo que nos aterra de verdad es el fin de “nuestro” mundo. Y si me apuran el fin de “mi” mundo, de mi red de relaciones, mi familia, mis amistades, mi trabajo... Todo lo que me hace sentirme seguro y protegido. No me hace falta que llegue el fin del mundo a escala cósmica. Eso puede estar bien para una película. La realidad es que me basta imaginar el fin de “mi” mundo para sentirme desvalido y aterrorizado. Esa idea ha estado siempre de alguna manera presente en nuestra mente, como una amenaza inconsciente pero real, que tiene mucho que ver con el saber que nos vamos a morir y que, en ese momento, desaparecido nuestro mundo, nos vamos a enfrentar a lo desconocido. 

      Las lecturas de este día no nos amenazan con el fin del mundo. Son más bien una llamada fuerte a vivir el presente. La perseverancia de que habla Jesús al final del texto evangélico de hoy no es una virtud del futuro sino del presente. Hoy tenemos que vivir el Evangelio y construir el Reino. Hoy tenemos que tender la mano al hermano para construir la casa común. Hoy debemos ser perseverantes en el amor. Hoy hemos de cuidar con esmero este mundo que es nuestra casa y administrar sus recursos de forma que lleguen para todos, hoy y en el futuro. 

      El problema es que algunos se quedan tan embobados ante el anuncio, casi siempre imaginario, de lo que puede suceder en el futuro, que se olvidan de vivir el presente. Pasa a todos los niveles, incluso en las relaciones personales. ¿No han conocido a esas personas que temerosas de lo que pueda suceder mañana –una despedida, una enfermedad– no son ya capaces de disfrutar de la alegría del momento presente? 

 

El regalo del presente

      San Pablo lo expresa en la segunda lectura con claridad. Algunos de los cristianos de Tesalónica estaban tan pendientes del fin del mundo, de la llegada definitiva de Cristo, que se suponía inminente, que nada de lo del presente les importaba. Así que habían dejado de trabajar. ¿Para qué trabajar si mañana o pasado mañana...? ¿Para qué comenzar a construir una casa si quizá no haya tiempo para terminarla? Pablo les dice que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan. 

      La vida no para. Es siempre regalo de Dios. Y no se debe despreciar el don del presente en nombre del futuro. Hoy toca vivir lo que hay y mañana ya afrontaremos lo que venga. Hoy toca comprometernos en la construcción del Reino. Hoy toca acoger a los hermanos y hermanas y hacer que nadie se sienta excluido. ¿Cómo podemos decir que ansiamos participar del Reino si hoy no abrimos las manos y los brazos a nuestros hermanos, si no les servimos a la mesa común?

      Vendrán espantos o vendrá paz. Vendrán cataclismos o vendrá bonanza. Vendrán persecuciones o bienestar. Lo que sea lo vamos a vivir en el nombre de Jesús, como discípulos suyos, disfrutando del don de la vida que se nos regala en cada momento, testigos de la buena nueva con nuestras palabras y con nuestras obras. Sin miedo al futuro porque allí nos espera Dios, el que nos ha prometido en Jesús la Vida en plenitud. 

Comentarios

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Blanca
Blanca

el 10/11/10
Me gusta tu comentario porque enlaza con lo que yo pienso.
Ya estamos en la Eternidad, somos caminantes y tenemos una seguridad fuera de todo cataclismo, que es la promesa de Jesús y su muerte como garantía.
La Parusía no me inquieta, el aquí y ahora es lo que cuenta.
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Christian
Christian

el 11/11/10
Creo que es una reflexion muy interesante. Ciertamente estamos tan ocupados y "embobados" mirando hacia el futuro que olvidamos el presente. No es acaso el futuro una realidad forjada en el presente? Vivamos el presente en tension de futuro. Esto es vivamos una fe y esperanza escatologicas. GRACIAS por las luces compartidas con nosotros a traves de esta reflexion.
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jomaca
jomaca

el 12/11/10
Felicidades por tu comentario. Lo encuentro perfecto sobre todo por lo que se refiere a la aplicación a mi fin del mundo personal. Gracias!
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Yo, Félix
Yo, Félix

el 13/11/10
Buen punto. Que lindo sería, que esto (mensaje) y solo esto al menos, se dijeran CLARO Y FUERTE en las homilías de todas las iglesias del mundo. Y dejar tanta palabra barata y hueca de algunos (muchos parece) de nuestros predicadores.
Que venga tu REINO reino Señor porque lo estamos construyendo.
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rosita27
rosita27

el 13/11/10
La palabra de Dios nos libera , y nos ayuda a estar atentos, levantando la cabeza con la confianza de que la vida continua, hay que mantenernos firmes dando testimonio, apoyandonos en la fe como dicipulos de Cristo, dejando los temores y vivir el presente amando y compartiendo el Evangelio. Gracias Dios los bendiga.
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viartola
viartola

el 13/11/10
Escuchar o leer estos pasajes del Evangelio siempre es dificil, complicado de entender o de encontrar qué pueden querernos decir. El comentario de hoy aporta mucha luz y sobre todo sencillez; esto es algo que yo valoro mucho, ver y escuchar la Palabra de Dios como algo asequible, asumible y con la posibilidad de llevarlo a la vida diaria, a lo concreto. Gracias por la luz que estas homilias nos regalan cada día.
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Jose el Galileo
Jose el Galileo

el 13/11/10
En esta pagina de internet siempre se han desarrollado verdaderas homilias, con todo respeto esto no es el tema del evangelio, el tema es el templo. No estoy descriminando, pero al verdad quien escribió ésto parece tener miedo a decir la cuestión de fondo: Los templos no son necesarios para seguir a Jesús. Son necesarios quizás para tener un lugar donde congregarse, escuchar la palabra y emprender el reino de Dios, pero de ahí a seguir a Jesús, por Dios.
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mercedes
mercedes

el 14/11/10
si ,vivire cada momento de mi vida con esperanza aferrada,al dios de la vida confiando y poniendo en sus manos todos mis proyectos creciendo como ser humano,sin miedos ni temores llevando una vida cristiana bien cimentada ,esperando siempre en mi señor
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jeniffer
jeniffer

el 16/11/10
me gusta su comentario porque me da mucho a entender y porque me habla mucho del fin del mundo
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daniela
daniela

el 19/11/10
me gusto mucho en espesial el regalo del presente
porque la vida es un regalo qu DIOS nos ha dado
y me gusta mecho porque yo pienso lo mismo que tu y felsidades por este comentario
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