Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Hace unos años tuve una reunión con una persona, ya entonces jubilada, que había trabajado toda su vida como agente comercial. Me sorprendió que una de las ideas que nos repitió más veces fue que para vender lo más importante era escuchar al cliente. Me hizo pensar. Y me fui dando cuenta de que los problemas de comunicación son mucho más abundantes de lo que pensaba, que nos resulta relativamente difícil escuchar a los otros pero que nos encanta sentirnos escuchados. 

      El Evangelio de hoy nos propone un caso de mala comunicación. El juez no escucha, no quiere escuchar, a la viuda que acude a él solicitando justicia. Sus oídos están cerrados. Quizá porque están cubiertos por el ruido que hace el adversario. Quién sabe si es un ruido que tiene la forma de monedas. Todo es posible. El hecho es que la comunicación es cero. Y el resultado es que lo obvio: hacer justicia, no se realiza. Sólo la insistencia de la viuda logra atravesar la interferencia, el ruido, la cerrazón del juez y hacer que el mensaje llegué a su destinatario. Sólo  su perseverancia es causa de que al fin el juez haga justicia. Aunque sea para liberarse de ella. 

      Jesús pone esta comparación para explicarnos que Dios, su Padre, no tiene esos problemas de comunicación. Dios es el que escucha el clamor de los pobres –¿qué otros pueden ser “sus elegidos” de que habla el Evangelio?–. Les escucha no como quien oye llover sino con un corazón compasivo y atento. Son sus hijos los que claman por sus derechos. El mensaje de los pobres llega hasta el corazón de Dios y no hay que dudar que tomará cartas en el asunto.

      El Evangelio termina con una pregunta un tanto enigmática de Jesús: “Cuándo venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en esta tierra?” En realidad, Jesús sigue hablando de la comunicación. Dios se ha hecho hombre, se ha encarnado, ha establecido un canal de comunicación con la humanidad. ¿Será que nadie está dispuesto a escuchar? ¿Será que todos vamos a pasar de largo y vamos a dejar que las palabras del Evangelio se pierdan en el vacío. Es que al final, la fe es también una cuestión de comunicación, de escuchar al Dios que nos habla, de dejar que sus palabras lleguen hasta el fondo de nuestro corazón y de dar una respuesta. Al amor sólo se puede responder con amor. La fe es cuestión de escuchar y la respuesta es cuestión de justicia y de amor.

Comentarios
juliancalvo juliancalvo
el 13/11/10
“Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”.

Estremece pensar que el mismo Dios pueda dudar de cómo vamos a usar la libertad que nos dio, pero alegra saber que espera firme que le pidamos confiados.
Además, lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios.
Un cordial saludo
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.