Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

      “Carpe diem” era ya una máxima de la sabiduría latina. Significa algo así como “aprovecha el día, aprovecha el momento presente”. Como todas las sentencias de ese tipo, es ambigua en su significado. Hay que lo puede interpretar en el sentido de que hay que divertirse lo más posible. Otros lo leerán en el sentido de que hay que ser responsables y no dejar pasar el tiempo en vano. En suma, cada uno lo entenderá desde lo que entiende que lo valioso en la vida, lo que vale la pena hacer, aquello por lo que vale la pena vivir. 

      En el Evangelio de hoy resuena ese “carpe diem”. Hay que aprovechar el tiempo, hay que vivir porque no sabemos ni el día ni la hora en que nuestra historia se terminará. Se podrá pensar que Jesús se refiere a una especie de cataclismo final que suponga el fin de este mundo. Es posible que así lo imaginase Jesús que, al fin y al cabo, era hijo de su tiempo. Pero lo que no nos cabe duda es que lo podemos aplicar a nuestra muerte, a nuestro final.

      Ninguno sabemos con exactitud cuando nos va a llegar, cuando el movimiento rectilíneo, pasado-presente-futuro, en que nos movemos va a cortarse, a interrumpirse. Es más, si nos fijamos, nos daremos cuenta de que lo único que tenemos es el presente. El futuro todavía no es. Y el pasado lo llevamos con nosotros como una acumulación de hechos y experiencias que nos han ido conformando en lo que somos. Pero nuestra libertad, nuestra capacidad de disfrutar, de gozar, de tomar decisiones, de amar, de comprometernos, eso no se da más que en el presente. 

      No podemos dejar de vivir el presente que tenemos. Es nuestra oportunidad para ser felices, para amar, para construir el Reino. “El que pretenda guardarse su vida la perderá,” dice Jesús.  Y es verdad. Jesús nos hace comprender que la única forma valiosa de vivir, el único “carpe diem” que nos hace verdaderamente felices, es compartir lo que tenemos y lo que somos, integrarnos en la familia humana, que es la familia de Dios, sentirnos hijos y hermanos. Eso es lo único que vale la pena. Lo demás es perder el tiempo miserablemente. 

Comentarios

Deja tu mensaje:

escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.